Agentes libres

Efectivamente, con el cambio en las condiciones de trabajo, muchas personas sólo tienen trabajo por tres o cuatro horas...

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Enrique Del Val Blanco 12/04/2014 02:33
Agentes libres

Uno de los grandes temas a resolver en el presente, y en el futuro, es el referente al empleo, que ha evolucionado junto con el desarrollo del capitalismo a través de los siglos. El sociólogo Ignacio Sotelo recientemente elaboró una breve descripción de cómo han sido las tres etapas de esta evolución. La primera de ellas la denomina capitalismo comercial, que se dio al término del feudalismo y ha sido la de mayor duración, tres siglos. En ésta, los comerciantes, profesionales, médicos, juristas y artesanos de todas clases fueron quienes aportaron al proceso de acumulación primitiva.

Una segunda época inició a comienzos del siglo XIX, cuando el capitalismo comercial se convirtió en capitalismo industrial y los dueños de las fábricas no sólo controlaban la producción sino también el poder, utilizando, en muchos casos, la corrupción. Así llegamos a la tercera fase, misma que el académico sitúa a finales del siglo pasado y en la que estamos insertos ahora. Se trata de la etapa del capitalismo financiero, donde las grandes corporaciones administran el dinero de millones de inversionistas y, al igual que en la etapa anterior, controlan el poder y lo utilizan en su beneficio.

Pero uno de los rasgos más distintivos de estas tres etapas del capitalismo es el relativo a la capacidad de crear empleo. El siglo XIX fue el de la gran expansión del mismo, por la creciente necesidad de mano de obra para la industrialización del mundo. Poco a poco esa demanda de mano de obra se ha ido reduciendo, por el avance tecnológico y el aumento de la productividad, lo cual, ineludiblemente, genera cada vez menos necesidad de mano de obra.

Lo que estamos viviendo actualmente es un cambio radical en el empleo, ya que estamos frente al fin del trabajo como se desarrolló en los dos siglos anteriores, cuando las condiciones de trabajo, horarios, prestaciones y jubilaciones eran negociados colectivamente por los sindicatos. En la actualidad, cada día hay menos personas sindicalizadas y un gran número de trabajadores son, digamos, autónomos o, como en el deporte, “agentes libres”; se contratan individualmente y por horas. Cada vez es más raro el empleo fijo. Tan sólo en Alemania, este tipo de empleo ha caído casi 50 por ciento.

Este cambio radical se caracteriza por que cada día se ofrecen menos empleos, sobre todo a la mano de obra menos calificada, el famoso “ejército industrial de reserva”, mismo que para efectos reales crece por día, colocando a quienes lo integran en una situación de apenas supervivencia, pero afecta no sólo a los menos calificados sino también a las clases medias.

Este tema daña al capitalismo financiero y a los gobiernos de todo el mundo pues se enfrentan al problema de que ya no hay empleo para todos en los términos tradicionales de ocho horas y, lo que es peor, no se les ofrece ninguna salida digna, más allá de un seguro de desempleo por unos cuantos meses y eso únicamente en algunos países.

Han surgido propuestas de trabajar menos horas, para que haya oportunidad de que otros puedan acceder a un trabajo digno y remunerado que les permita satisfacer sus necesidades básicas.

John Maynard Keynes se lo imaginó en el siglo pasado, profetizando que el desarrollo económico iba a ser tan impresionante que la gente trabajaría menos horas y tendría más para el ocio y el disfrute de la vida. Acertó en lo del desarrollo económico, pero en lo de menos trabajo y más ocio definitivamente no.

Efectivamente, con el cambio en las condiciones de trabajo, muchas personas sólo tienen trabajo por tres o cuatro horas, pero con los salarios que perciben deben buscarse otro empleo para que les alcance para comer.

En esta etapa del capitalismo es necesario que los dueños del dinero entiendan que la única forma de seguir haciéndolo y disfrutándolo es garantizando a las poblaciones de sus países un ingreso, teniendo o no trabajo, que les permita sobrevivir. Si no lo hacen, tampoco sobrevivirán ellos.    

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