¡Vámonos respetando!

“Una de las verdades eternas es que la felicidad se crea y se desarrolla en paz, y uno de los derechos eternos es el derecho de la persona a la vida. El instinto más fuerte es el de la conservación, este derecho, ratificado y santificado por el viejo mandamiento que dice no matarás”. Bertha von Suttner. Premio Nobel de la Paz, 1905.

Principio básico de cualquier pareja, del más pequeño grupo humano, de las grandes y trepidantes ciudades modernas, el respeto. Sin respeto, ya lo han dicho, no hay sociedad. Y casi todas las mujeres se han formado siempre en este lado del respeto y han hecho del pacifismo, una bandera. Poco han logrado, y la “guerra de baja intensidad”, pero en múltiples frentes contra ellas es cada día mucho más letal. En México, “los asesinatos de mujeres derivan de un patrón cultural y (deben) menos al fenómeno de la violencia social por el crimen organizado”, asegura el Inegi.

Bertha habla contra la pasión de odios encendidos de quienes claman en defensa de “la patria” y da cuenta de que, escondida tras esa muy emocional palabra, patria, están sólo las ambiciones económicas y de poder de un muy pequeño grupo que sabe que “para sentirse muy hombre” nada mejor que tomar un rifle.

En 1931, otra mujer ganó el Nobel: Jane Addams. Ella, una persona consciente, sabía que para erradicar la pobreza y conseguir derechos para las mujeres era necesario derrotar y reformar algunos muros y, para poder hacerlo, había que cambiar las leyes: incidir en la política. “El bien que conseguimos para nosotras mismas es precario e inseguro hasta que no lo es para todos y es incorporado en nuestra vida en común”.

Emily Greene Balch, también premio Nobel en 1946, cofundadora de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, dijo: “No sólo experimentamos acontecimientos, en parte los causamos o, al menos, influimos su curso. Por tanto no podemos sólo estudiarlos, debemos actuar”. Su apoyo a la igualdad entre los géneros fue constante. Creía en que los principios generales de justicia podrían desarrollar una nueva identidad humana, que nos permitiera mirarnos como ciudadanas del mundo: “Nunca más las mujeres pueden permitirse creer que no son responsables porque no tienen poder. La opinión pública es poder, el sentimiento fuerte y razonable es poder, la determinación, hermana gemela de tener fe o visión, es poder”.

Betty Williams y Mairead Corrigan-Maguire fueron piezas clave de un importante movimiento en favor de la pacificación de Irlanda del Norte. A ambas se les concedió, en 1976, el premio Nobel de la Paz. “El mejor recuerdo que podemos dar como homenaje a quienes han muerto es construir la paz en Irlanda del Norte”.

De Alfonsina Storni: “Nací al lado de la piedra junto a la montaña, en una madrugada de primavera, cuando la tierra, después de su largo sueño, se corona nuevamente de flores. Las primeras prendas que al nacer me pusieron las hizo mi madre cantando baladas antiguas, mientras el pan casero expandía en la antigua casa su familiar perfume y mis hermanos jugaban alegremente. Me llamaron Alfonsina, nombre árabe que quiere decir dispuesta a todo”.

Y así, esperemos la llegada de niñas, niños, con canciones del padre o del abuelo, con prendas hechas por madres, tías, padrinos; en verano o en invierno. Motivo, cada una y cada uno, por quienes debemos construir un país sin discriminaciones. En las familias, en todas las escuelas, un México que trate igual a sus mujeres y a sus hombres. Un México que les acompañe en su crecimiento y les permita el desarrollo de sus capacidades. A niñas y niños del norte o del sur, mayas o zapotecas, morenas y blancos, diversas/os, pero alegres y confiadas personitas, con derechos y a quienes nunca les falte ni el pan, ni la justicia.

Porque tenemos derecho al respeto de las y los demás, porque estamos obligadas/os a respetar a las y los demás, porque sí, ya basta de tratos desiguales y maltratos por ser mujeres en los medios, en las casas, en los trabajos o en las calles, ¡vámonos respetando! Una campaña que hace mucho sentido, cuando se ha desbordado el sinsentido.

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