Sócrates y la Unión Europea
Sólo hay una cultura que precede en grandeza a la de la Grecia clásica, la egipcia, y Platón le rinde homenaje en su diálogo Timeo, cuando hace que un anciano egipcio le ponga una tunda intelectual, al más sabio de los siete sabios griegos, Solón: “Oh, Solón, Solón, ustedes griegos son como niños, no hay entre ustedes ningún sabio… Todos ustedes poseen almas jóvenes. No poseen una sola idea que sea antigua y heredada de una tradición sabia, ni alguna ciencia que esté enriquecida por la sabiduría antigua”.
Mientras que los templos egipcios guardan por escrito las historias nuestras y las de todos los pueblos, continúa diciendo el anciano, ustedes griegos olvidan todo y tienen que empezar de nuevo a cada catástrofe, prueba de ello es que ustedes sólo recuerdan un diluvio cuando ha habido muchos. El sabio egipcio procede entonces a revelar la historia de la fundación de Atenas, mil años antes que la de Egipto y la existencia, florecimiento y hundimiento de la Atlántida.
Este martes, cuando las autoridades europeas se reúnan para evaluar cuál será el paso siguiente después del rotundo triunfo del NO en el referéndum griego, ¿lo harán imitando a Solón, armados apenas con el conocimiento de las crisis inmediatas, la frustración cortoplacista con las irresponsabilidades de los gobiernos griegos culpables de las malas cuentas públicas y los engaños utilizados para ingresar a la Unión Europea o podrán recurrir a la sabiduría derivada de la historia de la construcción de este proyecto magno, ideado para erradicar la amenaza de una nueva guerra y, sobre todo, para dar viabilidad económica y protagonismo mundial a la unión de países pequeños? ¿Cuántas quitas a la deuda, cuántas reestructuraciones, cuántos créditos extraordinarios, cuántas ingenierías financieras y acuerdos económicos rehechos una y otra vez están en la historia de la construcción de la Unión Europea?
Vale la pena recordar que a finales de diciembre de 2013, la deuda de la Unión Europea era equivalente al 95.5% del PIB europeo, con endeudamientos que iban desde 10% del PIB para Estonia hasta 176.2% para Grecia. Para estimular la retomada del crecimiento el Banco Central Europeo anunció entonces la emisión de bonos “cuanto sea necesario” para crecer nuevamente. La situación desesperada de Grecia, pero también la de Italia, Irlanda y Portugal, con deudas superiores al 100% de su PIB hace que una reestructuración de la deuda sea inevitable y deseable. Y hay suficiente experiencia para generar propuestas originales que permitan respirar y volver a crecer a los países más afectados, no transferir el castigo de su deuda a los países “bien portados” y tampoco estimular nuevas conductas de irresponsabilidad fiscal y crediticia. Menciono sólo como ejemplo la propuesta PADRE, por sus siglas en inglés, Politically acceptable debt restructuring in the Eurozone, ideada en conjunto por el International Center for Monetary and Bank Studies de Ginebra y el Center for Economic Policy Research, de Londres.
El susto ha sido de intensidad brutal y útil para ambas partes: para el gobierno griego que ha visto el efecto del pánico entre sus jubilados y ahorradores y que, aunque sabe que ha ganado el referéndum, sabe también que, según los sondeos, 76% de la población quiere permanecer en el euro. Para las autoridades europeas que no pueden y no deben infligir a la población griega, culpable apenas de votar por gobiernos ineptos pero no en sí de los errores de estos, un tratamiento que los lleve a una vida de indignidad y penuria, totalmente contrario al espíritu fundacional de la Unión Europea, en cuyo centro está el espíritu de diálogo y dialéctica socrática inventado en la península griega. Ya desde 1919, en su Las consecuencias económicas de la paz, Keynes previó que tratados como el de Versalles, que acarreaban la destrucción y la inviabilidad económica de un país (Alemania) sólo podían augurar desgracias mayores. Una Grecia sin salida puede buscarla en potencias adversarias de la fortaleza de la UE, como Rusia.
Si no todos en el mundo desearon decir Yo soy Charly, a raíz del atentado brutal contra el polémico semanario francés Charly Hebdo, ni tampoco en México todos nos identificamos con Todos somos Marcos ni con tantos Todos somos… que se inventan a la menor provocación, en este caso es rigurosamente cierto que todos somos griegos, pues a su gran cultura clásica le debemos el ideal de vivir en una república democrática, a aspirar a resolver mediante el diálogo nuestros problemas y la facilidad de inventar nuevas palabras gracias a las sabias raíces griegas en las que abreva el español. En nuestro Waze y en nuestra vida diaria nos movemos en la geometría euclidiana y pitagoriana y para pagar nuestras cuentas recurrimos a la aritmética de Arquímides. Nos estremece Shakespeare con sus tragedias y dramas inspirados en la gran tragedia griega, cantamos a Verdi inspirado también en los griegos y el bardo inglés, disfrutamos el vino y el aceite de oliva presentes en las hermosas vasijas griegas que admiramos en los museos, no nos perdemos las Olimpíadas y desearíamos correr un maratón. Y no, Grecia tampoco está lejos de nuestro pasado, o que alguien me explique por qué Tláloc, nuestro dios de la lluvia, comparte una raíz con Atlántida, o Teotihuacán, con Theo, dios. Y nos encontramos en Twitter (que no tiene raíz griega): @ceciliasotog
