Estudiantes 
en bancarrota

La educación no es un bien comercial queesté sujeto a las leyes del mercado, es un bien público que el Estado tiene que garantizar.

Estados Unidos tiene una verdadera bomba de tiempo económica en la deuda que millones de estudiantes contrajeron en los préstamos que han recibido para su educación superior. Los últimos datos señalan que la deuda acumulada por cerca de 43 millones de estudiantes (los presentes y quienes lo fueron) llega a la fabulosa cifra de 1.2 trillones de dólares.

A pesar de que ésta sólo representa menos del 10% de la deuda federal total, misma que alcanza la cifra de 16.7 trillones de dólares, es considerada como una de las más riesgosas.

Dos terceras partes de los estudiantes que se gradúan tienen algún porcentaje de deuda. Se calcula que el promedio es de 26 mil 600 dólares por estudiante, pero hay grandes discrepancias: el 1% adeuda 100 mil dólares o más y uno de cada diez debe 40 mil dólares. La deuda estudiantil está garantizada en más de un 90% por el Departamento de Educación estadunidense, o sea, por los contribuyentes.

Recientemente, varios expertos han escrito y participado en discusiones acerca de este problema, ya que el futuro que se vislumbra es nada optimista, sobre todo tomando en cuenta que la deuda individual ha crecido 30% en cinco años.

Una de las primeras consideraciones que se hacen es por parte del Consejo de Universidades de ese país, el cual argumenta que en el periodo 1978-2008 el costo de la vida se ha triplicado, mientras que las cuotas y otros cargos por la educación han crecido 10 veces, lo cual no se considera racional.

Ahora que es tiempo de campañas electorales en EU ha surgido el tema y mientras la señora Clinton, del Partido Demócrata, ha propuesto reducir hasta un máximo del 10% del salario que perciban por el pago de su deuda, el senador Rubio, aspirante por el Partido Republicano, hace una propuesta que los especialistas califican de audaz, la cual dice que deberán ser inversionistas privados quienes financien la educación de los alumnos, con la condición de que cuando empiecen a trabajar ellos se lleven una parte de sus ingresos; es decir, los seres humanos son vistos como si fueran máquinas de una cadena de producción que tiene que asegurar el préstamo y los intereses y estar controlados por las empresas hasta que paguen totalmente su deuda.

Ante esta última propuesta se han alzado muchísimas voces diciendo lo que muchos y en muchas partes del mundo argumentamos: que la educación no es un bien comercial que esté sujeto a las leyes del mercado, es un bien público que el Estado tiene que garantizar.

Lo que ocurre es que se está dejando de lado el tema de la responsabilidad del Estado en el financiamiento de la educación superior, pasándoselo a fondos buitre o empresarios cuyo único objetivo, más allá de la propaganda, es que sea un negocio y rinda utilidades.

Otra de las propuestas que también se hacen es tomar en cuenta que en el siglo XIX la ciudad de Nueva York dio educación superior gratuita, al igual que en el siglo pasado se otorgó a todos aquellos que participaron en la Segunda Guerra Mundial y no la tenían. Incluso se ha propuesto un impuesto especial, ya sea al comercio o a las transacciones en la bolsa, que pueda garantizar el acceso gratuito a la educación superior pública, como una solución que deshaga esta bola de nieve en que se ha convertido la deuda.

El presidente del Colegio de Miami Dade en Florida se refirió a estos temas en una carta a un periódico, manifestando que “nuestro sistema de gobierno no garantiza la prosperidad y deberían estar muy preocupados cuando la oportunidad de aprender y prosperar se considera como un premio” y no como un derecho ciudadano.

La realidad a la que se enfrenta hoy la deuda estudiantil de Estados Unidos es que día a día se volverá más impagable y más estudiantes caerán en mora o de plano en bancarrota y no por su culpa, ya que tienen deseos de trabajar y ganar dinero para vivir; la culpa es del sistema económico que, aunque tienen educación superior, no les garantiza el acceso al mercado de trabajo, pues, a pesar del repunte en la economía, es insuficiente.

Temas: