¿Y la estabilidad social?

Nos enfrentamos a una de las peores crisis, porque arrastramos varios años de crecimiento económico bajo.

No podemos decir que la crisis económica que estamos viviendo actualmente sea la primera o la más grave. En términos reales, llevamos cerca de 50 años con situaciones más o menos parecidas a la presente y, tal como algunos panegíricos del régimen han dicho, de todas hemos salido. Efectivamente, hemos salido adelante, pero en todas ha sido a costa de los más vulnerables, lo que ha provocado la terrible desigualdad que tenemos en nuestro país.

Hoy nos enfrentamos, a mi juicio, a una de las peores crisis, porque arrastramos años de crecimiento económico bajo, ya dos años con presupuestos recortados y ahora se agrega el anuncio de que habrá uno más, preventivo, para 2017. Sin embargo, no sabemos, a ciencia cierta, qué ocurrirá en los próximos meses con la montaña rusa en la que estamos metidos, y las únicas respuestas que tenemos son, más de lo mismo, completamente cíclicas desde el punto de vista económico; es decir, menos gasto público, menos consumo, más recesión, más desempleo y más desigualdad y pobreza.

Algunos de los datos son preocupantes y, otros más, aterradores, como el saber que se han evaporado cerca de 30 mil millones de dólares de las reservas para supuestamente apuntalar a nuestra moneda y que, pese a esta salida de dinero, la devaluación del peso ya llega al 35%. Podría ser que antes de fin del mes la paridad sea de 20 pesos por un dólar.

A pesar de algunos comentarios que manifiestan lo sorprendente del hecho de que, hasta ahora, esta devaluación no haya afectado al Índice de Precios, no hay que sacar conclusiones tan apresuradas. No hay duda de que esta devaluación va provocar un incremento de precios en renglones básicos, tanto de la alimentación como de otros aspectos. El primero de ellos ya se nota en la elevación del precio de la tortilla, el alimento básico de miles de familias; se habla de que en algunos lugares del país ya se vende a 18 pesos por kilo. El próximo aumento seguramente se dará en el transporte, ya que si bien no se ha incrementado el precio de la gasolina, no es el único insumo y gasto que hacen las familias más pobres en todo el país.

Pero, a mi juicio, el principal problema de esta crisis es el referente a la facilidad con que se dice que para hacer frente a la situación es necesario hacer un recorte de personal, hablando así de miles de personas, fundamentalmente en Pemex y el resto  en el gobierno federal. Las cifras son espeluznantes, pues anunciar que saldrán a la calle 35 mil personas que contaban con un ingreso será un desastre social por lo que llevará aparejado. ¿Dónde van a conseguir un empleo con el crecimiento tan raquítico y con perspectivas cada vez más a la baja? Estamos hablando de miles de personas que no tendrán muchas oportunidades de ingreso y manutención. El gobierno no puede ni debe cruzarse de brazos ante esta emergencia social. Al contrario, debe dar una respuesta que no sólo satisfaga a los mercados sino, en primer lugar, a sus gobernados.

¿Por qué seguir las reglas que nos han llevado a donde estamos, después de cuando menos 30 años de seguir al pie de la letra los dictados neoliberales? Deberían dar paso a otra política económica que se base en rescatar el empleo y la inversión pública con los recursos que tenemos y de esta forma darle la vuelta al ciclo tortuoso en que estamos metidos y que se aplica sin tener los resultados esperados, más allá de generar el enojo social.

Creer que la desigualdad puede seguir creciendo sin mayor problema es un profundo error porque, además, como lo dice el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, “las sociedades sumamente desiguales no funcionan de forma eficiente, y sus economías no son estables ni sostenibles en el largo plazo”.

Es por eso que el gobierno debe reevaluar sus políticas para salir de la crisis, para que pasen no por un mayor recorte de personal, sino por una mayor inversión que genere empleo y seguridad a las personas. Si no, existe el riesgo de fractura de la estabilidad social.

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