A ver quién se cansa primero

México vive su muy particular momento de los “indignados”. Encontró cauce por varias vías: las candidaturas independientes, los nuevos partidos políticos y el vasto movimiento demujeres que demanda acceso a la toma de decisiones. Las tres vías se alimentan de la indignación.

La causada por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa como la singularidad que resume el desgaste asociado a la crisis de violencia e inseguridad y la precarización del trabajo; la indignación por el contagio de los partidos políticos con la corrupción, el statu quo y la concentración de sus energías en luchas internas en vez enfocarse en la gente y la indignación por las continuas trabas al ascenso de las mujeres y el simple cumplimiento de la ley respecto a su presencia en la vida política nacional.

De las tres vías, la primera y la última son las más prometedoras. La segunda, la emergencia de nuevos partidos políticos es la más débil, pues no está claro qué tanto tienen de nuevo y diferente: Morena actúa más bajo la lógica de ser un desprendimiento del PRD y mucha de su energía parece más enfocada a negar su cuna común que a objetivos de largo plazo. El Partido Encuentro Social tuvo activa ayuda de la Secretaría de Gobernación para lograr su registro; le falta un largo trecho para ganar independencia y vida propia.

La fuerza de las candidaturas independientes viene del ascenso de una cultura política que rechaza la corrupción en cualquiera de sus formas y la insatisfacción con las condiciones económicas de la mayoría de las familias. Es un salto cuántico lejos de la cultura madre del sistema político mexicano que considera la corrupción pequeña y grande, cotidiana y de ligas mayores como un mal menor, como un rasgo más de la excepcionalidad mexicana. El iniciador de la cultura de rechazo a la trampa y la suciedad fue el Partido Acción Nacional, el PAN, y su lucha contra el fraude electoral; perdió esa marca con la corrupción que caracterizó a varios de sus gobiernos y sobre todo, por el escándalo de los moches. La izquierda sólo abrazó en forma generalizada la causa de la limpieza electoral hasta que fue víctima del fraude y del robo de una elección presidencial, en 1988. PRI, PAN y PRD tuvieron una tunda electoral de aquellas en junio pasado. Los dos últimos ensayan y exploran vías de cambio y vigorización de su energía política. El PRI deslumbrado con una mayoría conseguida a fuerza de trasfundir cuadros priistas a las filas del Partido Verde, se encamina a una nueva derrota en la elección presidencial de 2018.

En Nuevo León se produjo una poderosa sinergia entre el hartazgo con un gobierno inepto y que se percibe como corrupto, el surgimiento de una figura carismática, no muy diferente de la de Fox-candidato, que logró alianzas fundamentales como la del exsenador y exgobernador Fernando Elizondo y el ascenso de las mujeres. El tamaño del hastío y el rechazo a las opciones conocidas sólo puede calcularse al imaginar el salto al vacío que representó para miles votar, por primera vez, por un candidato independiente. En la ceremonia de toma de posesión había alegría desbordante y un sentimiento de triunfo colectivo, una especie de conquista del Everest, cuando todas las apuestas eran en contra.

Hasta hoy, 12 legislaturas estatales han endurecido los requisitos para que participen candidatos. Miopes: podrán retrasar o dificultar el florecimiento de esta cultura del rechazo a la política de siempre, pero garantizarán su derrota, incluso gobernando, como ha sucedido con la presidenta brasileña Dilma Rousseff quien ganó para perder.

Las mujeres en Nuevo León multiplican su participación en la política y lo hacen desde abajo. En estas elecciones municipales se les pasó un poquito la mano: 82% de las regidoras son mujeres, 273 de 331. De 77 sindicaturas, resultaron electas 27, que representan 35%. De entre las regidoras y las síndicas, saldrá la próxima camada de presidentas municipales, pues dentro de tres años tendrá que aplicarse la jurisprudencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, TEPJF, que mandata paridad horizontal y vertical para las candidaturas a alcaldías. Sin este criterio, sólo fueron electas en esta contienda cuatro presidentas municipales, pero en municipios pequeños. De 42 diputaciones locales, 16 correspondieron a legisladoras, de siete que acaban de terminar; más magra es la cosecha de diputaciones federales pues de 22 sólo cuatro son mujeres.

María Elena Chapa, quien pronto terminará 12 años fértiles y combativos al frente del Instituto Estatal de las Mujeres, fue la pesadilla de los magistrados del tribunal electoral local: no hubo herramienta legal que no usara para obligar a dar cumplimiento a los criterios de paridad sustantiva que garantizaran candidaturas paritarias. Y más importante: empoderó a cientos de mujeres candidatas al enseñarlas a usar la ley en favor de la igualdad. Para despedirse en toda forma inició un juicio en la Suprema Corte de Justicia por contradicción de tesis entre la SCJ y el TEPJF sobre si, como representante del Instituto local de las Mujeres, tiene o no interés jurídico para iniciar demandas sobre temas de paridad en las elecciones. Como bien dicen ella y los ciudadanos de Nuevo León: a ver quién se cansa primero. Nos vemos en twitter: @ceciliasotog.

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