Las historias de amor de las De la Peña

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Clara Scherer 06/12/2013 03:02
Las historias de amor de las De la Peña

Resulta curioso encontrar tan maravillosas protagonistas del amor romántico en la historia de México. Claro, son sólo dos anécdotas que a las jovencitas hacen suspirar, pero que narradas por hombres que “conocen” hasta el último resquicio de los sentimientos de las protagonistas, alimentan el deseo de amar y ser amadas con tanta pasión.

Pepita Peña, de nombre Josefa de la Peña y Ascárate, de 17 años, se casa con el mariscal Bazaine, jefe del ejército francés en tiempos de Maximiliano (¿o habría que decir “de Carlota”?). Así lo cuenta quien no estuvo presente: “En la elegante velada (el mariscal) conoció a Josefa Peña y quedó prendado de su belleza”.

Pero, como en toda buena historia, los problemas de la vida real interfieren con su profundo amor. El mariscal parte a Francia, enviado a la guerra contra Prusia (1870). Tuvo que rendirse en el sitio de Metz y enfrentar un tribunal militar que lo declara culpable de la derrota del ejército francés, por lo que fue condenado a muerte, aunque el jurado recomendó clemencia. Se le conmutó la pena por 20 años de prisión, en la fortaleza de Isla Margarita.

Y nos dice el cronista: “Si algo amedrentaría a Mac-Mahon (presidente francés) en su inquebrantable decisión de dejar a Bazaine en la fortaleza, quizás fuera la impetuosidad de aquella jovencita mexicana de veintiséis años, abnegada y dispuesta a cualquier lucha por su esposo de sesenta y tres”. ¡Sin duda alguna!

Pepita, junto con su primo, trama la fuga de su amado. El (avejentado) príncipe azul desciende a trompicones por la muralla de la fortaleza hasta el mar. Mientras, Pepita y su primo van a un restaurante y piden un bote a remos. Ella “se desprendió del impermeable y quedó con un vestido blanco, para hacerse más visible en el momento anhelado, en el cual Bazaine se encaminara al bote”. Logran subir al bote al mariscal, pero ya no podrán vivir juntos; pasan un tiempo en España y Pepita, seguro trastornada por su amor a México, decide regresar. El mariscal muere asesinado y solo, unos años después.

Dicen que “el erotismo es el modo vital que tiene la muerte de presentarse y destruir la energía del varón”. Quizá, ése fue el motivo de la trágica muerte de Manuel Acuña, famoso por el Nocturno a Rosario

Muchas personas le atribuyeron a Rosario de la Peña ese tan apasionado amor que provoca el suicidio del joven poeta. Uno de los cronistas de este lamentable episodio comienza afirmando que “Ha de haber sido doloroso para Rosario de la Peña y Llerena ganar el título de Rosario la de Acuña”.

Nos dice la apasionada cronista: “Rosario de la Peña fue una joven bellísima que unía a su hermosura talento y finura y que sin haber sido ella misma escritora o poetisa, estuvo rodeada por intelectuales y regalada con poemas como los de Ignacio Ramírez (El Nigromante), o por las cartas y apasionados poemas de José Martí. Conocerla y tratarla ha de haber sido una delicia y si Acuña lo hacía, no podía menos que caer rendido a un amor imposible, silencioso y trágico”.

Afortunadamente para los jóvenes poetas, ya no hay mujeres como ésa que cautivó a Acuña: bellísimas, talentosas y finas, que los atrapen en sus redes y los hagan “caer rendidos ante un amor imposible, silencioso y trágico”.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clarasch18@hotmail.com

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