¿En dónde estamos? La noche de brujas

Los terribles sucesos de Iguala, nombre indicativo de acciones que apuntan hacia otro tipo de política, obligan a la reflexión, porque ha sido constante histórica elaborar diversas narrativas que pretenden encontrar la raíz del mal. Así sucedió desde tiempos antiguos ...

Los terribles sucesos de Iguala, nombre indicativo de acciones que apuntan hacia otro tipo de política, obligan a la reflexión, porque ha sido constante histórica elaborar diversas narrativas que pretenden encontrar la raíz del mal. Así sucedió desde tiempos antiguos y no sería extraño que en nuestro país se reproduzca esta forma de intentar acallar conciencias.

La sociedad exige justicia. Las autoridades están obligadas a procurarla, pero si durante un mes han sido “incapaces” de encontrar a los 43 jóvenes secuestrados por las mafias, ¿podemos confiar en que tendrán las capacidades para encontrar “la punta de la hebra” que permita saber qué fue y por qué sucedieron esos trágicos hechos? Esto, para empezar, pero teniendo en cuenta que hay un ambiente que impele a delinquir, la cuestión es mucho más compleja.

Los poderes punitivos ante emergencias como ésta, intentan eliminar y, en este intento, se llevan aquello, o peor, a aquellos que les han estorbado, logrando verticalizar aún más el poder. Si alguien duda de lo dicho, por el simple hecho de poner en tela de juicio las verdades oficiales, se decreta que es “culpable”, pues de seguro, el desconfiado es cómplice de las mafias.

El Martillo de las Brujas, o en latín, el Malleus Maleficarum, fue el texto mediante el cual, en el Renacimiento, se intentó acabar con el Mal. Hay quienes calculan que 60 mil, otros llegan a contabilizar hasta dos o hasta cinco millones de mujeres, que fueron quemadas por brujas.

Quienes han estudiado ese manual, nos dicen que la estructura es simple:

1. Se decreta que este crimen es el más grave, conocido hasta ahora y su frecuencia es tan alarmante que estamos ante una emergencia que sólo podrá combatirse con una guerra. 2. Quien dude de la emergencia, será considerado cómplice. 3. Los inquisidores son infalibles y puros, y los enemigos son inferiores. 4. La condena es prueba suficiente de culpabilidad. 5. Cualquier situación considerada como anómala, resultará sospechosa. 6. Para llegar al fondo de “la verdad”, se permite cualquier método, incluida la tortura para delatar a los cómplices.

¿Seguiremos envueltas/os en estas “explicaciones”? No olvidemos la “otra cara de la luna”. Es decir, que el tráfico de drogas está en el centro del conflicto. “El informe El Problema de las Drogas en las Américas, de la Organización de Estados Americanos (OEA), presentado el fin de semana en Estados Unidos, confirma el crecimiento de los espacios para la siembra de amapola en el país, principalmente en Michoacán, Guerrero, Chihuahua, Durango y Sinaloa” (CNN, mayo 22, 2013).

Por otra parte, el INEGI afirma que “entre las mujeres, las tasas de muertes por homicidio por encima de la media nacional se registran en Baja California, Chihuahua, Durango, Guerrero, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Sinaloa y Tamaulipas”. Los feminicidios son la forma más extrema de violencia de género, pero también el signo más alarmante de la descomposición social de una comunidad”, según las expertas.

Guerrero, Chihuahua, Durango, Sinaloa coinciden en estas dolorosas cifras. Amapola y muerte de mujeres. Tráfico de drogas e impunidad. El tráfico ilegal de drogas es la principal amenaza transnacional en México y, al parecer, nada qué hacer.

Estamos invadidos de líderes mesiánicos que prometen salvar a México de todos los males y son esos líderes quienes utilizan el terror a su favor. Tengamos mucho cuidado con ellos, pues actúan tal y como lo hicieron en su tiempo, Papas (como Sixto IV) y obispos, cardenales y hasta curas de pueblo. Hombres de poder que no dudaron en utilizarlo en contra de su sociedad.

        *Licenciada en pedagogía

            y especialista en estudios de género

            clarasch18@hotmail.com

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