Dueño de todo
Ahora el señor Sócrates, exprimer ministro de Portugal, es huésped distinguido de una cárcel que en ese país la denominan VIP, la de Évora.
Ahora le ha tocado a Portugal. El viernes pasado ha sido detenido, nada más al arribar a Lisboa procedente de París, el señor José Sócrates, quien se convierte en el primer exjefe de gobierno del país luso en ser detenido por fraude fiscal, blanqueo de capitales, falsificación de documentos y corrupción. Casi nada, como dirían algunos.
Ha sido el juez Carlos Alexandre quien ha emitido las órdenes de captura y ha decretado la prisión provisional del exprimer ministro, además de la de su gran amigo, el empresario Carlos Santos Silva, que era su tapadera de negocios, en tanto que el abogado que lo representaba ha sido informado que se le prohíbe entrar en contacto con los detenidos y abandonar el país.
Ahora el señor Sócrates es huésped distinguido de una cárcel que en Portugal la denominan VIP, la de Évora, ya que en ella también se encuentran detenidos por casos de corrupción, el jefe de la policía del país y un exministro del señor Sócrates, el señor Armando Vara. José Sócrates tiene una larga historia como funcionario público del Partido Socialista, del cual fue secretario general, también fue ministro del Medio Ambiente, posteriormente ocupó la cartera de Juventud y el Deporte, y era muy conocido por haber organizado la Eurocopa de futbol en 2004, que lo llevó al año siguiente a ganar las elecciones y convertirse en primer ministro hasta 2011, cuando la crisis económica era ya irremediable y tuvo que firmar el préstamo de 80 mil millones de dólares con la famosa troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y Comisión Europea) que sumió al país en una pobreza inimaginable.
Para no variar, las relaciones peligrosas que lo han llevado a la cárcel se iniciaron al lado del señor Ricardo Salgado, administrador de la familia portuguesa más rica del país y dueña del Banco Espírito Santo (BES), ahora ya quebrado y rescatado por el Banco de Portugal, y a quien se le conocía como el DDT, que en portugués significa “Dono Disto Todo”, es decir, “dueño de todo”.
El país era una versión de Disneylandia, ya que durante su quinquenio todo era alegre, maravilloso y con trabajo para todos. El gobierno del señor Sócrates promovió grandes obras financiadas siempre por el BES, el cual obtenía muy buen rendimiento a sus préstamos y, sobre todo, el Estado garantizaba los pagos. Hubo compra de empresas, como una muy cuestionada de la aerolínea Portugália, misma que pasó a manos de la línea aérea oficial, la TAP, a precios exagerados, y el primer accionista de la empresa quebrada era precisamente el BES.
A la salida del gobierno, el señor Sócrates indicó que tenía una sola cuenta bancaria, que nunca tuvo acciones en el extranjero, ni cuentas. Ahora se ha conocido que, por ejemplo, cuando era primer ministro aprobó dos planes de regularización fiscal para aquellos que tenían dinero en el extranjero y lo repatriaran, y él mismo transfirió varios millones de Suiza pagando tan sólo 5% de impuestos y, por supuesto, los depositó en el BES. Recientemente se le encontró que era dueño de una propiedad en París cuyo valor es superior a los tres millones de euros, misma que de acuerdo a su salario hubiera sido imposible comprar.
Al final se trata de una persona que se consideraba un barón intocable del Partido Socialista, muy hábil, con grandes dotes y don de gente, pero cuya vida política en realidad estaba plagada de sospechas de actos de corrupción y, finalmente, la justicia lo ha podido detener y proceder a su enjuiciamiento.
Esta noticia, por cierto, le viene muy mal al Partido Socialista frente a las elecciones del año próximo. Apenas este mes han elegido un nuevo líder, el señor Costa, quien estaba dando un cambio a la imagen del partido, plagada de actos de corrupción y enojo de la gente, y ahora el hecho de que el exprimer ministro del gobierno se encuentre en carácter de indiciado hará que las cosas se compliquen.
Una vez más nos encontramos con problemas entre los que detentan el poder público y los que tienen el poder económico.
