¿Un mal presagio?

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Clara Scherer 28/02/2014 02:41
¿Un mal presagio?

Hace unos diez días se dio a conocer la lista de los nombres de quienes integran el grupo que seleccionará a las personas que serán designadas como consejeros y consejeras electorales del Instituto Nacional de Elecciones.

Con mucho gusto escuchamos el nombre de la primera: Soledad Loaeza, reconocida académica, politóloga seria y, por ello, responsable. Luego, un hombre, otro, otro y otros. Sólo una mujer, de siete. No vemos voluntad para que el consejo del INE sea, como debe ser, paritario.

Pudiera suceder que el hecho de que haya sólo una mujer en este grupo no signifique necesariamente que elijan mayoritariamente hombres, pero como dicen: “La burra no era arisca” y la experiencia mundial, no sólo en México, nos enseña que cada persona defiende, en primer término, sus intereses.

En el caso que nos ocupa, por supuesto que los hombres han defendido con todo y contra toda lógica democrática, sus privilegios. Pretextos no han faltado, tales como el que las mujeres no estamos capacitadas, suponiendo de entrada que ellos sí; o que esos puestos no nos interesan, cosa que ni siquiera preguntan y responden a su leal saber y entender, o sea, su conveniencia.

El valor fundamental de una democracia es la igualdad. En este ideal de igualdad, la primera cuestión a eliminar es la desigualdad de género, que afecta negativamente a la mayoría de la población, pues México tiene 52% de mujeres. Que un grupo minoritario, los hombres, busquen proteger sus intereses, no es nuevo, pero daña a la democracia.

La voz de Soledad, fuerte, poco puede hacer frente a los vozarrones de seis hombres. Debe poner como primer punto, el primer día que se reúnan, que la selección debe responder a los valores democráticos, por lo que sus pares deberán cuidar que no se elijan más de cinco aspirantes de cada género.

Quiero hacer un ejercicio de confianza. Pensar que los señores diputados y los presidentes de partido están actuando de buena voluntad y sin simulaciones. Urge que nos den la certeza de que estos siete ciudadanos podrán hacer su trabajo sin presiones y sin arreglos oscuros. Si esto es así y muchos periodistas están equivocados por repetir que ya han sido seleccionados las y los consejeros electorales, de acuerdo a cuotas partidistas y a conveniencia de esas agrupaciones políticas, entonces tiene sentido decir que las y los candidatos se agrupen en dos paquetes y que de cada uno elija cinco. Faltaría una persona más, que puede dejarse a la suerte.

En caso de que las cuatro personas que son consejeras del IFE, ojalá sí, sean integradas al nuevo consejo, entonces en el grupo de los hombres sólo quedan dos espacios y cuatro en el de las mujeres.

Una última recomendación: el procedimiento publicado para este propósito, señala que, si no hay acuerdo, las y los nombres serán inmaculados. Si esto llegara a suceder, nuevamente sugiero dos urnas, una para hombres y otra para mujeres. La nueva institución no puede surgir en contra del fundamento democrático de igualdad de género.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clarasch18@hotmail.com

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