De mezcaleras y niñez migrante

COMPARTIR 
Clara Scherer 27/06/2014 02:32
De mezcaleras y niñez migrante

Sí, aunque pocas personas saben que existen maestras mezcaleras, las hay. Unas en Michoacán y, otras, en Durango. Quizá, muchas más mujeres, en muchos otros lugares, se estén dedicando a la producción y comercialización de esta ancestral bebida. Seguro, con esos “usos y costumbres” hispánicos y prehispánicos, convertidos en leyes positivas, estaba prohibido terminantemente para ellas acercarse siquiera a los agaves. El negocio fue, por siglos, sólo para los hombres.

Tiempos aquellos en los que las mujeres no eran consideradas personas, en las que el “amor romántico” decidió que su “debilidad” debía ser protegida de los múltiples arrebatos machistas. ¿Por qué, si queríamos y queremos transitar por ese proceso civilizatorio, que al decir de quienes saben, nos va humanizando, no se nos ocurrió educar a esos “machos” y, en cambio, les dimos el privilegio de ser quienes tomaran decisiones en nombre de la comunidad, del país?

Los derechos humanos de las mujeres, puestos en duda durante milenios, reconocidos así hasta la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en Viena en 1993, y que a nuestros jueces aún no les cabe en la cabeza (caso Nestora lo demuestra y miles más), pretenden ser borrados nuevamente del territorio nacional con un pésimo discurso de un señor que preside una comisión en el Senado sobre Familia y Desarrollo Humano.

Ese individuo quiere regresar a las mexicanas al papel de “propiedad del marido”, decidido por la “sabiduría paterna”; marido que puede abandonarla en cualquier momento, con hijas e hijos, sin importar las consecuencias sobre su actuar (caso Góngora Pimentel y millones más). Está faltando al juramento que hizo de “acatar las leyes que rigen al país”, por lo que debiera renunciar e instalar su “Comité por el retorno a la injusticia de género”.

Me pregunto, ¿cuántos de las niñas y niños migrantes retenidos en Estados Unidos fueron en busca de ese padre? ¿O de su madre? ¿O de ambos? La falta de empleo, la injusta distribución de la riqueza, la discriminación y, por supuesto, la desigualdad de género tienen mucho que ver con esta vergonzosa situación del “futuro de México”: las niñas y los niños.

Problema que desde hace tiempo se intentó abatir. Surgió, en los años 90, en la Sedesol, el programa sobre jornaler@s agrícolas, con una muy brillante estrategia de seguimiento, apoyo y acceso a la justicia. Pero con la alternancia en la Presidencia, decidiero borrarlo. Ahora, la Sedesol lo ha reestablecido, pero los años de abandono han cobrado su cuota en las vidas de la infancia.

Porque ahora las mujeres ya transitamos, afortunadamente, por la ruta de los derechos humanos, es que algunas se están dedicando a la producción del mezcal; otras, están ya en puestos de toma de decisiones. Para modificar tanta injusticia, es URGENTE, muy urgente, que lleguen muchas más, a pesar de que aún hay quienes piensan que la igualdad de género puede esperar, como quienes están buscando reparar al PRI del DF.

La paridad de género en los cargos de elección popular debe instaurarse. Las plataformas de los partidos deben garantizarla; las mujeres deben estar en todos los espacios de poder. Apremiante detener la injusticia contra las niñas y los niños migrantes. Vergüenza desmedida para este país.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clara120953@yahoo.com.mx

Comparte esta entrada

Comentarios