El miedo por ser mujeres

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Clara Scherer 16/05/2014 02:00
El miedo por ser mujeres

Una frase de José Manuel Fernández, compositor, dice: “Y cómo duele la vida, cuando se da cuenta el alma”. El alma de muchas mujeres se estremeció hasta sus más recónditas profundidades al saber del horrendo crimen en Nigeria. Privar a las personas de su libertad, violentarlas, maltratarlas y “usarlas” cual el objeto más vil, venderlas y esclavizarlas son síntoma de la pérdida total de humanidad.

Pero eso, desgraciadamente, no sólo sucede en Nigeria, potencia petrolera del continente más violentado por la cultura occidental. En cualquier calle de cualquier país del mundo, las mujeres tenemos miedo. Sí, en algunos más que en otros, pero en todos la sombra del miedo viaja con nosotras.

¿En qué momento una mujer se da cuenta de que es “objeto del deseo” de los hombres y, por eso, su vida está y estará en riesgo, más, si la califican como “bella”?  Desde muy pequeñas, quizás al escuchar el relato de las Mil y una noches, primer feminicidio narrado bellamente, pero el proceso del miedo, que a veces llega a ser terror, es lento y pausado.

Las protestas, los ofrecimientos de apoyo y la indignación de muchas personas en el mundo, hablan de que, como humanidad, hemos cambiado… tantito. Siglos cuenta la historia, uno a uno y sobre las más diversas latitudes, en donde la violencia contra las mujeres, especialmente feroz en la “edad de las ilusiones” o “edad de la punzada”, es “práctica cultural”.

Como bien escribió Griselda Álvarez, valiente política y mujer cultivada: “Nacer mujer es un inmenso reto, circunstancia toral, dura la vida, la hembra viene en pecado concebida, y el hombre nace lleno de respeto”. Todas las vidas humanas merecen respeto.

Las muchachitas nigerianas nos recuerdan que ninguna está libre, que por más leyes que en este México propongamos y aprueben en las Cámaras, ellas están en riesgo si salen solas, si van al parque, si quieren ejercer sus libertades. Pero muchas ni así se libran de la violencia. Sus padres, hermanos, primos, tíos, etcétera, etcétera, piensan que ellas son parte de sus propiedades y abusan de su poder.

En esta tenebrosa historia de las relaciones entre mujeres y hombres, muchos de ellos se resisten a cambiar. Siguen afirmando, de muchas formas, que los hombres son superiores por... ser hombres, y aspiran a que las mujeres obedezcamos, sin rechistar, todas sus ocurrencias.

Pequeña muestra de lo anterior son las protestas de los partidos políticos por la paridad. Senadores hay que afirman que a las mujeres les “falta capacitación”, cuando ellos ni siquiera estaban registrados como militantes de algún partido político. O cuando llegan a la Cámara con orden de aprehensión.

Pensamos que México está ya muy lejos de Nigeria, no sólo en lo geográfico, sino en lo cultural también. Afirmación que habría que tomar con cuidado, al saber de las redes de trata de personas que en México han esclavizado a muchas más de 200 jóvenes, o las desgarradoras historias de las migrantes centroamericanas o de cualquier estado del sur del país.

Mi profunda indignación por todos estos crímenes, mi solidaridad con las mujeres, mi incansable buscar formas de persuadir de nuestros derechos a las y los mexicanos.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clarasch18@hotmail.com

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