El INE y la construcción de ciudadanía

La educación basada en la igualdad entre los géneros será un firme pilar para la democracia mexicana.

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Clara Scherer 04/07/2014 02:06
El INE y la construcción de ciudadanía

Quiero iniciar este artículo, recordando palabras de Carlos Fuentes: “La historia se anuncia. Luego duerme la siesta. Y, al cabo, despierta”.

Las mujeres, desde los primeros años de la Independencia, exigieron sus derechos políticos. No sólo por ser mexicanas, nacidas en estas tierras; no sólo por ser humanas, que sin duda, lo eran; sino también por sus muchas contribuciones a esa guerra. Deseaban su derecho a la ciudadanía. La carta de las zacatecanas es prueba de ello. Hubieron de suceder muchos más acontecimientos similares: ellas reclamando, ellos ignorando. La historia se anuncia: fue hasta 1953 cuando lograron su propósito. Pero ocurrieron otros lamentables agravios, pues desde ese entonces, no pudieron ejercer a cabalidad el derecho a ser votadas y designadas para ocupar cargos de toma de decisiones. Luego, la historia estaba durmiendo la siesta. En 2011, con la sentencia 12,624 emitida por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación concluyó una etapa de la vida nacional. Las mexicanas han conseguido su derecho a ser votadas. Despierta la historia con la paridad en candidaturas a puestos de elección popular, en 2013.

El Instituto Nacional Electoral debe asumir el reto. Las mujeres somos la mitad de la población y nuestra participación en la vida nacional, además de ser nuestro derecho, es ya imprescindible. No es fácil, porque incluir a las mujeres no es cuestión sólo de “sumarlas”, sino que implica construir una renovada forma de relación entre los géneros: la igualdad, principio rector de toda democracia.

Una democracia, ya lo sabemos, requiere demócratas. Formarlos es deber constitucional y mandato para esta nueva institución. La educación basada en la igualdad entre los géneros será un firme pilar para la democracia mexicana. La experiencia en otras latitudes, así lo demuestra. Basta ver las estadísticas e historia de Noruega, Suecia, Islandia, para constatarlo. Reto mayúsculo, pues transformar la cultura implica hacer una revisión de nuestras formas de convivencia, nuestras lenguas (68), nuestras tradiciones, nuestras instituciones. Esta renovación ya está en marcha. La transversalización de la perspectiva de género es parte sustantiva del Plan Nacional de Desarrollo. El INE puede y debe ser vanguardia en materia de formación cívica.

Los desafíos que tiene esta nueva institución son inmensos. La inclusión de la mitad de la población, las mujeres, no los agota, sino que abre la puerta para que también sumen sus aspiraciones, intereses y necesidades las minorías: habitantes de los pueblos originarios de México, personas con discapacidad, quienes tienen diversas preferencias sexuales, quienes viven en situaciones que vulneran sus derechos. Reclaman diálogo e igualdad de oportunidades. Algunas, algunos sueñan con un horizonte en el que la política asuma su responsabilidad: ser espacio de encuentro entre personas diferentes.

Quien tiene otra forma de percibir el mundo debe sentir que es parte de esta política, no mero accidente adjunto de la misma.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género clara120953@yahoo.com.mx

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