¿Papa marxista?

En su editorial, la revista Le Nouvel Observateur ha escrito que el hombre de izquierda del año se llama Francisco.

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Enrique Del Val Blanco 28/12/2013 00:00
¿Papa marxista?

Muy oportuna y, como todo en la Iglesia católica, ampliamente calculada, ha sido la publicación, hace un mes, de la primera exhortación apostólica denominada en español “El Gozo del Evangelio”, la cual consta de 142 páginas y está causando gran revuelo en todo el mundo al momento de ser leída.

Los grupos más reaccionarios de Estados Unidos, encabezados por el inefable Rush Limbaugh, así como los miembros del siniestro tea party, ni más ni menos, ya han acusado al Papa de marxista.

En su editorial, la revista Le Nouvel Observateur ha escrito que el hombre de izquierda del año se llama Francisco; hubieran querido que fuera de apellido Hollande, pero no les queda más remedio que reconocer que se trata del papa Francisco, hombre del año gracias, principalmente, a esta exhortación apostólica.

Lo que ha causado gran agitación se encuentra en el capítulo segundo, denominado “En la crisis del compromiso comunitario”. En cinco páginas hace una de las críticas más severas al capitalismo, lo cual ni siquiera partidos socialdemócratas han hecho alguna vez.

Para empezar, el Papa se cura en salud y dice que no es su función ofrecer un análisis detallado y completo sobre la realidad contemporánea, pero que en este documento pretende detenerse brevemente para hacer algunas consideraciones. A partir de ahí, se suelta con juicios severos como los siguientes: “No podemos olvidar que la mayoría de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas”, “...la inequidad es cada día más patente”, “…hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad...”.

Y continúa, como si fuera un analista de cualquier institución académica de izquierda, con los siguientes comentarios: “No a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata”. Este es, a mi juicio, uno de los comentarios más severos que el Papa hace sobre el capitalismo; pero sigue escribiendo: “No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea la caída de dos puntos en la bolsa”, “...se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo que se puede usar y luego tirar”. Y, haciendo gala de la teoría marxista indica que “ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en que se vive, los excluidos no son explotados sino desechos, sobrantes”.

Continúa con términos como el del fetichismo del dinero y la dictadura de una economía sin un rostro que se dedica a adorar al nuevo ídolo: “La adoración del antiguo becerro de oro”.

Nunca antes, en ningún documento de la Iglesia católica emitido por un Papa, se había hecho una crítica tan correcta y descarnada del capitalismo que actualmente se vive en el mundo. Esperemos que en estos días de recogimiento y religiosidad, principalmente del mundo católico, se acerquen los que en China se denominan “bolsillos llenos” a estas palabras del Papa y tomen en cuenta que lo que muchos han manifestado desde hace años ahora es confirmado por su Papa, y que es urgente y necesario acabar con este capitalismo salvaje.

De manera paralela, otro líder religioso, el Dalái Lama, expresó con todas sus letras a principios de mes, en la India, que “en cuanto a la teoría socio-económica, estoy preocupado. Soy marxista. Me atrae el principio de igualdad de distribución. Los pobres y desamparados necesitan más atención. Mientras el capitalismo es sólo acerca de la acuñación de dinero”.

Por lo visto, los líderes religiosos están tratando de ganar más fieles o que no se les vayan tantos, y se están colocando a la izquierda del panorama político. El asunto es ver si las jerarquías, los purpurados, coinciden con su jefe y pastor y también cambian su manera de pensar y actuar.

Esta crítica marcará un antes y un después en los anales de la Iglesia católica, hecha por el primer Papa que después de mil 300 años no es europeo.

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