Más trabajo, menos salario

La teoría neoliberal de moderación salarial ha sido una falacia y, si no, que les pregunten a los europeos.

El tema del salario mínimo es uno que sufre altibajos en los medios de comunicación y en las preocupaciones de las autoridades y, al final, ocurre lo que ha sido la tradición en nuestro país, no se hace nada. Cobra importancia cuando se reúne la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos y, después de que se otorga el aumento, se deja de lado. Recientemente, con la propuesta de desligar el salario mínimo de la fijación de multas y otros temas, volvió a surgir en la discusión con la propuesta del jefe de Gobierno del Distrito Federal. Y el resultado hasta ahora es que el salario mínimo pierde valor día a día.

La OCDE, el club de los países ricos en el que, hasta ahora, el nuestro es el “patito feo”, a pesar de los esfuerzos que hace su secretario general, nuestro compatriota Ángel Gurría, acaba de publicar un informe sobre el empleo que incluye los datos sobre la jornada media anual por trabajador en los países miembros, y el nuestro es, orgullosamente, el país en el cual los trabajadores tienen la jornada más larga con 2 mil 228 horas anuales, mientras que en Alemania la jornada media es de mil 371 horas, es decir, que si los datos de la OCDE son ciertos, los trabajadores mexicanos trabajan cerca de 850 horas más que los alemanes. Por cierto, entre los países europeos miembros de la organización, Grecia es el que mayor jornada tiene con 2 mil 042 horas anuales. Así que aquellos intelectuales y columnistas que hablan de los vagos griegos, mejor que se callen.

Por lo que se refiere a los salarios mínimos, resulta que nuestro país es el que tiene el más bajo de todos los miembros de la organización. En un foro recientemente celebrado en la Universidad Autónoma Metropolitana se demostró que los salarios en este país son similares a los de Haití, Bangladesh y la India, donde la competitividad, al igual que aquí, está basada en tener una mano de obra barata.

En la actual administración, el salario mínimo ha crecido 8.2%, que significa la tremenda suma de 5.34 pesos en dos años, según el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM; en el mismo lapso, la Canasta Alimentaria Recomendable (CAR) creció 25% y este incremento ya llega a sobrepasar los cuarenta pesos, y el año aún no termina. Tan sólo tomemos en cuenta que el salario mínimo mayor que se paga en la zona A es de 70.10 pesos diarios.

En 1987, un trabajador mexicano debía laborar cuatro horas para adquirir la CAR; hoy el mismo trabajador debería laborar 23 horas para adquirirla. Así ha sido en nuestro país la devaluación del salario mínimo. El pasado mes de abril, el Inegi informó que el porcentaje de horas de trabajo en la industria manufacturera creció 3.2% y su remuneración decreció en 0.3%. En resumen, más trabajo y menos salario. Con razón están tan ofrecidos los principales empresarios del país, quienes le garantizan al Presidente grandes inversiones, pero con esos salarios de hambre a los trabajadores, en tanto que su riqueza continúa creciendo.

Hoy, en muchos países se discute este tema y en la matriz del capitalismo, Estados Unidos, se está reaccionando, por ejemplo, el alcalde de Los Ángeles promulgó un decreto por medio del cual subirá gradualmente el salario mínimo, hasta llegar a 15 dólares la hora en el año 2020. 

Ya está demostrado, en varias partes del mundo, que la teoría neoliberal de moderación salarial, que lleva a la mejora de los márgenes empresariales y a su vez a mayor inversión y aumento de la productividad, que da como resultado el crecimiento del empleo, ha sido una falacia y, si no, que les pregunten a los europeos.

Es necesario romper el círculo vicioso de que mantener bajo el salario de los trabajadores permite la inversión y el crecimiento del empleo, sin entender que el salario del trabajador es el motor del consumo y que, como dijo hace años Marx, “la causa final de toda crisis es siempre la pobreza y el limitado consumo de las masas”.

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