La soledad de las mujeres

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Clara Scherer 28/03/2014 02:00
La soledad de las mujeres

En una sociedad como la nuestra, las mujeres ni cuenta se dan de la tremenda soledad en la que viven y los múltiples peligros que las rodean. Encargadas de cuidar a las familias, ocupadas en mil pequeños trajines, ni quien las voltee a ver. Y curioso, pero sus mismas congéneres alimentan esa soledad.

La preferencia familiar es por el niño. ¿Será que sigue vigente el “honor del apellido”? La sociedad, a través de los medios, no se cansa de decir que el niño esto y que el niño lo otro. La ONU ya estableció el Día de la Niña, pues su situación en el mundo es alarmante. En México, el Módulo de Trabajo Infantil (MTI) 2011 reporta que del total de las niñas y las adolescentes que trabajan, 58.2% cubre una triple jornada, ya que combinan el trabajo con la realización de quehaceres domésticos y además estudian.

Y al crecer, su situación no mejora en lo absoluto. Muchas adolescentes no pueden continuar sus estudios por una serie de problemas: las requieren en la casa para cuidar de los hermanitos, las acosan en su escuela, la familia hace oídos sordos al tremendo conflicto que es el incesto. La escuela, además, prefiere a los hombres. Ellas viven la secundaria y la preparatoria en medio de una violencia constante. Violencia que no se expresa en golpes casi nunca, pero que está presente continuamente. La violencia hacia las mujeres ocurre en cualquiera de los espacios físicos en donde interactúan y puede ser ejercida por parte de cualquier individuo, incluso por personas desconocidas. En nuestro país, 40.9% de las adolescentes de 15 a 17 años declararon haber experimentado violencia por desconocidos.

Y en estas instituciones, aunque están intentando revertir la situación, falta por hacer mucho trabajo. Donde hay un servicio de sicología, por lo general es atendido por sólo una mujer. Hay escuelas que tienen mil alumnas, dos mil. Y los alumnos son la otra mitad. Difícil que una persona atienda bien a cuatro mil personas, pero, además, las sicólogas son poco valoradas. Su trabajo, para variar, es invisible, y los apoyos para realizarlo no pasan de escritorio y una computadora.

Los resultados de esta “educación” son muy dolorosos. Los feminicidios, recién nombrados así por insistencia de Marcela Lagarde y otras muchas mujeres, no cesan y los números se incrementan. Hay tortura, tratos crueles e inhumanos, pero ni con todas esas agravantes hay más de una veintena de detenidos. La tradición y la costumbre los calificaba de “crímenes pasionales” y se justificaban porque, quizás, esa “mala mujer había mancillado el honor de un hombre”. ¡Uf! Las madres y mujeres familiares del asesino lo protegen. Entre 2006 y 2012 aumentó en 40 por ciento. En el país se cometen 6.4 asesinatos de mujeres por día, de los cuales 95% quedan impunes.

Y ahora en México, con la penalización del aborto, ellas están siendo perseguidas. Sorprende que está siendo tipificado como “homicidio en razón del grado de parentesco”, y a ellas la policía, si las encuentra y las detiene, el juez dicta pronta y rápida sentencia y son encarceladas hasta por más de 30 años. Muchas veces el acusador es el padre o alguno de sus familiares. Hay 857 mujeres acusadas, pero nadie sabe a ciencia cierta qué está pasando, pues las procuradurías no están dando información. Estas mujeres por supuesto que no tienen recursos para pagar abogados. De cualquier forma, ya lo vimos con Yakiri, su delito es ser mujer, y eso, al parecer, no hay juez que lo perdone.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clarasch18@hotmail.com

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