Todas las mujeres ¿a trabajar?

Los lectores de este artículo saben que cada vez que se incluye a las mujeres que deciden quedarse en casa a cuidar a sus hijos como ninis, de mi pluma surgen rayos y centellas. No sólo yo. Dos distinguidos investigadores del Inegi, los doctores Gerardo Leyva y Rodrigo Negrete, demostraron en su artículo NiNi: un término ni pertinente ni útil que existe un importante número de madres jóvenes que, pudiendo trabajar o estudiar, deciden quedarse en casa a los cuidados del hogar.

Aventuro incluso que una mayoría de ellas se dedica a cuidar a sus hijos, especialmente cuando éstos son muy pequeños, de los 0 a los  4 o 5 años. No son ninis. Son mexicanas que realizan un trabajo no remunerado, que requiere gran especialización, amor, dedicación y jornadas extenuantes, y que se ha calculado que representa 20% del PIB.

Viene este comentario por algunos de los conceptos vertidos durante la presentación de la Norma Mexicana en Igualdad Laboral y No Discriminación. La norma en sí representa un esfuerzo importante para cerrar la brecha salarial y de oportunidades de ascenso entre hombres y mujeres, así como para hacer del lugar de trabajo uno más incluyente y que ofrezca oportunidades de realización personal. Incluye también un énfasis especial para impedir formas equivalentes al trabajo esclavo y para impedir el trabajo infantil. Sin embargo, me temo que el destino de esta NOM es lo que ya rige para tantos ordenamientos constitucionales o normas mexicanas: sirven como faro lejano para saber hacia dónde debemos ir, pero pocas veces inciden en la práctica. Va un ejemplo: La Constitución ordena que todos los mexicanos tengan acceso a la salud, pero la Secretaría de Hacienda propone una disminución del 6.7% en el presupuesto para 2016. Si en 2015 no alcanza ni para las vacunas, el cumplimiento de lo ordenado por la Constitución es espejismo.

Y aquí es donde está mi inquietud respecto de la nueva norma para incentivar la igualdad laboral. En su discurso, el presidente Peña Nieto se refirió a que sólo 43% de mujeres en edad de hacerlo se han incorporado a la fuerza de trabajo. Como ejemplos de mayor inserción laboral, citó a Chile con una participación de 56%, Colombia con una de 63% y Estados Unidos con 68 por ciento.

¿Por qué hay una inserción laboral de las mexicanas relativamente baja? ¿Son flojas? ¿No las dejan salir de sus casas? ¿Le tienen miedo al trabajo? ¿No están calificadas para hacerlo?

La demografía, la injusta situación de desigualdad y falta de servicios explican esta baja participación.*

Hay importantes diferencias en el perfil demográfico de los tres países latinoamericanos citados por el Presidente. Los primeros cuatro estratos de la población chilena, aquellos que incluyen a niños y jóvenes de 0 a 20 años, representan al 28% de la población. En Colombia representan al 33.8 y en México al 38.2%. Es decir, en México hay una población de niños y jóvenes que demandan cuidados de la madre (o los padres) o cuidados alternativos de estancias infantiles, centros de primera infancia, etc., significativamente mayor que en Chile (10 puntos porcentuales mayor) y que en Colombia (cuatro puntos porcentuales de diferencia). Mientras que en Chile hay una tasa bruta de natalidad de cinco nacimientos por cada mil, en Colombia es de 14 nacimientos y en México de 18.

La preparación también cuenta: 84% de las chilenas estudiaron secundaria, comparado con 69% de las mexicanas.

Si el Presidente quiere que aumente la inserción de las mujeres al mundo del trabajo, entonces hay mucho por hacer para facilitar este paso a las mujeres que deseen hacerlo. Por ejemplo, apoyar las modificaciones que propondremos un número importante de legisladores para que crezca el Presupuesto 2016 dedicado a las estancias infantiles: tanto las formales en el IMSS, en el ISSSTE, así como las estancias infantiles apoyadas por DIF/Sedesol. ¿Crecerán las estancias infantiles con la reducción al presupuesto en salud para el IMSS y el ISSSTE? ¿Seguirá Sedesol con el congelamiento absoluto del programa de estancias infantiles que ha mantenido durante los primeros tres años de gobierno? ¿Preferirá seguir apoyando el Seguro a las Madres, que requiere la muerte de éstas para beneficiar a sus hijos?

Finalmente, ¿por qué no dejan que las mujeres decidan? Cito aquí las palabras de los investigadores Leyva y Negrete: “Hemos mostrado que no se puede prejuzgar sobre la relevancia y/o racionalidad de dedicarse o no a los cuidados del hogar y que prescribir otra cosa supone que se tiene más o mejor información que quienes así deciden actuar en ese momento de su vida”.

En suma: faciliten su vida, pero no les digan qué hacer. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog

*Estadísticas de CEPALSTAT.

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