Maternidad: el efecto del afecto
John Lennon tenía razón: todo lo que necesitas es amor. El fin de la Segunda Guerra Mundial permitió la realización de un experimento natural a escala macro: decenas de miles de huérfanos crecieron en ambientes diferentes a los de su hogar original. Varios grupos de psicólogos y terapeutas encontraron que ahí donde faltaba un sustituto afectuoso a la figura materna, especialmente en los primeros dos años de vida de los niños, estos desarrollaban varios trastornos en el desarrollo del lenguaje, la coordinación motriz, habilidades neuromotoras y de socialización.
A todas las mamás pero, especialmente, a aquellas que lloran la partida prematura o la desaparición de sus hijos.
Dependiendo de la gravedad del abandono y de las alteraciones subsecuentes, la llegada de una figura amorosa podía atenuar estas consecuencias. Esto pudo estudiarse en otro experimento natural: después de la caída de la dictadura de Ceaușescu en Rumania, miles de huérfanos abandonados en las peores condiciones fueron adoptados, crecieron en hogares amorosos y, muchos de ellos, pudieron desarrollarse con éxito.
También en los primeros años de la posguerra, el psicoanalista austriaco René Spitz estudió manifestaciones extremas de la falta de afecto en el primer año de vida. Spitz encontró que bebés que, durante un periodo de 3 a 5 meses, eran privados de una figura afectuosa, no sólo mostraban trastornos en el desarrollo sino, además, síntomas de postración que precedían a la muerte. Literalmente, sin amor, los bebés se dejaban morir. Las neurociencias, que hacia el año 2000 demostraron la plasticidad del cerebro, la continua generación de neuronas y el papel de la sinapsis en la plasticidad, demostró que es el amor el combustible del proceso de maduración del cerebro en los infantes. Es el cariño, las caricias, la voz de la madre cantándole y hablándole, los abrazos y apapachos, las sonrisas, la mirada de una figura querida, lo que genera destellos y multiplicación de sinapsis en el cerebro del bebé. “El efecto del afecto” —frase feliz que tomo de la experta en desarrollo infantil, Ana Serrano— es generar una base bioquímica indispensable para el desarrollo de una personalidad armónica y creativa.
Compárese este conocimiento con las condiciones que ofrecemos a las madres trabajadoras en México. La madre que tiene la fortuna de tener un trabajo formal y, teóricamente, tiene derecho a llevar a su bebé a un Centro de Desarrollo Infantil, debe hacerlo a los 45 días de nacido, interrumpiendo así el amamantamiento y alterando la relación estrecha con su recién nacido. En la madre este desprendimiento prematuro, a todas luces, genera estrés y angustia.
Para las madres trabajadoras en situación de pobreza, la mayoría de ellas trabajando en la informalidad y empleándose a grandes distancias de su hogar, la alternativa es dejar a los niños solos, a veces encerrados en su casa, otras, atados para que no corran peligro, otras, encargados a los hermanos mayores, también menores, otros criados en la calle o con vecinas a las que se pide “les den una vuelta”. Los gobiernos del Partido de la Revolución Democrática, PRD, en la Ciudad de México, han creado una red de casi mil CENDIS y estancias que atienden a cerca de 40 mil niños. Durante el sexenio pasado, el gobierno panista creó 9,534 estancias infantiles, un experimento federal exitoso desarrollado entre el DIF nacional y SEDESOL que, además de atender a centenas de miles de niños y aliviar la angustia de miles de madres, ha empoderado a mujeres que aprendieron a dirigir estos centros profesionalmente.
Es sabido que todavía hay miles de madres trabajadoras que no han resuelto dónde dejar a sus niños en forma segura. Por ello, es apropiado preguntarnos cuántas estancias infantiles se han creado durante el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Sería una exageración decir que se han creado cero estancias porque, en realidad, se han cerrado 22, una cantidad muy pequeña comparada con el número total pero que demuestra el desdén por un programa cuyo único pecado es haber sido creado por un gobierno distinto al del PRI. Como ya lo he dicho en varias ocasiones, con Rosario Robles al mando de SEDESOL, con su seguro de vida a las madres trabajadoras, la institución prefiere proteger a las madres en caso de muerte y no a las madres vivas. Es cierto que es del presupuesto de SEDESOL de donde se subsidian las estancias infantiles DIF-SEDESOL, pero es que dejar de hacerlo provocaría la caída de cualquier titular de esa secretaría. Obras son amores y en cuidados infantiles y apoyo a las madres trabajadoras, el actual gobierno está en falta. Nos encontramos en Twitter.
