La bella Italia

La mafia se ha modernizado y ya no sólo se dedica al comercio de las armas, las drogas, el juego o la prostitución

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Enrique Del Val Blanco 30/08/2014 01:47
La bella Italia

Uno de los temas que asfixia a muchos países en el mundo es el de la corrupción, tanto pública como privada, en la que, de manera creciente, están involucradas las organizaciones mafiosas existentes en casi todos lados.

Ejemplos de lo dañina que es la condescendencia con los actos corruptos los tenemos en Italia, que se encuentra ahogada en un mar de corrupción y, lo que es peor, en ella han participado los partidos políticos, quedando, por supuesto, en primer lugar el del impresentable señor Berlusconi, quien con su cinismo ha generado el mayor descrédito a un país. Pero no sólo están implicados los partidos de derecha; el no tan fantasmal hecho de la corrupción ha tocado a todos, incluyendo al llamado Izquierda de los Valores, del exfiscal contra la mafia Antonio di Pietro.

Según los datos dados a conocer en la prensa, la corrupción le cuesta a Italia 60 mil millones de euros al año y los organismos patronales manifiestan que la principal empresa italiana es la mafia en sus distintas denominaciones, mismas que facturan miles de millones de euros al año y que alcanza cerca de 7% del PIB.

La mafia se ha modernizado y ya no sólo se dedica al comercio de las armas, las drogas, el juego o la prostitución. En virtud de las grandes cantidades de dinero que tiene que ocultar o, como se dice popularmente, “lavar”, desde hace varios años ha incursionado en negocios que se supone podrían estar al margen de este fenómeno.

Por muchos es sabido que en varios países la recolección de basura y su manejo son operados por la mafia, al igual que la construcción; ambas son las áreas favoritas de estas organizaciones ilegales, que son del conocimiento público por la popular serie estadunidense Los Soprano.

Recientemente se ha informado que la mafia de Italia, aparte del cobro de derecho de piso o pizzo, como le dicen allá, está apropiándose por conductos legales o ilegalmente, de conocidos restaurantes para lavar sus cuantiosos ingresos y se ha descubierto que, por ejemplo, uno de los restaurantes más famosos de Italia, gracias a la magnífica película de Federico Fellini, La dolce vita, el Café de París, era en realidad propiedad del señor Vincenzo Alvaro, de la ´Ndrangheta, que desde un pequeño pueblo de mil habitantes controla gran parte del tráfico de drogas y armas.

También ahora se sabe que Pizza Ciro, famosa porque asisten políticos, artistas, etcétera, cuyas fotografías están en las paredes y al que concurren muchos turistas, es propiedad de otra familia mafiosa, la Camorra, perteneciente al clan Contini. Y éstos son apenas botones de muestra de la penetración que existe en Italia por las distintas organizaciones mafiosas.

Los gobiernos que han sucedido al corrupto señor Berlusconi se han propuesto, como una de sus tareas primordiales, el combate a estas organizaciones criminales y para ello han modificado leyes y reglamentos. No obstante lo anterior, es tal el poder de dichas organizaciones que los éxitos han sido reducidos y se diluyen a los pocos días, debido a la gran cantidad de gente que se encuentra involucrada, a propósito u obligada, en hacer negocios o a pagar a la mafia.

Decía recientemente una conocida filósofa, la señora Nancy Fraser, en una entrevista en el periódico El País, que “si las élites no reaccionan las cosas se van a poner muy feas”. Según ella, se ha pasado, principalmente en Europa, de un capitalismo de Estado que protegía la salud, la educación, la jubilación, etcétera, a un capitalismo neoliberal que ha minado el Estado de bienestar.

Creo que este retroceso en la historia es el que ha permitido el crecimiento y poder de las mafias en todo el mundo. Por eso es necesario, hoy más que nunca, ver a los gobiernos y al Estado en su conjunto, decididos, utilizando todas las herramientas posibles para el combate a estas organizaciones. Para ello, la sociedad civil tiene un papel importante, porque el florecimiento de lo ilegal va en detrimento del bienestar colectivo.

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