Empresas deshonestas
Un superfraude de Volkswagen que le costará no sólo mucho dinero, sino prestigio y contaminará al resto de la industria alemana.
No pasa semana sin que en alguna parte del mundo aparezcan noticias sobre violaciones a la ley por parte de las empresas privadas, sean grandes o pequeñas, en cuya propaganda muchas de ellas usan el lema “socialmente responsables”, siendo en realidad exactamente lo contrario.
Esta semana le ha tocado el turno a la alemana Volkswagen, con un superfraude que le costará no sólo mucho dinero, sino prestigio y, seguramente, contaminará al resto de la tan orgullosa industria alemana.
Poco a poco están saliendo a relucir los datos sobre el fraude, mismo que consistió en maquinar a través de un dispositivo varios de sus modelos, para pasar sin problemas el examen federal de emisiones que practica el gobierno estadunidense para ver si cumplen con la cantidad permitida de óxido de nitrógeno (NOx), que combinado con el oxígeno presente en la atmósfera produce dióxido de nitrógeno, uno de los mayores contaminantes del aire, incrementando las consecuencias para las personas que tienen dificultades para respirar y las asmáticas.
Resulta que los ingenieros de Volkswagen idearon un artefacto que permite que el resultado esté dentro de la norma, cuando en realidad los automóviles estaban emitiendo diez veces más de la cantidad de NOx permitida.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos inició las investigaciones, que se remontan a mayo de 2014, y fueron reportadas por el Consejo Internacional de Transporte Limpio y la West Virginia University. En diciembre pasado, la empresa trató de resolver el problema proponiendo que haría una modificación en los automóviles, ofreciendo llamar a los clientes de aproximadamente 500 mil vehículos para realizarles el cambio.
En principio, la propuesta se aceptó, pero en mayo de este año el gobierno estatal de California, después de haber examinado las modificaciones realizadas por la empresa, determinó que los vehículos continuaban mostrando niveles superiores del gas NOx y, por lo tanto, continuaban incumpliendo la norma.
Y la crisis se agudizó esta semana al hacerse público todo el embrollo, pues resulta que no son 500 mil vehículos los afectados, sino 11 millones repartidos en casi todo el mundo. Con esta noticia, día a día las acciones de la empresa en la bolsa van a la baja y ya han perdido, en sólo dos días, más de 25 mil millones de euros, lo que representa 35% de su cotización.
Además, varios países, entre ellos Italia, Francia y Corea del Sur, quieren participar en la investigación, pues suponen que también se mintió a las autoridades de esos países en las pruebas de emisiones, lo cual seguramente pasó en todo el mundo, incluyendo México.
En un inicio, la empresa indicó que había apartado casi ocho mil millones de dólares para cubrir los daños causados y según las palabras, al inicio de esta semana, del hoy ya renunciado presidente del Consejo de Administración, Martin Winterkorn, “estaban haciendo todos los esfuerzos para ganar de nuevo la confianza de los clientes”. Por lo pronto, la confianza ya se la perdieron a él, ya que en opinión de muchos sí sabía del engaño, porque era muy meticuloso y estaba al tanto de todo lo que sucedía.
Todavía no se saben las consecuencias para la empresa; tan sólo hay que considerar que el Departamento de Justicia de Estados Unidos le puede poner una multa que podría llegar a los 18 mil millones de dólares, sin contar con lo que otros países puedan determinar y adicionalmente las demandas civiles que surgirán. Asimismo, algunos de los altos funcionarios de la empresa se enfrentarán a denuncias que podrían llevarlos hasta la cárcel.
Una vez más vemos que grandes empresas, que supuestamente se rigen por principios de buen gobierno y honorabilidad, hacen cualquier cosa por ganar el mercado y así más dinero, sin importar las consecuencias para los habitantes del planeta, como en este caso en el que poco importó a Volkswagen la contaminación del aire.
Como acertadamente expresó el presidente de la empresa en Estados Unidos, el señor Michael Horn, “nuestra compañía fue deshonesta y metimos la pata totalmente”.
