Consultas diferentes
Escocia tiene una larga historia de movimientos sociales y solidarios que a veces coinciden con Inglaterra y otras no.
El ejemplo de la votación en Escocia sobre su independencia del Reino Unido, en la que por 400 mil votos ganaron los que quieren seguir siendo súbditos británicos, ha sido toda una señal para los catalanes que pretenden hacer algo parecido, más no igual, el próximo mes de noviembre. La principal diferencia consiste en que en España el gobierno central tiene la posibilidad de objetar ante el tribunal constitucional la consulta y, en tal caso, no se puede llevar a cabo.
En Escocia las cosas fueron diferentes y, aunque en un inicio el gobierno del señor Cameron desestimó el referéndum de separación, durante los días previos al mismo puso en juego todo el poder político y económico para que ganara el no a la separación, porque se dieron cuenta de que las encuestas indicaban que se veía al Reino Unido como algo viejo y fallido, fuertemente centralista, alejándose del pueblo y de la clase obrera.
En este triunfo jugó un papel importante el sector privado, destacándose el famoso banco Royal Bank of Scotland (RBS), el más grande de Escocia, quien con un cinismo extraordinario se atrevió a señalar que si ganaban los separatistas podría quebrar. Este banco, que causó pérdidas astronómicas y que tuvo que ser rescatado por el gobierno, el cual ahora es dueño de 80% del mismo, se atrevió a lanzar amenazas. Lo que debería haber ocurrido es que lo dejaran quebrar y hacer bancos más pequeños y eficientes, evitando así el famoso dicho, no sólo en Escocia sino en todo el mundo, de “es demasiado grande para quebrar”, con las consecuencias que todos conocemos; es decir, los ciudadanos son quienes terminan pagando esos rescates.
Algo que sorprendió en el referéndum escocés fue la posición de dos premios Nobel de Economía, los estadunidenses Paul Krugman y Joseph Stiglitz. El primero hizo, en su muy leída columna, una defensa de la continuidad de Escocia dentro del Reino Unido, argumentando que serían muy irresponsables si se salieran, y que sería algo parecido a España pero sin sol. Poco clara la cita. En cambio, el señor Stiglitz mencionó que “los asuntos principales aquí no son la divisa, ni tan siquiera el petróleo del mar del norte. Yo creo, sin querer interferir en la política de otro país, que la cuestión principal es una visión de la sociedad y lo que quieres hacer”. Efectivamente esto es lo más importante que está en juego, ya que entre otras cosas, Escocia tiene una larga historia de movimientos sociales y solidarios que a veces coinciden con Inglaterra y otras no, y desde la llegada de los neoliberales al gobierno británico muchas de las conquistas más preciadas, como el Estado de bienestar y el famoso, por sus siglas en inglés, NHS, o sea el servicio nacional de salud que fue ejemplo en el mundo, ahora se encuentran en un proceso de desmantelamiento y privatización; lo mismo que otras áreas, como los costos de matriculación en la educación superior, que la hacen impagable para un gran número de jóvenes. Estos son algunos de los ejemplos en los que muchos escoces están en contra de seguir siendo parte de ellos.
Ahora bien, según dicen varios analistas, los independentistas han ganado varias cosas; en primer lugar, demostrar que son millones los que quieren salirse del Reino Unido, en segundo, las concesiones que el primer ministro ha debido ofrecer a Escocia para permanecer dentro, con lo cual el viejo orden está muerto y enterrado, ya que resulta obvio que los otros miembros del Reino Unido van a querer también las mismas condiciones, entre ellas la autonomía fiscal completa.
Una cosa que se puso de manifiesto es que la mayoría de los sindicatos fueron favorables a la permanencia dentro del Reino Unido, y en la consulta catalana quizás este puede ser el talón de Aquiles, ya que cualquier movimiento soberanista requiere de la unidad y organización de las clases trabajadoras que en la mayor parte están mediatizadas, desorganizadas y desmoralizadas por las políticas neoliberales que promueven la insolidaridad.
