Dos mitos sobre la Reforma del DF
Que la reforma se hizo contra Morena. Este mito argumenta que dado que Morena logró un voto mayoritario en el DistritoFederal en las elecciones de julio pasado, la integración de la Asamblea Constituyente fue diseñada para otorgarle una sobrerrepresentación al PRIque anule a esa nueva mayoría.
Sólo que el diseño de la integración de la Asamblea Constituyente, tal como quedó en la reforma cuya constitucionalidad acaba de ser reconocida, fue aprobado por el Senado de la República en abril de 2015, tres meses antes de las mencionadas elecciones y cuando no se preveían los resultados que aumentaron en forma tan notable la pluralidad en la Ciudad de México.
Los partidos que en la Cámara de Diputados estuvimos en favor de la Reforma Política — todos con la excepción de Morena— coincidimos en que si se realizaban cambios de fondo a la minuta enviada por el Senado habría que devolverla a ese cuerpo legislativo y renunciar a tener una reforma en los años venideros.
A diferencia de la Cámara baja en la que por su número los grupos parlamentarios están obligados a seguir cierta disciplina partidaria, en el Senado prevalece una dinámica muy influida por las personalidades individuales. Sin el Partido Acción Nacional era imposible obtener la mayoría constitucional de dos terceras partes en favor de la reforma y la bancada de ese partido había votado dividida en abril: 18 senadores en favor, 18 en contra y una abstención. Tampoco contábamos con el voto de toda la izquierda, pues los senadores simpatizantes con Morena votaron en contra.
Si el Senado de la República se tardó más de un año en revisar y aprobar la minuta sobre la desindexación del salario mínimo enviada por la Cámara de Diputados, un proyecto en el que a esas alturas no había controversia, cuánto tiempo se tardaría en revisar y aprobar los cambios de fondo que se hicieran al proyecto de Reforma Política del Distrito Federal, un proyecto menos unánime que el del salario mínimo. Si no lo aprobábamos en diciembre la reforma no podría ponerse en práctica en las elecciones de 2018 debido al apretado calendario electoral que requiere su implementación.
De tal manera que se decidió aprobar un proyecto para el que todos teníamos mejoras que aportar, pero que de hacerlas corríamos el riesgo de posponerlo un vez más por años, como había sucedido con proyectos anteriores.
La Reforma Política se aprobó no contra Morena, sino a pesar de Morena, que prefirió mantener el estatus de supeditación de la ciudad al Ejecutivo federal que arriesgarse a un cambio imperfecto.
Segundo mito: Sólo la elección de cien por ciento de los diputados constituyentes garantiza la representación popular y la participación ciudadana. ¿Vox populi, Vox Dei? Aunque la elección democrática es un método que en efecto permite una gran representatividad no es garantía de servir bien a la comunidad que representa. Y basta un ejemplo. Los constituyentes de 1917, electos todos democráticamente, ignoraron a 50 por ciento de la población al negarle el voto a las mujeres. Y no porque no se supiera del tema. Otros países ya habían dado el voto a las mujeres desde fines del siglo XIX, ya había habido un Congreso Feminista en 1916 en Yucatán y el Constituyente desechó una iniciativa
presentada por la influyente secretaria de Venustiano Carranza.
Uno puede estar o no de acuerdo con el hecho de que 40 constituyentes serán designados: 14 por la Cámara de Senadores, 14 por la de Diputados, seis por el Jefe de Gobierno y seis por el Ejecutivo federal, pero es difícil negar que hay una lógica en este diseño y que ésta va más allá del pleito partidario. No sólo el Congreso de la Unión y el Ejecutivo federal ceden facultades a la nueva Ciudad de México, sino, que también ésta seguirá siendo sede de los Poderes de la Unión. Es natural que haya interés legítimo en opinar y procurar que la Constitución de la nueva entidad federativa garantice las mejores condiciones para la función de capital de la República e integrante de un federalismo sano y vigoroso.
Ninguna fórmula de integración del Constituyente garantiza por sí misma y en forma automática un resultado satisfactorio. Sólo el compromiso profundo con la democracia y con la ciudadanía pueden contribuir a un resultado del que nos sintamos orgullosos. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog.
