Trump: los verdaderos riesgos para México

Trump dijo que su programa económico contendrá subsidios y castigos 
a empresas americanas que piensen trasladar su producción a México.

Por Luis Ernesto Derbez Bautista*

La ascendencia de Trump a la presidencia de EU presenta tres riesgos a México: responder equivocadamente a sus amenazas, validar el populismo económico y aceptar el autoritarismo como forma de gobierno.

Las deportaciones masivas de mexicanos indocumentados, el rechazo del TLCAN y hacer que México financie un muro fronterizo son las amenazas inmediatas que Trump ha presentado a México. Las respuestas equivocadas son “garantizar” empleos a deportados, aceptar renegociar el TLCAN y discutir quién debe pagar por la construcción del muro.

Garantizar empleo a dos millones de deportados no sólo es una quimera, es también un insulto a quienes hoy en México buscan empleos formales sin encontrarlos. El traer a un grupo de dreamers produce buenas sesiones fotográficas con legisladores y funcionarios públicos, pero no sólo es un acto insustancial, sino que, además, distrae la atención de la necesidad de incrementar los recursos disponibles de nuestros consulados para dotarles de capacidad para implementar campañas pro-migrantes conjuntamente con gobiernos estatales, municipales, diversas ONG e instituciones académicas autodeclaradas como “santuarios de inmigrantes”, estrategias que sí responderían a la defensa real de los derechos de nuestros connacionales en ese país8 e impedirían su deportación injusta a México.

Prenegociar con expertos nacionales el TLCAN, sin conocer los términos de Trump, refuerza en éste la convicción de haber ganado la batalla antes de iniciarla. La respuesta correcta sería establecer una estrategia común antinegociación con empresas y autoridades de los estados americanos afectados, única táctica que modificaría las pretensiones proteccionistas del futuro gobierno de EU. Discutir el financiamiento del muro, en lugar de hacer énfasis en por qué nuestra frontera es segura ya que a través de ella no ha pasado jamás un terrorista, alimenta los sentimientos nacionalistas de aquellos estadunidenses que ven en todo inmigrante un invasor de su nación. Si deseamos verdaderamente responder a las amenazas de Trump, debemos cambiar inmediatamente nuestra estrategia y dejar de jugar para la tribuna.

Más preocupante es la consecuencia del populismo de Trump. Como Presidente electo ha confirmado que su programa económico contendrá subsidios y castigos a empresas americanas que piensen trasladar su producción a México. Aranceles e impuestos a las importaciones serán las herramientas para proteger a las empresas americanas de la competencia “desleal” de países como China y México. Reducir impuestos a los ingresos de las empresas y a las personas de la clase media americana, y un programa de inversión y gasto público masivo para “hacer a EU grande otra vez”, desencadenará un déficit público insostenible en el largo plazo con las consecuencias negativas de ello derivadas al orden financiero internacional. A pesar de los antecedentes históricos de todos conocidos, tras el triunfo electoral de Trump, tanto los mercados financieros como la mayoría de los empresarios americanos tácitamente aprobaron la aplicación de estas políticas populistas como las mejores para conducir a EU a su recuperación económica. El riesgo para México es grande. La aplicación de este programa de políticas populistas en el vecino del norte vaticina un fuerte cuestionamiento al programa económico que nuestro país requiere.

El programa de políticas financieras y fiscales, cuya aplicación a lo largo de los últimos 25 años ha permitido mantener nuestro equilibrio financiero y evitar episodios de colapso económico e inflación galopante, será puesto en duda. La tentación de retornar a la aplicación de políticas nacionalistas, estatistas y de gasto público excesivo para fomentar el crecimiento, el empleo y la igualdad en México se magnificará en la medida en que el programa de Trump obtenga resultados positivos en los primeros dos años de su gobierno. El espejismo de crecimiento económico y altas utilidades empresariales de la aplicación inicial del programa populista en EU puede conducir a muchos mexicanos a exigir la aplicación de un programa similar en nuestro país. Olvidada la lección de los años 70 y 80 del siglo pasado, la aplicación de políticas populistas en México conducirá, irremediablemente, a la ruptura del frágil equilibrio financiero laboriosamente construido en los últimos 25 años y a un nuevo colapso de nuestra economía similar al padecido en 1995. ¿Resistiremos la tentación?

Pero el mayor peligro derivado del triunfo de Trump es la validación del autoritarismo como forma de gobierno. A lo largo de su campaña, Trump declaró que no aceptaría el resultado electoral a menos que él ganara las elecciones; insultó a sus contrincantes, a todos quienes le rechazaban, a las mujeres y presumió el no haber pagado impuestos durante muchos años.

Como Presidente electo ya amenazó con que impondrá sanciones por decreto presidencial a cualquier compañía americana que traslade su producción a países extranjeros; amagó a la empresa Carrier; intimidó al presidente de la empresa Ford; insinuó al gobierno chino que sólo respetará el principio de “una sola China” si éste acepta condiciones comerciales favorables a su país; y dejó en claro que para lograr sus objetivos está dispuesto a hacer alianzas con gobernantes autoritarios como Putin. El mensaje claro es que lo importante para el nuevo Presidente de EU es gobernar como él considere correcto, sin importarle la destrucción de la estructura institucional en la que se basa la democracia de esa nación. Este mensaje puede tener serias repercusiones en México, pues podría conducir a la selección de candidatos “fuertes” que puedan enfrentarse a Trump, en lugar de seleccionar candidatos interesados en construir una democracia basada en instituciones fuertes y no en hombres fuertes. Ese camino también lo hemos recorrido; las lecciones de nuestra historia deberían llevarnos a seleccionar a alguien exactamente contrario a Trump, no a alguien como él. ¿Lo haremos?

* Rector de la Universidad de las Américas Puebla

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