Sí, extraditar a El Chapo

Como cuando uno busca ofertas en internet, voy a empezar por la razón más barata y menos elegante para argumentar en favor de la extradición de Joaquín Guzmán a Estados Unidos: para que ellos lo mantengan por 20, 30 o más años que le quedan de vida. Lejos de las razones de justicia, derecho y conexas, la extradición de delincuentes narcotraficantes a los vecinos del norte contiene uno de los pocos —o quizá el único— elementos de castigo directo al gobierno de ese país por fomentar la guerra a las drogas, presionar en favor del prohibicionismo, facilitar el tráfico de armas y otras políticas que tanto daño han hecho a países como Colombia y México: que el presupuesto estadunidense cargue con los gastos para mantener, cuidar y vigilar a los delincuentes que esas políticas han propiciado.

O al revés: ¿por qué tendría que pagar el contribuyente mexicano la manutención y los considerables gastos extra que significaría mantener encerrado por dos o tres décadas al Houdini sinaloense que ha corrompido y asesinado a diestra y siniestra para seguir surtiendo de drogas a Estados Unidos? Que lo paguen ellos no sólo por mínima justicia, sino porque además el crecimiento de esos gastos sí puede ser un elemento que acumulativamente pueda sensibilizar al Congreso norteamericano sobre las contradicciones de la estrategia prohibicionista contra las drogas.

Tampoco creo que la razón principal para extraditarlo sea por temor a que se vuelva a escapar. Ciertamente hay menos posibilidades de que escape de una prisión americana que de una mexicana, pero tampoco son de dimensiones galácticas los cambios que hay que hacer directamente en los sistemas de vigilancia en torno a Guzmán Loera para mantenerlo seguro aquí. Lo que sí es cierto es que los recursos con los que cuenta y la leyenda en torno a su persona reforzada por la fuga del verano pasado, representan un fuerte factor desestabilizador en la prisión en la que se le mantenga, factor que obligaría a utilizar más recursos en este caso.

No me convence el argumento de Héctor Aguilar Camín y otros de que al extraditarlo admitimos que no podemos con el paquete, que esto representa una especie de rendición ante las dificultades para reformar el sistema carcelario en México. Se argumenta también que hay que demostrar que así como se logró la recaptura con singular eficacia, así se le puede mantener bien guardado sin posibilidad de escape. Casi se deriva de este argumento que mantener aquí a El Chapo ayudaría a reforzar cierto orgullo patrio. No comparto ese argumento ni el que acude a la soberanía nacional para negar la extradición.

Creo en cambio que la extradición a Estados Unidos reduce en forma casi total el poder de Joaquín Guzmán. De negar la extradición, es posible que por el acicate de no volver a convertirnos en el ridículo mundial se pueda impedir una nueva fuga. Lo que sí es mucho más difícil es impedir que desde la cárcel siga manejando el negocio del tráfico de drogas. En una cárcel estadunidense esto es muy difícil, no sólo porque es un sistema más eficiente, sino también porque no es el territorio del señor Guzmán Loera: su leyenda se desvanecerá conforme se le acabe el tinte para ocultar sus canas y se acabe el efecto de sus procedimientos estéticos.

La extradición tampoco entrega toda la inteligencia derivada de una captura importante como la del Chapo Guzmán a Estados Unidos: una condición exigible es que en todo interrogatorio esté presente un funcionario mexicano.

Pero lo más importante es que la extradición puede tener un efecto demostración potente entre los otros capos de la delincuencia organizada. Como lo he expresado con anterioridad, estoy en favor de una estrategia que lleve a una rendición pactada de los principales grupos delincuenciales. Para ello es esencial el efecto de una legalización o no penalización del consumo de drogas, que traiga una pérdida radical de sus ingresos económicos; una percepción de derrota y estrechamiento de sus márgenes de maniobra territoriales a la que contribuyen acciones como la recaptura de Joaquín Guzmán y la mayor eficacia del ejército, la marina y la Policía Federal, el fin de la impunidad, así como la certidumbre de que su destino puede incluir una celda incomunicada en Estados Uunidos. Falta mucho para llegar a lograr ajustar las condiciones que menciono, pero la extradición nos acerca. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog.

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