La diplomacia del absurdo

Las relaciones que comienza a tejer Donald Trump lo alejan más de los principios de civilidad, respeto a los derechos civiles y la paz.

Con un tuit, Donald Trump construyó una amenaza, hizo polvo las negociaciones de un día y orilló al presidente Enrique Peña a cancelar su viaje a Washington; en una declaración nada amistosa en la ONU, cuya misión es resolver conflictos entre países, la embajadora de Estados Unidos anuncia una lista negra de las naciones no afines al gobierno del magnate; el fin de semana, una orden ejecutiva del jefe de la Casa Blanca impide el ingreso de refugiados, residentes y portadores de visa de siete países musulmanes que excluye a aquellos con los que Trump tiene negocios, y condena a los que han causado menos muertes de norteamericanos.

Desde el 20 de enero pasado, cuando Trump juró en las escalinatas del Capitolio, el mundo parece arrastrado por la diplomacia del absurdo diseñada no en el Departamento de Estado, sino desde el hígado de un Presidente, cosa que sería poco significativa si no fuese porque cada anuncio y decisión del mandatario de Estados Unidos están envueltos en un peligroso tufo de confrontación.

En tiempos complicados, Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, gobierno que ha vulnerado la soberanía de Palestina y responsable de graves violaciones a los derechos humanos, se pronuncia a favor de la decisión de construir un muro en la frontera sur; al tiempo que Trump sostiene los primeros acercamientos con el presidente ruso, Vladimir Putin, mandatario de una nación donde reinan las violaciones a las libertades fundamentales, y señalado artífice del hackeo de las elecciones norteamericanas. Las relaciones que comienza a tejer Trump lo alejan más de los principios de civilidad, respeto a los derechos civiles y la paz.

¿Qué es preciso hacer cuando la presión, la amenaza y la agresión se convierten en el eje de un gobierno?

El presidente Peña tuvo que pasar el trago amargo de constatar que la voluntad de negociar ante Trump puede convertirse en permiso para agredir, y a destiempo decidió cancelar su visita a Washington. El fin de semana, ante la ignominiosa orden de vetar la entrada a refugiados, residentes y portadores de visas, miles de norteamericanos protestaron en aeropuertos, un pequeño ejército de abogados ofreció asesoría sin costo a los afectados y una juez frenó una orden ejecutiva cuyos alcances habían sido manipulados desde la Casa Blanca; al hacerlo, asestó al nuevo gobierno la primera derrota en lo que parece será una respuesta constante a las ilegalidades y excesos con el sello Trump.

Hoy queda claro que hay que tomar en serio a Donald Trump por el peligro real que representa para México y para el mundo; el gobierno federal debió entender ya la lección: cualquier negociación con este personaje será adversa-hostil, ése es el estilo del showman que llegó a Presidente.

Ante la agresividad e insensatez de Trump, corresponde a México actuar con inteligencia y seguir el camino de la legalidad para no dejar pasar una sola decisión del Presidente de Estados Unidos sin que medie una respuesta puntual. El ejemplo ya lo han puesto los propios ciudadanos y el sistema judicial estadunidense.

México debe negociar con Trump desde una posición de pares y de defensa del interés nacional. Hacer lo contrario equivaldría a dejarse arrastrar por los pasos inciertos y peligrosos de la diplomacia del absurdo.

                * Coordinador del Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano.

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