Las nuevas reglas electorales

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Clara Scherer 14/02/2014 02:47
Las nuevas reglas electorales

Entre los principios acordados en la Reforma Política, hay que señalar que, aunque nos ha dado una gran alegría ver inscrita la paridad, es decir, 50% de candidaturas femeninas y 50% masculinas para diputaciones federales y locales, es preocupante saber cómo normarán en la ley la obligación de conservar la paridad con el derecho a la reelección.

En principio, sabemos que todos y todas las que hoy ocupan una curul en las cámaras de diputados buscarán la reelección; algunas y algunos, con méritos para ello, aunque en verdad no dependerá sólo de sus deseos. El partido decidirá quiénes van y quiénes no. Así, lo que en principio parece un nuevo obstáculo para lograr una representación igualitaria de las mujeres, debe ser fácilmente superado por los partidos. Al hacer sus listas, tendrán un apartado de “reelectas/os” y otro, con las nuevas candidaturas. Entre las dos partes, sin duda debe haber 50% mujeres y 50% hombres.

Donde no avanzamos ni un pasito, es en las candidaturas a presidencias municipales. Al ser un puesto único, no hay paridad que valga. Pero debemos seguir buscando la forma de abrir en las mentes de los hombres de los partidos, la urgencia de que lleguen más mujeres a esa posición. La experiencia histórica, larguísima, nos ha convencido de que no basta con utilizar los más probados métodos de persuasión y que por ello se han inventado las medidas afirmativas.

Una de ellas, la alternancia, debiera legislarse en el caso de las candidaturas a presidencias municipales. Si en la elección de 2015, por decir un año cualquiera, un partido postuló a un hombre, a la siguiente elección deberá postular una mujer. Este principio tendría muchas ventajas, entre otras, que los partidos se interesarían por promover la capacitación de las mujeres, aplicando debidamente 2% de sus prerrogativas. Las y los expertos afirman que el principio de paridad requiere el de alternancia, especialmente en los casos de puestos uninominales.

La presencia de las mujeres en las Cámaras ha sido decisiva para modificar un sistema de discriminación en contra de ellas. Y como bien sabemos, la discriminación es violencia: desde aquella que se aplica con la fuerza física hasta la llamada violencia simbólica, que se ejerce a partir de otros recursos de poder.

Las leyes en contra de la violencia han sido una de las banderas de las diputadas y senadoras. Hoy, a lo largo del territorio nacional, especialmente en Michoacán, Guerrero, Tamaulipas y muchos otros estados, la violencia es un cruel tormento para sus habitantes, mujeres y hombres, grandes y chicos. Pero el machismo,(según el diccionario: actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres) sigue promoviéndose como la única forma de ser “verdaderamente hombre”.

En México, la seguridad ciudadana es la preocupación principal y la demanda es que no basta con el control policiaco de la delincuencia. Queremos que sea tratado como un tema de derechos humanos y ciudadanas/os, vinculados a la convivencia, la democracia, la inclusión y a la calidad de vida. Me parece inconcebible pensar una ciudad segura sin reconocer, visibilizar y resolver las distintas violencias hacia las mujeres y sus causales en los diversos espacios en que tienen lugar. No es una problemática del ámbito privado, producto sólo de las dificultades de la convivencia. Ha sido una forma de educación, privilegiada no sólo por las familias, las escuelas y los medios, sino hasta por diversas religiones.

Por ello, entre otras muchas razones, debemos tener muchas más presidentas municipales en el país.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clarasch18@hotmail.com

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