Las escuelas mexicanas y las mujeres

“Las paredes del salón de clase están encaladas. La humedad forma en ellas figuras misteriosas que yo descifro cuando me castigan sentándome en un rincón. Cuando no, me siento frente a la señorita Silvina en un pupitre cuadrado y bajo. La escucho hablar. Su voz es como la de las maquinitas que sacan punta a los lápices: molesta, pero útil. Habla sin hacer distingos, desplegando ante nosotras el catálogo de sus conocimientos. Permite que cada una escoja los que mejor le convengan.Yo escogí, desde el principio, la palabra meteoro. Y desde entonces la tengo sobre la frente, pesando, triste de haber caído del cielo”. Rosario Castellanos. Balún Canán.

Las escuelas, tan importantes, tan maravillosamente desesperantes, aburridas, gozosas. Encerrando tantísimas emociones, alegrías, disparates. Fundamentales en la vida de las niñas y los niños. Donde se aprende igual geografía que a ser mujer. Y esa palabra, “mujer”, encierra múltiples significados, aunque por torpezas mentales haya quienes quieren reducirla a un único verbo: servir. Escritoras geniales, que entrelazan sus vivencias con sus delirios, o mujeres jóvenes que ponen todo su empeño en dejar atrás la pobreza y la ignorancia. Es decir, la injusticia.

María Luisa Puga: “Yo sé que a la escuela nos mandan para que las mamás puedan estar libres un rato y para que limpien la casa. Aquí nadie nos viene a enseñar nada. Vienen a ganar su sueldo, igual que las mujeres que van a limpiar sus casas”. (Atrapadas en la escuela).

Una chica de Veracruz: “La primaria había terminado y mi dilema había comenzado ¿estudiar la secundaria? O ¿no? ¿Ser ama de casa? ¿Cuáles eran mis probabilidades? Quería estudiar, pero para la secundaria tuve que caminar sola aproximadamente tres horas por toda la carretera, de ida y vuelta, por tres años. Pero lo logré”.

Otra muchachita: “Mi segundo enemigo fue una legión completa de monstruos escolares encargados de burlarme por ser tan callada. Pero todo cambiaba cuando mi héroe me rescataba con alegría entre juegos y risas dejándome siempre ganar con mis súper poderes de heroína. Pero la niñez no es eterna. Los juegos cesaron, mi héroe se hizo adolescente y el primer villano le asesoró al estilo del machismo: “La mujeres están para servirnos”.

Una vocecita desde Chetumal: “Después, entré a la primaria, a pesar de todo, siempre fui una buena alumna y mi mundo giraba en torno a la escuela, sacaba buenas calificaciones, no tenía ningún amigo y no me gustaba hablar con nadie, al llegar a mi casa, no podía comer sin pedir permiso o hasta que mi mamá llegara. Mientras tanto, me sentaba en la cama a leer cualquier libro, pero me gustaban las historias y eso era lo que hacía, leer”.

En un pequeño pueblo de hoy, de no más de 200 personas, y desde la telesecundaria: “era la primera mujer de toda mi familia que saldría a estudiar, la única de mi telesecundaria y del pueblo, fue maravilloso, y entonces los maestros me dijeron que ahora podría inscribirme para el examen de admisión en línea”.

Invertir en las escuelas, mejorar la calidad de la enseñanza, otorgar becas, permitir que todas y todos los niños asistan es, lo sabemos, muy importante. Pero igualmente lo es, el cuidar el desarrollo emocional, donde simpatizar, identificarse y tener lazos afectivos e intercambios sociales satisfactorios, potencializa las capacidades intelectuales para las matemáticas, el aprendizaje de la lengua, la física o cualquier otra asignatura. Y este eje ha sido dejado de lado. Hacerse responsable de sus actos y tener clara conciencia de su personalidad y cuidando que se procuren condiciones de igualdad entre las niñas y los niños sigue siendo un gran pendiente, especialmente con las niñas, que viven en condiciones de desigualdad.

“La discriminación contra las mujeres comienza en la infancia, cuando las actitudes sociales y culturales conspiran para darle menos a la niña de lo que la familia y la nación ofrecerían a su hermanito”. https://www.cambiodemichoacan.com.mx/editorial-8089

Temas: