El vaso va llenándose

El evento de la Fórmula 1 también fue una demostración de la terrible desigualdad que existe en México.

Según hemos visto y oído, las autoridades ya están cansadas de tantas quejas y de que la población no reconozca las buenas obras o intenciones. Eventos como el premio Fórmula 1, con una gran difusión, permiten al gobierno manifestar que los mexicanos podemos ubicarnos a la altura de cualquier país y más. Sin duda, todo el desarrollo del evento fue magnífico y, por lo que dicen, su celebración por los próximos cuatro años dejará millones de pesos.

De acuerdo con la información, los boletos más baratos que había eran de mil 500 pesos, equivalentes a 20 días de salario mínimo, y de ahí hasta cifras estratosféricas, mismas que muchos pudieron pagar, porque las imágenes mostraban lleno total. Para los habitantes del sur de la ciudad, la mañana del domingo fue un espectáculo aéreo, ya que varios helicópteros surcaron el cielo, uno tras otro, llevando y regresando a los aficionados que pudieron pagar dicho medio de transporte —sólo una hora de uso de helicóptero cuesta en promedio 15 mil pesos—, y adquirir algún recuerdo, como las camisetas y gorras de las firmas participantes, éstas últimas costando 500 pesos. Es decir, también fue una demostración de la terrible desigualdad que existe en México.

Además de este exitoso evento, muchos de los habitantes de nuestro país, efectivamente, están hartos de tanta ineficiencia pública y privada en el otorgamiento de servicios y en las promesas que se hacen. En el Distrito Federal existen varios ejemplos que lo confirman. Uno de ellos se refiere al aumento que hubo en el costo del boleto del Metro, con el compromiso de que, además de la adquisición y mejoras de trenes y estaciones, se iba también a eliminar el ambulantaje dentro de las estaciones y los trenes, esto es, los llamados “vagoneros”. Ha pasado más de un año y los vagoneros siguen tan campantes, a pesar de estar presente la policía. Es decir, el organismo encargado del servicio mintió y no ha podido cumplir su promesa, lo cual resulta increíble, ya que se trata de un área confinada. Es ineficiencia o corrupción, o ambas. Si las autoridades creen que la gente olvida, están equivocadas; lo único que sucede es que se sigue llenando el vaso del hartazgo.

Otro ejemplo es el de la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que a los pocos meses de inaugurada resultó insuficiente, lo que ocasiona retrasos permanentes de vuelos, tanto de salida como de llegada, con frecuencia manteniendo a los pasajeros dentro del avión, esperando minutos y minutos, así como las salas de espera abarrotadas. Y lo peor, todo parece indicar que la solución será el nuevo aeropuerto para dentro de varios quinquenios. ¿No existe la posibilidad de que hagan algo antes para mejorarlo y que la gente no se desespere, con razón, ante tanta ineficiencia? La verdad es que parece el aeropuerto de un país ni siquiera del tercer mundo. No se entiende cómo pretenden traer más turistas, si la primera impresión que reciben es ésa.

El desarrollo inmobiliario en nuestra Ciudad de México es impactante y las notas sobre la violación de las normas de construcción están a la orden del día en los medios, y no pasa nada o, si pasa, nos enteramos después de que ya es imposible hacer algo. La mala imagen de las delegaciones, donde todo trámite cuesta, no parece preocupar mucho, más aun cuando los delegados que fueron denunciados han sido convertidos en diputados, para protegerlos. No se dan cuenta que el vaso del hartazgo continúa llenándose.

En el sector privado tampoco cantan mal las rancheras y los servicios de telefonía móvil se llevan la palma. Ofertas y ofertas de teléfonos nuevos y planes, pero nada de mejora en el servicio. ¿Cuántas veces se interrumpe la comunicación?, ¿cuántas veces nos mandan al buzón?, ¿cuántas veces no está disponible la red?, etc, etc. Eso sí, hay que hacer contratos por 18 meses y sacar una fianza con su propia compañía. ¿Hasta cuándo las autoridades les exigirán que tengan un servicio acorde con lo que cobran? Estos son sólo algunos ejemplos del porqué los ciudadanos están hartos y el vaso se sigue llenando.

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