Otra vez la Iglesia: ¡basta ya!
Inusual, sin duda. La decisión del cardenal Norberto Rivera de sumar el reclamo de la Iglesia, su voz misma, a la de quienes desde la sociedad civil han asumido como propia la tarea de llamar la atención sobre la necesidad de construir un entorno de paz y justicia, no ...
Inusual, sin duda. La decisión del cardenal Norberto Rivera de sumar el reclamo de la Iglesia, su voz misma, a la de quienes desde la sociedad civil han asumido como propia la tarea de llamar la atención sobre la necesidad de construir un entorno de paz y justicia, no hace más que evidenciar el hartazgo de propios y extraños ante el incontenible embate del crimen organizado que, un día sí y otro también, siembra cadáveres y riega de sangre el territorio.
Igual al más alto nivel gubernamental que entre los más destacados analistas, lo anterior quedó más que explicitado luego de que, a mediados de la pasada semana, la Arquidiócesis Primada de México convocó a la feligresía católica —“a todo fiel cristiano y a toda persona de buena voluntad…”— a sumarse a la Marcha Silenciosa por la Paz que, convocada por una gran diversidad de asociaciones y de movimientos, habrá de realizarse el próximo domingo 31 a partir de las 10 horas, partiendo del Ángel de la Independencia rumbo al Monumento de las Víctimas, junto al Campo Marte.
No es ésta la primera ocasión en que, de manera pública, la jerarquía católica asume como propia la causa de la recuperación de la paz y de la seguridad perdidas en los últimos años.
Apenas en febrero, el pleno del Episcopado nacional emitió un documento orientado a explicitar “el papel de la Iglesia en la realidad de inseguridad y de violencia que se vive en nuestro país, y alentar la esperanza de quienes… viven con miedo, con dolor e incertidumbre”. Entonces, como hoy, la exhortación de obispos, arzobispos y cardenales fue leída como un ¡ya basta! ante una realidad que la Iglesia no parece estar dispuesta a seguir ignorando… porque alcanza a todos por igual, a sus ministros y a la institución en cuanto tal incluidos.
A nadie debería sorprender la reflexión que sustenta la circular arquidiocesana, y según la cual “el respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz. La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguarda de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad”.
Duro reclamo implícito éste, para los tres Poderes y niveles de gobierno, para las fuerzas responsables de preservar el orden —Ejército, Marina, policías federal, estatales y/o municipales— e igualmente, sin duda alguna, para la sociedad entera que, de manera explícita, está siendo convocada a asumir como propia, y de manera inexcusable, la responsabilidad de construir la paz para todos…
ASTERISCOS
*Concluido apenas el encargo como responsable de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Celam) que, en los últimos años, y no con poca frecuencia, le exigió dividir su tiempo y esfuerzo, Carlos Aguilar Retes reasumió de manera plena su responsabilidad como titular de la arquidiócesis de Tlalnepantla, y lo hizo con la puesta en marcha de la denominada Gran Misión, en el territorio donde se concentra el 20%, al menos, de la población católica del país. Bien.
Veámonos aquí mañana, con otro asunto De naturaleza política.
