El autogol de la ignominia
La etapa más difícil para aprender un idioma es el uso de las preposiciones, pues éstas no obedecen tanto reglas gramaticales como costumbres. Por ejemplo, en español se dice “votar por”, en inglés “votar para”, en portugués “votar en”. Es por eso que cuando Luis Videgaray, secretario de Hacienda aprendiz de canciller, justifica la invitación a Donald Trump argumentando que el Presidente actuó como hombre de Estado, debemos corregirlo: actuó como hombre en estado avasallado, en estado visionario, es decir, que ve visiones (“Trump cambió su tono”), en estado de ingenuidad adolescente (“ha habido malas interpretaciones”), en estado de dócil anfitrión (“Podemos modificar el TLCAN”). En estado ignominioso.
No repetiré los argumentos acerca de la falta de dignidad al invitar a un candidato que ha hecho del ataque a México el punto fuerte de su campaña, de la completa ausencia de astucia política, de la incomprensible torpeza en cuanto a la fecha escogida, de la estupidez de tratarlo como jefe de Estado prestándole el escenario de la residencia oficial para hacerlo parecer presidencial. Todo eso se ha dicho en forma prolija y justa.
Me referiré a dos argumentos esgrimidos por el secretario Videgaray en el programa de Joaquín López-Dóriga, Si Me dicen No vengo. Primero, que el Presidente hizo lo mismo que Barak Obama cuando ignoró los insultos de los hermanos Castro para sentarse a dialogar con Raúl Castro y dar paso al reinicio de relaciones diplomáticas. Segundo, que la invitación al candidato republicano era imprescindible si queremos salvar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, y los muchos empleos que dependen de éste en el caso que Donald Trump gane las elecciones.
Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba no se reiniciaron, simplemente, porque Barack Obama decidió proponer un diálogo con el Presidente cubano, Raúl Castro. Tuvieron que pasar décadas para que maduraran las condiciones en ambos lados. El primer intento de diálogo lo inició Jimmy Carter con su Directiva Presidencial NSC-6, el 15 de marzo de 1977. En ésta (https://nsarchive.gwu.edu/news/20020515/), el presidente Carter establece el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba como meta de su política exterior e instruye a su Procurador General a que vigile que los exiliados cubanos no cometan actos de terrorismo contra la isla. Esta iniciativa fracasó. Tuvieron que pasar cambios profundos en el mundo: la desaparición de la URSS, la caída del Muro de Berlín, la adopción por parte de China de cierta modalidad de capitalismo, el consenso internacional acerca del fracaso y la inviabilidad del socialismo teórico y real, la llegada del internet y su penetración en Cuba, la caída de los precios del petróleo y con ésta la interrupción del subsidio venezolano a la isla y lentos cambios internos instituidos en Cuba a partir del retiro de Fidel Castro, para que la posibilidad de un diálogo con Estados Unidos tuviera alguna viabilidad.
Aún así, antes de las conversaciones directas entre el presidente Castro y el presidente Barak Obama, el Vaticano y el gobierno de Canadá condujeron durante meses delicadas conversaciones secretas entre los equipos de ambos gobiernos. Y esto nos lleva al tema del TLCAN.
Es cierto, como afirma Videgaray, que el Presidente de Estados Unidos puede dar por terminado el Tratado sin pasar por el Congreso estadunidense. Y con algunas variaciones así lo han prometido en campaña los candidatos Bill Clinton, Barack Obama, Hillary Clinton y obviamente, Donald Trump.
¿Invitar al candidato republicano era la única manera de iniciar conversaciones sobre el alto costo para ambas naciones de una denuncia del TLCAN? Cualquier tercer secretario de la SRE recomendaría otras alternativas antes de acudir, directamente, al candidato, especialmente, si va abajo en la mayoría de las encuestas y sobre todo, si a México le conviene por muchas razones que gane Hillary Clinton.
Por ejemplo, iniciar contactos y conversaciones con los empresarios norteamericanos cuyos negocios dependen del TLCAN. Hacer lo mismo con el equipo de asesores económicos de Donald Trump, con los medios de comunicación y periodísticos conservadores, con los congresistas cuyos estados y distritos tienen un alto número de empleos que dependen del comercio con México y tantas otras formas de evitar un acto ignominioso e indigno como el que protagonizó el presidente Peña Nieto.
Y cualquier subdirector de la Secretaría de Economía rechazaría como la peor estrategia perdedora en una negociación obsequiar gratuitamente la promesa de que se modificaría el TLCAN, tal como lo anunció el presidente Peña Nieto frente a Trump en la conferencia de prensa. Si no se puede ir el presidente porque no hay revocación de mandato, que salga Videgaray, ya. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog y fb.com/ceciliasotomx.
