CDMX: El beneficio de la incertidumbre

La próxima Constitución de la Ciudad de México se debate y construye en la mejor de la circunstancias: con la incertidumbre de quién la gobernará próximamente. Así no tendrá una dedicatoria interesada hacia un partido o fuerza particular. Pero sí hay un interés y éste es claro y sencillo: tener una mejor ciudad para los ciudadanos que la habitan y para quienes la transitan y trabajan en ella, lograr un mejor ejercicio de la democracia que pueda iluminar nuevos caminos y nuevas alternativas a los aciagos días que vive el país, continuar y ampliar el ejercicio de nuevos derechos de la ciudadanía en forma ordenada y consensuada de tal manera que estas experiencias puedan ser un referente local para otras entidades o, mejor aún, para todo el país.

A la memoria del arquitecto Teodoro González de León, cuya obra embellece a México.

La reforma constitucional que dio lugar a la Asamblea Constituyente tampoco se hizo con dedicatoria. En el interesante discurso que pronunció el diputado constituyente de Morena, Javier Quijano, se apunta que “Morena era ya la primera fuerza política electoral de la Ciudad cuando se formalizó la reforma política en 2016”. Efectivamente, la reforma política se aprobó en diciembre de 2015, cuando ese partido había ganado las elecciones de julio de ese año, pero el contenido de la reforma se aprobó en abril, cuando no se habían celebrado las elecciones.

En la Cámara de Diputados decidimos en diciembre pasado no hacer cambios sustantivos ni de forma a la minuta que nos había enviado el Senado desde abril, por temor a que ese cuerpo legislativo la retuviera por meses o años, como ha sucedido con otras minutas que devolvemos con cambios. La Reforma Política referente a la Ciudad de México había sido archivada en diciembre de 2014 por el ambiente altamente polarizado que se vivía en el Senado por la Reforma Energética. Enviar un nuevo texto arriesgaba convertirlo nuevamente en toma y daca de nuevas leyes y reformas, lo que garantizaría su posposición. Y aun si se hubiera llegado a un acuerdo político para dictaminarla, existía el riesgo de que un nuevo texto no conseguiría la mayoría constitucional. Es importante recordar que el Partido Acción Nacional votó dividido: 18 votos a favor, 18 votos en contra y una abstención. Y en cuanto al partido mayoritario en el Senado, el PRI, tampoco teníamos certidumbre respecto a una nueva propuesta de contenido.

En el alegato en la Cámara de Diputados a favor de “más vale pájaro en mano que ciento volando” contaba la confianza de que la reforma tenía más bondades que limitaciones y que, sobre todo, el peso de la opinión pública obligaría a corregir las peores fallas o carencias. Por ejemplo, la reforma constitucional “olvidó” exigir la paridad de género en la conformación de la Asamblea Constituyente a pesar de que ésta ya estaba inscrita en la Constitución desde 2013 para elecciones federales y estatales. Y sin embargo, por el hecho de que la inclusión paritaria de las mujeres ya ha devenido un paradigma felizmente inevitable, la conformación de la Asamblea es muy cercana a la paridad: 47 mujeres y 52 hombres.

Resta el tema de los constituyentes designados (como quien esto escribe). Seguramente hay otras y mejores fórmulas para integrar un Constituyente, pero ése es un asunto de libro de texto. Ésta no fue una convocatoria a legislar después de una ruptura revolucionaria como en 1917 o una transición radical como en Bolivia o Ecuador. Se trata de la culminación de una batalla de décadas por darle a la Ciudad de México los derechos de los que carecía y el convencimiento de la mayoría de las fuerzas políticas de que había llegado el momento para hacerlo, so pena de un deterioro en la vida política y cotidiana de la ciudad. Por otra parte, veo en declaraciones del constituyente Quijano que el principal argumento contra los diputados designados no es tanto que no hayan sido electos, pues sugiere que pudieran haber sido 75, incluyendo los designados por el Jefe de Gobierno y por el Presidente de la República, sino por el hecho de que diputados y senadores no podremos “tener el don de la ubicuidad” y participar plenamente con ambos encargos.

Argumentos jurídicos aparte, creo que ése podría ser un reto para los designados varones, pues las mujeres estamos acostumbradas a cumplir a cabalidad con tareas simultáneas y, gracias a la tecnología, somos frecuentes usuarias y consumidoras del don de la ubicuidad. Nos vemos en la Asamblea Constituyente, que podrán seguir en vivo todo aquel que quiera hacerlo y también en Twitter: @ceciliasotog y fb.com/ceciliasotomx

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