Salarios pobres, país pobre
Vistas con cuidado las dos cifras más prometedoras que revelan tanto la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, ENIGH 2014, como las de la medición del Coneval sobre la pobreza, resultan avances pírricos. La primera, que en contraste con el ingreso trimestral total por hogar que disminuye 3.5%, en el decil más pobre hay un aumento de 2.1 por ciento.
Estos hogares tuvieron 1.80 pesos diarios más que en 2012, sólo que en aquel año los hogares habían tenido un aumento de 5.5%, equivalente a 4.40 pesos diarios y los dos deciles siguientes experimentaron aumentos en sus ingresos, mientras que en 2014 tienen pérdidas. Este menor aumento en el ingreso de los hogares más pobres es preocupante, pues en este periodo las remesas se han recuperado y la inflación ha disminuido levemente.
La segunda cifra citada como exitosa —y lo es mínimamente— es la disminución de la pobreza extrema. En comparación con 2012, hay 90 mil menos pobres extremos. Sin embargo, esa cifra sólo se logra al sacar del sótano económico aproximadamente a un millón de personas para contrarrestar el crecimiento demográfico. Y así fue: medio millón en adultos mayores al disminuir a 65 años la edad para recibir una pensión. El otro grupo beneficiado fue el de menores hasta los 18 años. Pero de nuevo este éxito palidece si se le compara con la cifra de 2012, cuando salieron de la pobreza extrema no 90 mil personas sino un millón y medio de mexicanos, lo cual significa que se tuvo que beneficiar a un millón más para contrarrestar el crecimiento demográfico.
En números absolutos, sin tomar en cuenta las dimensiones de salud, vivienda, educación, etcétera, con las que el Coneval hace una medición más compleja y rigurosa, el número de pobres absolutos aumentó en 1.1 millones de personas de 2012 a 2014.
Las cifras de la presente administración se benefician también de la disminución espectacular en la carencia de servicios de salud lograda por el Seguro Popular, con todo y sus defectos la política social más radical de las últimas décadas. A diferencia de Sedesol, que encontró todo mal a pesar de que el bienio anterior presenta mejores cifras, el sector Salud ha ampliado el programa del Seguro Popular. De 2010 a 2012 disminuyeron en 8.2 millones las personas que tenían carencia de servicios de salud. Para 2014, 3.5 millones de mexicanos dejaron de tener esa carencia, una cifra vigorosa y positiva. La disminución de esta carencia no sólo se debe al Seguro Popular, hay entidades que han disminuido agresivamente la pobreza extrema con servicios gratuitos de salud como el Gobierno de la Ciudad de México.
Según cifras de la ENIGH y el Coneval, entre 2010 y 2014, aumentó en 4.2 millones de personas en la pobreza (de nuevo, sólo tomando en cuenta el ingreso), la mayor parte del aumento, 3.2 millones de mexicanos, en esta administración, a pesar de que remesas, inflación y exportaciones manufactureras mejoraron y el colapso en los ingresos petroleros no impactó mayormente el periodo en el que se levantó la encuesta del Inegi. Estas cifras cuestionan a Sedesol, pero sobre todo reprueban a Hacienda y a la Secretaría de Economía.
Hay una política social contra el aumento de la pobreza y a favor de una mayor igualdad, probada mundialmente con éxito desde hace más de un siglo y que no requiere estructuras burocráticas extra. Me refiero, por supuesto, al aumento del salario mínimo. ¿Qué ha detenido en México la implementación de las medidas que desliguen al salario mínimo como unidad de referencia de multas, Infonavit, becas, etcétera, creen una nueva unidad de referencia y permitan un aumento moderado, pero continuo del salario mínimo?
Independientemente del número de personas que puedan recibir este aumento —los expertos citan cifras que van desde 250 mil hasta casi un millón— se ha demostrado que un aumento a este salario tiene un “efecto iluminador” (efeito farol)— que puede afectar a trabajadores que ganan hasta cuatro salarios mínimos. Si tomamos en cuenta que en México la mayoría de los trabajadores ganan entre dos y tres salarios mínimos, un aumento al salario mínimo bien implementado tendría un efecto positivo en el poder adquisitivo de los trabajadores y, por tanto, en su capacidad de impactar positivamente en la economía.
Quienes desde el gobierno federal retardan y sabotean el aumento al salario mínimo no sólo se dan un tiro en el pie sino que son responsables del aumento vergonzoso de la pobreza en México. Nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog
