Ejemplo a seguir
Los delitos más comunes ligados a la corrupción han sido los fraudes a la seguridad social y a la hacienda pública.
La semana pasada, el ministro del Interior en funciones de España, el señor Jorge Fernández Díaz, presentó los resultados de la lucha contra la corrupción y el crimen organizado durante la pasada legislatura (2012-2015), mismo que podríamos calificar de impresionante por los datos aportados.
En el periodo mencionado fueron detenidas siete mil 140 personas por delitos relacionados con la corrupción. Tan sólo el año pasado fueron arrestados dos mil 442, cifra récord en la historia de ese país, ya que, por poner un ejemplo, en 2010 únicamente se detuvo a 389 corruptos. Asimismo, el ministro indicó que se investigaron seis mil 488 empresas, de las cuales se detectaron 847 ficticias, dos mil 57 obtendrán una sanción y se constató un fraude de cerca de 80 millones de euros.
Los delitos más comunes ligados a la corrupción han sido los fraudes a la seguridad social y a la hacienda pública, así como el cohecho, la prevaricación, la malversación y el lavado de dinero. No dio datos concretos de cuántos de los detenidos eran servidores públicos y cuántos empresarios o simples ciudadanos, sobre todo en el caso de la seguridad social.
Aunque no se dieron nombres, argumentando el secreto sumario y que parte de las investigaciones siguen vigentes, hemos leído que hasta exministros, dirigentes de la banca y personajes de la farándula y del deporte han sido consignados por corrupción. El sistema legal español tiene consideradas cerca de 40 tipologías delictivas que están relacionadas con la corrupción.
Acaba de aparecer un libro titulado La corrupción en España. Ambitos, causas y remedios jurídicos, elaborado por abogados y jueces, que llega a la conclusión de que este fenómeno es algo sistémico en el país, tomando en cuenta, según indica uno de los autores, juez decano de Zaragoza, el señor Ángel Dolado, que actualmente existen más de mil casos abiertos por supuesta corrupción.
Para los autores, uno de los mayores problemas a los que se enfrenta actualmente la justicia española para perseguir la corrupción radica en la posibilidad del indulto y el fuero. Respecto de las personas que tienen fuero en pleno siglo XXI, señalan lo siguiente, “es inconcebible que todavía existan estas figuras que evidencian privilegios de élites extractivas que conllevan la impunidad en muchos casos”.
Según los autores, una de las principales áreas de incidencia es la obra pública que, desde hace varios decenios, es un dolor de cabeza debido a las comisiones que tienen que dar los contratistas a los funcionarios.
En el libro se hacen varias propuestas. Una de ellas fundamental: incrementar el plazo para la prescripción de los delitos de corrupción debido a que los tiempos son demasiado cortos y los resultados del Tribunal de Cuentas, que podría ser el equivalente a nuestra Auditoría Superior de la Federación, da resultados con uno o más años de atraso.
Por último, el juez de Zaragoza indica que “no todo está en las leyes, la ética ciudadana se hace en la escuela y en la casa”.
Como podemos ver y leer, a pesar de la corrupción imperante en todo el ámbito español, dicho país sigue estando mejor que el de nosotros en materia de percepción de la corrupción, gracias a que su sistema judicial es bastante independiente y se procesa con seriedad todo acto corrupto, incluso sin necesidad de tener un ministerio dedicado a ello, como ocurre en nuestro país.
Mientras aquí sigamos perdiendo el tiempo en la construcción del famoso Sistema Nacional Anticorrupción, el fenómeno continuará progresando y lo único que provoca es el enojo de la población al enterarse de actos corruptos, que van desde el despilfarro de viáticos hasta el enriquecimiento ilícito, sin que las autoridades hagan nada.
En la actualidad hay muchos esfuerzos ciudadanos para combatir este flagelo, pero la respuesta del gobierno, y no digamos de los honorables diputados y senadores, ha sido cuando mucho tibia, creyendo que, como en otros asuntos, pasará el tiempo y se olvidará. Es un enorme error pensar así; nada más veamos qué le está sucediendo a Dilma Rousseff en Brasil y a Mariano Rajoy en España.
