Ideas para una futura selección para el INE

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Clara Scherer 04/04/2014 02:44
Ideas para una futura selección para el INE

¿Es muy probable que sólo elijan a tres mujeres en el nuevo consejo?

Me pregunto por qué.

Una respuesta posible: “Cuando un privilegio se ha perdido, los sectores conservadores tratan de mantenerlo y garantizarlo en nuevos escenarios, con nuevas fisonomías y atractivas máscaras”, eso nos dice Pablo Gentili, editorialista de El País.

Si ya está legislándose para que haya 50% de mujeres en los Congresos, la nueva “máscara” se instala, por increíble que parezca, en “la casa de la democracia”, regresándose al 27% de presencia femenina, como hace diez años. ¿El “nuevo Instituto Nacional Electoral supondrá una ‘piedrita en el zapato’ para las mujeres”?

En esto reside la persistencia de la desigualdad, un proceso que, en materia de género, suele ser especialmente poderoso. Las voces de los seis integrantes del impuntual “comité técnico” —llegaron una hora tarde a las entrevistas— pudieron, ya lo sabíamos, más que la voz de la solitaria Soledad. ¿A quiénes se les ocurrió que esa conformación del comité debiera usar sólo “criterios técnicos” para designar a consejeras y consejeros en una instancia que debe ser ejemplo de democracia?

Se dice, con más lógica que pruebas, que ya había ciertos nombres marcados por un fuerte apoyo partidario. Una sugerencia para el futuro: que a quienes se registren se les asigne un número y no se hagan entrevistas. Demostrado está, en la experiencia mundial, que cuando no se conoce el nombre de quien participa, las diferencias entre los géneros desaparecen. La selección nominal opera como un eficiente mecanismo de discriminación contra las mujeres. Con esto, la suspicacia no desaparecerá, ya que los partidos pudieran llegar a conocer el número de sus favoritas/os, pero al menos les costará más trabajo y disminuirá la discriminación.

Aunque los y las integrantes del comité quieran convencernos de que quienes quedaron seleccionados lo lograron por sus propios méritos, sabemos que la investigación ha demostrado que si la relación entre educación y empleo fuera todo lo efectiva que se afirma que es, las oportunidades laborales de las mujeres deberían haber aumentado de forma directamente proporcional a sus logros educativos. Pero no es así. El mercado de trabajo es un ámbito mucho más refractario a la igualdad de género que el sistema educativo. Al mundo laboral (y a los integrantes del comité) parece costarle trabajo la idea de que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos, las mismas oportunidades y el mismo trato.

Aunque las mujeres tienen hoy niveles educativos iguales o superiores a los de los hombres, sus empleos siguen siendo los más precarios; su acceso a los puestos de mando y dirección sigue siendo muy limitado o absolutamente escaso; sus salarios mucho o muchísimo más bajos que los de los hombres, inclusive cuando ejercen los mismos puestos y poseen los mismos niveles de escolaridad. Y el INE parece que continuará con esta muy lamentable práctica.

Y el mismo Pablo Gentili afirma: “Cuando las personas llegan al mercado de trabajo serán clasificadas en virtud de criterios sexistas, racistas y discriminadores que limitarán de manera clara sus méritos educativos”. Qué pena.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clarasch18@hotmail.com

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