Hambre = sed
Decenas de organizaciones europeas se oponen al Tratado de Libre Comercio con EU, ya que dicen que el objetivo es la privatización del agua.
Como muchos otros temas importantes para los ciudadanos, el referente al agua fue manejado, según la información publicada, de una manera desaseada en el Congreso, y la celeridad dio al traste con la propuesta, pues no les quedó más remedio que detenerla y someterla a consultas. Lo anterior, derivado de las protestas de muchos ciudadanos, entre los que se encuentran varios académicos, quienes argumentan que era contraria a las necesidades de la población.
Es tan importante el tema del agua y su uso como el del hambre, ya que sin agua difícilmente podemos digerir los alimentos y, como bien dice en un artículo el pensador brasileño Leonardo Boff, “el Hambre Cero mundial, que está prevista en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, debe incluir la de Sed Cero”.
Los datos sobre el agua a nivel global son bien conocidos y analizados. Y el señor Boff se ha encargado de difundir algunos de ellos, tales como que 97.5% del agua es salada, perteneciendo a los mares y océanos; el resto, es decir 2.5%, es dulce. De esta última, las dos terceras partes se encuentran en los casquetes polares y glaciares o en las cumbres de las montañas y casi la totalidad de la restante es agua subterránea. Al final, sólo 0.3% está en los ríos y lagos, y de este porcentaje únicamente 10% se destina para el uso humano y dar de beber a los animales, y la mayor proporción se utiliza en la agricultura y la industria.
Ahora bien, si el agua se distribuyera equitativamente en todos los países el problema sería mucho menor de lo que es, pero resulta que 60% de la misma se localiza en nueve países y cerca de 80 países se enfrentan a su escasez. Para no variar, como en otros temas, de los siete mil 200 millones de habitantes que somos, casi mil millones consumen el 86% del agua existente y para los demás es insuficiente. Si las cosas siguen así para 2032 alrededor de cinco mil millones de personas estarán afectadas por la escasez del vital líquido.
Esto explica la preocupación en muchas partes del mundo sobre qué hacer para mejorar su uso y distribución, incluso en aquellas con grandes reservas de agua, como es el caso brasileño que, como hemos visto recientemente, está sufriendo por la falta de agua en las grandes ciudades, como Sao Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte, y tomemos en cuenta que en su territorio se localiza 12% de toda el agua dulce del mundo.
En Europa existe una gran polémica por el agua. Decenas de organizaciones se oponen al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, ya que dicen que el objetivo del mismo es la privatización del agua y se debe respetar que el agua es un derecho, tal y como está asentado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y debe ser tratada como un bien público y no como una mercancía privada para hacer negocio.
La Constitución de nuestro país también considera que el agua es un derecho. Así lo establece en el párrafo quinto de su artículo 4, que a la letra dice: “Toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible”.
En el mandato constitucional está muy bien, pero todo se complica cuando se pretende convertir su uso y distribución en un gran negocio, sin tomar en cuenta a los ciudadanos, como en el caso concreto de las comunidades campesinas e indígenas en Sonora, que sin considerar su opinión se pretende construir un acueducto que las afecta directamente.
Es de tal relevancia este tema que la Comisión Europea tuvo que aceptar la primera Iniciativa Ciudadana Europea, la cual permitirá una amplia discusión en el seno de dicha comisión para determinar si el agua es un bien público, no comercial.
Creo que el espacio de discusión abierto puede muy bien servir para que nuestro país retome las experiencias internacionales y elabore una ley que proteja lo social por encima de lo comercial.
