El problema de ser buena candidata

El argumento se reduce a lo siguiente: para no representar un obstáculo en el camino de algún señor predestinado a ser líder máximo de este país, ganar las elecciones y sentarse en la silla presidencial, hay que ser mala candidata. No basta ser un poco tonta, pues como se demuestra en cada elección los de poco seso también ganan votos, sino profundamente tonta, sin ideas propias y poco atractiva a los electores. Los predestinados a Los Pinos nos quieren vacías de ideas y espanta electores.

De eso se tratan algunas críticas contra Patricia Mercado, la nueva titular de la Secretaría de Gobierno de la administración capitalina; de eso trataron las críticas contra su candidatura en 2006 y muy parecidas fueron las críticas contra mi candidatura en 1994. Según esto, una mujer no puede ni debe representar un proyecto diferente, valioso por sí mismo: tiene que dejar paso al líder y ser parte de su corte. O es parte de su escenografía o representa un proyecto contra el predestinado. Para no quitarle votos debe intentar ser muy mala candidata, aunque la ley electoral la obligue a intentar un mínimo de votos para lograr o retener el registro del partido que la postula. Imposible reto para Patricia Mercado: talentosa, con ideas propias y carisma que se acrecienta cuando sigue su guión y no el de otros.

A diferencia de la elección de 1988, en la que el ingeniero Heberto Castillo declinó a favor de la candidatura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, gracias a una gran coincidencia programática entre la plataforma del Frente Democrático Nacional y la del Partido Mexicano Socialista, en la elección de 2006 había escasa coincidencia programática entre la plataforma de Patricia Mercado y la de Andrés Manuel López Obrador. Y en el corazón del programa de Patricia no sólo no había convergencia programática, sino objetivos dispares o hasta contrarios. No sólo me refiero a la serie de derechos para las llamadas minorías impulsada en la plataforma de su partido y su combate a toda forma de discriminación, sino, sobre todo, a su concepción de la política como una actividad de ciudadanos libres y autónomos, en contraste agudo con la política que exige militancia ciega y seguimiento acrítico a las decisiones del líder. Imposible declinar.

Entre las razones para aceptar una candidatura testimonial, como la de Patricia en 2006 o la mía en 1994 en la que la derrota es segura, está la de la oportunidad de llegar a los corazones y mentes de cientos de miles o millones de ciudadanos, con un mensaje fresco e innovador. Entre quienes escucharon a Patricia reivindicar la política como una actividad que puede y debe ser ennoblecedora, que forma ciudadanía y como una candidata que sabe que “los grandes problemas nacionales” son apenas una representación abstracta de las preocupaciones y anhelos de hombres y mujeres de carne y hueso que aspiran a ser felices, se encuentran mexicanos y mexicanas que quieren la estafeta para un mejor futuro para este país. Uno hace campaña aun sabiendo que va a perder, convencida del poder de las ideas, de la fuerza de la imagen de una mujer proponiendo una hoja de ruta para un país más justo: cuántas jóvenes candidatas o mujeres destacadas han decidido participar gracias al ejemplo de otras mujeres. Encuadrar a la nueva secretaria de Gobierno como un cuadro “antiLópez Obrador” es equivocarse de referente, revelar las obsesiones personales y desconocer la carrera de Patricia: conciliadora, creadora de numerosas iniciativas para ampliar derechos y mejorar la calidad de la democracia; una carrera plena de triunfos y también de derrotas, sin las cuales es imposible aprender.

Es cierto que el nombramiento de Patricia Mercado como segunda en el gobierno de la Ciudad de México no puede escapar al ejercicio futurista de los columnistas y ociosos. Pero antes de que haya bases para esas especulaciones está el reto de contribuir decisivamente desde la Secretaría de Gobierno a que esta ciudad funcione y no sólo sea un “espacio de libertades”, sino uno donde uno pueda caminar por banquetas amables, que pueda salir de casa seguro de regresar entero y con todas sus pertenencias, que no tenga que enterarse de la manifestación en turno para planear su día, que tenga a la autoridad de su lado para denunciar injusticias o atropellos a la ley. Una ciudad en la que dé gusto vivir.

El jefe de Gobierno hizo un importante cambio de discurso al anunciar el primer tramo de cambios en su gabinete. No hizo mención de las evaluaciones internas y en cambio hizo hincapié en que “hemos escuchado el mensaje de la ciudadanía” y más importante “sé que tenemos que ganarnos la confianza del ciudadano”, una clara admisión de los resultados adversos en la elección pasada. Me congratulo por los cambios de discurso y de gabinete. Y nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog

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