Los campeones del populismo chic

¿Qué decir de un gobierno que con tal de ganar las elecciones de junio de este año baja las tarifas eléctricas por decreto y pone en peligro de quiebra a la Comisión Federal de Electricidad? En el primer semestre de 2015, la CFE tuvo pérdidas por 35.5 mil millones de pesos, dos veces y media más que el mismo periodo de 2014, cuando las pérdidas fueron de 13.9 mil millones de pesos.

Y, sin embargo, durante el primer semestre de este año hubo una baja considerable de todas las tarifas domésticas, de alrededor de 18 por ciento en promedio. El secretario de Hacienda, Luis Videgaray, justificó la baja en las tarifas como efecto de una ganancia en eficiencia, “resultado de la Reforma Energética aprobada en agosto de 2014”.

¿Se reconfiguraron las plantas en menos de un año? ¿Se implantaron nuevos procesos de gerenciamiento? ¿Se sustituyeron subestaciones viejas? ¿Se renovaron líneas de transmisión obsoletas con tecnología de punta? ¿Se negoció positivamente con el SUTERM? ¿Se revaluó el peso y disminuyó la deuda de CFE? Todo lo contrario: en las aclaraciones a los posibles inversionistas en Certificados Bursátiles, los directivos de la empresa advierten que en esta etapa tan incipiente de la aplicación de la reforma, los riesgos e incertidumbre son considerables y que en numerosas áreas que inciden en formación de precios y otras que atañen al bienestar financiero de la empresa, no sólo no han llegado a acuerdos todavía con la Secretaría de Hacienda ni con el Sindicato sino que enfrentan riesgos importantes. Transcribo lo que afirmaban en abril de este año: “…en este momento no podemos predecir a largo plazo los efectos de la implementación de este nuevo marco legal, aunque estos efectos podrían ser adversos a nuestros intereses en aspectos significativos”. “Las políticas del gobierno de México que afectan el valor del peso podrían impedirnos pagar nuestras obligaciones extranjeras...En particular, una depreciación del valor del peso frente al dólar podría incrementar nuestros costos porque nuestras principales materias primas son los combustibles fósiles cuyos precios están en dólares u otras monedas extranjeras”.

Continúa el informe: “La depreciación del peso frente al dólar en 2014 se tradujo…de una pérdida de 979.5 millones de pesos en 2013 a una pérdida de aproximadamente 22 mil 802 millones de pesos en 2014.” ¡Veintidós veces más de pérdidas! Si consideramos que poco más de una tercera parte de la deuda de CFE está denominada en dólares y la mitad a interés variable, los riesgos del entorno internacional tan volátil son enormes.

Pero había que ganar las elecciones...aunque se aumentaran las pérdidas y se pusiera en riesgo a la empresa. El secretario de Hacienda ordenó baja en las tarifas de una manera que merece el calificativo de “populismo chic”: CFE tiene 38 millones de usuarios. A los 19 millones de consumidores en la tarifa más baja sólo les descontó un centavito, es decir, un descuento del 1.2 por ciento pero a los consumidores de alto consumo, una élite pequeña (400 mil aproximadamente) pero influyente en la formación de opinión pública, les descontó nueve por ciento, lo  que representó una pérdida del 10 por ciento en los ingresos tarifarios de la empresa.

Las tarifas industriales que representan casi el 58 por ciento de ingresos tarifarios  bajaron 8% también. La empresa afirma que sus costos de explotación disminuyeron casi siete por ciento, principalmente por la baja en los precios internacionales del gas. Pero nadie puede estar seguro del monto de este abaratamiento dado que antes del colapso del precio internacional del petróleo,  hubo una licitación internacional con precios indexados a 15 años para la compra de gas natural.  Las cuentas de CFE son oscuras como la noche y ahora, como Empresa Productiva del Estado, lo serán más especialmente para el Congreso. Para el primer trimestre de 2015, el total de costos operativos y gastos sólo bajó 1.7 por ciento, pero había que bajar las tarifas en forma significativa ya sabemos para qué: para ganar las elecciones y de paso incidir en la baja de la inflación, aunque fuera artificialmente.

Abaratar más las tarifas a los que más tienen es una política regresiva que seguramente requerirá subsidios y, por tanto, usará los recursos de todos, para beneficiar al uno por ciento de los usuarios de electricidad. Ésta es una política pública que desdice uno de los aspectos positivos de la reforma fiscal pasada: fortalecer las finanzas públicas cobrando más a los más privilegiados para redistribuir riqueza y disminuir extremos de riqueza y pobreza. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog.

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