Colombia: no ganó el “No”
Aunque numéricamente el “No” haya ganado el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz en Colombia, la causa de la paz ha avanzado años luz, pues el resultado adverso a los acuerdos no significará, en la práctica, el regreso a la situación que privaba hace cuatro años al inicio de las negociaciones. El presidente Juan Manuel Santos recibe una derrota importante que puede convertir en activo positivo dependiendo de su conducción y del usufructo que haga del regalo que le ha hecho el expresidente Uribe.
Me explico: la derrota del “Sí” en el plebiscito ha puesto frente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) el espejo en el que se habían negado a mirarse. Aunque es cierto que la propaganda negra y las mentiras, como aquella de que los Acuerdos de Paz entregaban a Colombia a las FARC, a un proyecto de socialismo a la venezolana y a la “ideología de género” (sic), han debido ganar votos para el “No”, la verdad es que han sido los horrores perpetrados por la guerrilla por más de cinco décadas, los miles de secuestrados, los asesinados en forma cruel e inhumana, su mimetismo con los narcotraficantes, los soldados niños reclutados a fuerza, su alianza con grupos de delincuentes a quienes compraban secuestrados e incontables crímenes de lesa humanidad, el argumento más importante a favor del “No”.
Si según el equipo negociador los acuerdos habían sido “lo mejor que se pudo obtener” por la dureza de las FARC, ahora éstas regresarán a la mesa de negociaciones en posición de mayor debilidad y será posible que los capítulos de justicia transicional y reparación a las víctimas mejoren notablemente, como lo reclamó no sólo el uribismo radical sino organismos pro derechos humanos como Human Rights Watch a través de su vocero José Miguel Vivanco. Timochenko, cofirmante de los acuerdos con el presidente Santos, ha reaccionado a la derrota afirmando que “las FARC mantienen su voluntad de paz y reiteran su disposición de usar solamente la palabra como arma de construcción hacia el futuro”.
El “No” de más de seis millones de colombianos también demostró que las FARC no fueron suficientemente empáticas con los reclamos de miles de víctimas. Pidieron perdón apenas el día de la firma y en los días que pasaron entre ésta y la celebración del plebiscito anunciaron la reparación del daño económico a las víctimas. Demasiado poco, demasiado tarde.
Reitero que no creo que sea posible para las FARC regresar a la selva a hacer la guerra. Más allá de la firma, los acuerdos comenzaron a implementarse en la práctica y para demostrar la seriedad del compromiso de los firmantes se inició la desmovilización de miles de efectivos, el alto al fuego bilateral, la destrucción y entrega de armamento, el inicio del desminado, el abandono del uniforme militar y el abandono de la clandestinidad. Imposible volver el reloj cuatro años atrás.
El expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, con toda y su retórica ultraderechista y estridente, también tuvo que dar pasos atrás. Uribe transitó de estar convencido y defender que la única salida era la derrota total e inequívoca de las FARC, meta militar que avanzó de manera importante en su mandato, de condenar totalmente el inicio de las negociaciones gobierno-guerrilla, a declararse también partidario de la paz y a cambiar el discurso del “No”, ahora también en favor de la paz, debido a la fuerza que ganó la propuesta de paz.
La paz y el perdón se han logrado en algunos conflictos internacionales con miles de víctimas y crímenes de lesa humanidad, notablemente Irlanda del Norte y África del Sur. Colombia todavía puede ser el siguiente ejemplo. Y estoy convencida de que en ciertas regiones de nuestro México, notablemente en aquellas en las que la guerra sucia de hace tres décadas arrasó, masacró y torturó, se requiere también un proceso de reencuentro, diálogo y negociación.
Mi pésame y solidaridad a los familiares y amigos de Luis González de Alba, brillante ejemplo de la generación del 2 de octubre, que tanto dio al país y a la causa de la divulgación de la ciencia y la diversidad. Descanse en paz.
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