Pobreza, castidad y obediencia

Se hablade la feminización de la pobreza y el Coneval demuestra, año tras año, que ellas siguen siendo las más pobres.

Los tres muy famosos votos monásticos parece que han desbordado los conventos e irradian su influjo a todas las mexicanas. Sorprende que después de tantos cambios, incluyendo los métodos anticonceptivos, los feminismos de todo tipo, la educación de muchas mujeres en los más altos niveles y la llegada a puestos de toma de decisiones de muchas, sigamos con esta cantinela.

No en balde se habla de la feminización de la pobreza y el Coneval demuestra, año tras año, que ellas siguen siendo las más pobres. Gloria Careaga nos dice: “Las mujeres que viven en la pobreza a menudo se ven privadas del acceso a recursos de importancia crítica, como los préstamos, la tierra y la herencia. No se recompensa ni se reconoce su trabajo. Sus necesidades en materia de atención de la salud y nutrición no son prioritarias, carecen de acceso adecuado a la educación y a los servicios de apoyo, y su participación en la adopción de decisiones en el hogar y en la comunidad es mínima. Atrapada en el ciclo de la pobreza, la mujer carece de acceso a los recursos y los servicios para cambiar su situación”.

Sobre la castidad, aunque pudiera parecer algo muy pasado de moda, está claro que en las mentes de todas y todos sigue surtiendo un raro efecto. Las mujeres siguen siendo calificadas en “buenas” y “malas” según su manera de comportarse. Por supuesto, si ellas ocupan una posición de poder, la exigencia es mucho mayor y las críticas mucho más severas. Algo sigue sin cambiar.

La obediencia ni se diga. ¿Cómo osa una mujer no acatar la orden masculina? Ya sea del padre, el hermano, el marido o el novio, amante, compadre o cualquier relación que tenga con ella, él se siente con todo el derecho de ordenarle cualquier cosa, hasta de hacerla callar.

Muchas personas no estarán de acuerdo, pero el doctor Raúl Plascencia Villanueva, titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, aseguró que “a pesar de la promulgación de leyes sobre igualdad y erradicación de la violencia en contra de las mujeres; en nuestro país continúan viviendo en condiciones de desigualdad, sumisión y discriminación”.

Stuart Mill, hace ya muchos años, afirmó que la obediencia de las mujeres se debe a que la educación que reciben “tiende a destruirlas como personas autónomas y a inculcarles como único fin de sus vidas el servicio abnegado a los demás en el doble papel de esposa y de madre... Lo que ahora se llama naturaleza de las mujeres es algo eminentemente artificial, consecuencia de la represión forzada en algunos sentidos, de un estímulo antinatural en otros”.

¿Será que debemos mandar cartas urgentes a Estados Unidos, a Apple, a Microsoft, a Google?, porque dicen que ahí están las personas que inventan el futuro. ¿O debemos poner a leer mucha ciencia ficción a las niñas y a las jóvenes de nuestro país? Algo debemos hacer porque sigue habiendo mucho sufrimiento inútil y mucho talento desperdiciado.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clarasch18@hotmail.com

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