Lecciones claras
El electorado le ha cobrado al partido del señor Rajoy varias cosas, entre ellas la corrupción de su partido.
Una de las cosas que nos ha dejado este año es la profunda desafección de los ciudadanos con los gobiernos y los partidos políticos no sólo en México, sino también en varias partes del mundo. Cuando hay elecciones muy pocos de los que se dedican a la realización de encuestas aciertan, porque el hartazgo y la situación económica poco favorable hacen que las personas reaccionen de manera diferente.
Las elecciones celebradas, tanto en Francia como en España así lo demostraron. Países vecinos que están gobernados, en el caso español, por un partido de derecha, y en el caso francés, por uno socialista. El electorado de ambos países decidió no ratificar a sus gobernantes y, en el caso español, todavía no se sabe qué puede pasar y cómo pueden gobernar. Por cierto, este año donde ha habido elecciones en Europa los partidos en el gobierno las han perdido.
En Francia, en la primera vuelta el partido Frente Nacional, de extrema derecha de la señora Le Pen, obtuvo una votación extraordinaria como nunca y la única forma de pararla fue que los socialistas cedieran y pidieran a sus electores que en la segunda vuelta, una semana después, votaran por el partido de señor Sarkozy, expresidente, quien está de vuelta y, seguramente, gracias a los resultados se presentará de nuevo para la Presidencia, a pesar de todas las denuncias de corrupción de su gobierno, varias de ellas comprobadas.
El resultado fue una derrota de la extrema derecha, pues no pudo gobernar ninguna región. Dicho partido ha explotado en el pueblo francés los sentimientos de inseguridad y en contra de los musulmanes y los árabes, en general, y ha solicitado que ya no se permita entrar a más de ellos e incluso se les expulse. El partido socialista del presidente Hollande es el gran perdedor. Muchos lo critican porque dejó de lado varias de las propuestas presentadas a la gente y se corrió hacia el centro, creyendo que esto le iba a redituar; sin embargo, fracasó de manera estrepitosa. Francia es un país donde casi todas las semanas algún funcionario o político es acusado de corrupción y la gente ya no cree en los partidos tradicionales. El director de la afamada revista Le Nouvel Observateur escribió, en el número de esta semana, que “para evitar lo peor es necesario reinventar la izquierda, reinventar la política, reinventar la república”, y yo agregaría, acabar con la corrupción de todos los partidos.
En España ha sucedido algo parecido, pero de signo contrario. El electorado le ha cobrado al partido del señor Rajoy varias cosas, entre ellas el poco crecimiento económico y, sobre todo, la corrupción de su partido. A pesar de que logró ser la principal fuerza política votada, no fue suficiente para que pueda ser elegido de nuevo Presidente de gobierno, por lo que tendrá que negociar y aquí viene el problema, pues hasta ahora el Partido Socialista Obrero Español, que ha sido segundo en las elecciones, ha dicho a través de su candidato y secretario general, el señor Pedro Sánchez, que no lo va a apoyar, sin embargo, tampoco tiene los votos suficientes para ser quien gobierne.
Parte de la solución puede estar en manos de dos fuerzas políticas nuevas creadas hace no más de año y medio, y que tienen como ventaja que nunca habían participado en política nacional. Lo curioso es que una de ellas es de izquierda, denominada Podemos, y la otra de derecha, denominada Ciudadanos. Sin duda, tendrán que pactar los dos partidos tradicionales o habrá nuevas elecciones.
La elección española también indica que mucha gente está harta de leer y oír en los medios de comunicación los hechos corruptos de los miembros de ambos partidos y ha optado por gente nueva que supuestamente no está contaminada.
La enseñanza es clara en ambos casos. Gracias a la transparencia y al periodismo de investigación ya no es posible ocultar los hechos corruptos, y los ciudadanos ya no aceptan tan fácilmente que los gobiernen personas no sólo no calificadas, sino tampoco que hayan sido exhibidas por su deshonestidad. Las lecciones de España y Francia son un mensaje para países como el nuestro.
