Población y energía

Estamos llegando a un límite y no podemos continuar con este modelo de consumo irracional, de gran desperdicio de recursos...

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Enrique Del Val Blanco 22/02/2014 02:14
Población y energía

Una de las características de esta era de la información es la cantidad de noticias, informes, estudios, etcétera, de carácter divergente sobre cualquier tema. Pareciera que el ser humano es proclive a esta situación, para vivir en una indecisión permanente. Uno de los graves problemas que se presentan a raíz de ello es que se evita escuchar o prestar atención a aquellos asuntos que son de la máxima importancia, porque ya se está harto de leer malas noticias y uno quiere, de vez en cuando, saber o conocer de cosas buenas.

Lo anterior lo escribo porque todos los días encontramos noticias sobre el cambio climático y la escasez de alimentos en todo el mundo, pero hay la sensación de que estos temas sólo afectan a los pobres, lo cual no es así. En la actualidad, los efectos del cambio climático y la creciente necesidad de alimentos son de los asuntos fundamentales en nuestro planeta y si no los atendemos terminaremos en el precipicio. Le atribuyen al reconocido economista, autor de un famoso libro intitulado Más allá de la economía, el señor Kenneth Boulding, el comentario de que “si lo único que limita al final el crecimiento de las poblaciones es la miseria, entonces la población crecerá hasta que sea tan miserable que deje de crecer”.

El investigador Manuel Casal Lodeiro ha realizado un estudio que manifiesta una preocupación real sobre la estrecha correlación que existe entre el crecimiento demográfico exponencial y el consumo total de energía. Dice que la llamada “revolución verde” bien debería haberse denominado “revolución negra”, tanto por el color del petróleo que la hizo posible, como por el futuro al cual nos está condenando como especie.

Estamos llegando a un techo en la extracción del petróleo y el gas natural y, a partir de ahí, su disponibilidad forzosamente empezará a declinar y todo el sistema que hemos construido, con millones de tractores, maquinarias agrícolas, fertilizantes sintéticos, etcétera, se acabará. Hasta ahora, en el horizonte no se tiene alguna fuente alterna de abastecimiento de energía para la población en crecimiento, la cual también llegará eventualmente a un techo a partir del cual empezará irremediablemente a decrecer, por causas naturales y no naturales.

Hay áreas del planeta en donde la crisis de la seguridad alimentaria está a la orden del día, concretamente en los países del Cercano Oriente y África del Norte, donde se espera que la disponibilidad de agua dulce de la región disminuya 50% para el año 2050. El crecimiento de la población en la zona ha hecho que la disponibilidad de agua dulce haya descendido en dos tercios tan sólo en los últimos 40 años.

Varios investigadores o estudiosos de estos temas han dicho que la promesa del desarrollo imparable y continuo, con las consecuentes mejoras en la calidad de vida para los siete mil millones que en la actualidad somos en el planeta, es ya una quimera imposible. Se sustenta en análisis, como el del señor Dale Allen Pfeiffer, quien argumenta que la población ideal para que el planeta sea sostenible de una manera adecuada debería ser de dos mil millones de habitantes; otros, como Graham Zabel —quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la relación que hay entre el crecimiento de la población y los recursos energéticos que se necesitan para que pueda subsistir—, se pregunta si la disponibilidad de recursos energéticos de alguna manera condiciona el crecimiento de la población, ya que con la energía que se cuenta hoy, la población para el año 2060 debería estar en alrededor de cuatro mil millones y no en los nueve mil que se proyectan.

Sean cuales sean las cifras, lo que es verdad es que estamos llegando a un límite y no podemos continuar con este modelo de consumo irracional, de gran desperdicio de recursos, al cual nos someten las empresas y muchos gobiernos. Para sobrevivir de una manera adecuada y digna hay que cambiar radicalmente el modelo.

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