Contra la corrupción: empoderar al Ministerio Público

Con afecto para Carmen Aristegui y equipo: ¡los queremos seguir oyendo! Mañana 17 de marzo se cumple un año de la Operación Autolavado en portugués, Lavajato, o lavado a chorro en Brasil, la operación conjunta del Ministerio Público, ...

Con afecto para Carmen Aristegui y equipo:

                ¡los queremos seguir oyendo!

Mañana 17 de marzo se cumple un año de la Operación Autolavado (en portugués, Lavajato, o lavado a chorro) en Brasil, la operación conjunta del Ministerio Público, la Policía Federal y el Tribunal de Cuentas de la Unión, que ha descubierto un esquema de corrupción sistémica en contra de Petrobras y ha beneficiado a las grandes compañías constructoras y al Partido del Trabajo y otros partidos de su base aliada. Desde las manifestaciones de la transición de la dictadura a la democracia, cuando en 1983 cientos de miles desfilaron en Sao Paulo, demandando elecciones directas, (Diretas Já), no salían a la calle tantos ciudadanos en la capital paulista, corazón económico y financiero de Brasil. Más de un millón de personas desfilaron este domingo en Sao Paulo y decenas de miles en otras ciudades de Brasil, convocadas por las redes sociales, demandando fin a la corrupción y un amplio abanico de demandas: unas sensatas y otras absurdas, pero con el hilo común del hartazgo social.

Con Operación Autolavado, las autoridades encontraron un documento con las reglas de operación del cártel que formaron 16 compañías constructoras para ganar contratos de Petrobras. Las reglas se parecen a los acuerdos de la Operación Carrusel descubierta hace unos años por el Instituto Mexicano del Seguro Social, IMSS, y la antigua Comisión Federal de Competencia, en la que proveedores de suero fisiológico se turnaban año con año para “ganar” las licitaciones. En el cártel brasileño, el documento simulaba las reglas de un campeonato de futbol en el que dos o tres compañías, diferentes cada año, ganaban los primeros lugares del campeonato, es decir los contratos más jugosos.

Mientras que el caso del carrusel del IMSS sólo se conoce entre los expertos en competencia económica, el del falso campeonato de futbol lo puede consultar cualquiera en la página de internet del Ministerio Público brasileño y de los principales diarios. Más trascendente, los principales ejecutivos y socios de las más importantes compañías constructoras de Brasil están en la cárcel desde hace meses acusados de conspirar para formar ese cartel, concebido para esquilmar a la compañía petrolera, y enfrentan penas de prisión que van de los cinco a los 15 años.

Y ahí está la clave: no es que hayan cambiado las reglas, no es que el Poder Ejecutivo haya logrado una reforma que otorgara mayor autonomía al Ministerio Público en Brasil. Por el contrario. La Operación Autolavado se lleva a cabo a pesar de la Presidencia de la República, a pesar del partido gobernante, a pesar de la coalición que domina el Congreso.

Lo que ha cambiado todo es el empoderamiento de las instituciones responsables de la lucha contra la corrupción a partir de casos de éxito. La dinámica que hemos tenido en México es precisamente la contraria: una de desempoderamiento y desmoralización, sintetizada en la frase de todos conocida: “Y no va a pasar nada”. Al igual que en México, en Brasil las denuncias de delitos de cuello blanco seguían una ruta de procesos tan largos que terminaban por caducar, por recibir penas simbólicas o por no culpabilidades por fallas en el debido proceso. Aún en casos penales, como homicidios, tener dinero hacía la diferencia entre la cárcel y la libertad.

Pero todo esto cambió a partir de 2003 con el caso de un banco del estado de Paraná, Banestado, en el que se detectaron operaciones de lavado de dinero por 28 mil millones de dólares. En ese caso, el Ministerio Público, el Tribunal de Cuentas (equivalente a la Auditoría de la Federación) y la Policía Federal lograron denunciar a 684 personas y entre 2003 y 2007 penas de prisión a los principales ejecutivos del banco así como a altos funcionarios del estado. Y por primera vez se logró la repatriación de dinero: 1.6 millones de dólares. Pero el caso que significó un antes y un después fue el del Mensalao (la mensualidad), con el que se obtuvieron sentencias que en su conjunto sumaron más de 200 años. Con una diferencia importante: los operadores recibieron sentencias de hasta 40 años mientras que los responsables políticos e intelectuales, penas de diez años con facilidades para el arresto domiciliario.

Esa diferencia y la intransigencia del Ministerio Público, reforzada por una amplia difusión en medios y el apoyo de una gran parte de la opinión pública ha logrado que varios de los operadores y aún de los principales ejecutivos presos accedieran a delatar el esquema de corrupción a cambio de menos años de prisión. La presión de la Operación Autolavado continúa y se esperan más denuncias contra funcionarios públicos y empresarios. La tríada anticorrupción está empoderada.

Aunque parezca paradójico, nunca había habido mejores perspectivas para que prosperen las relaciones México-Brasil. Sin máscaras y falsas apariencias que cuidar, expuestas públicamente las debilidades y vergüenzas de los dos países, sin la presión de pelear por los votos de la región antes de poner la casa en orden, las dos naciones están con las posibilidades de transformar el hartazgo social en un cambio sistémico contra la corrupción. Intercambiar experiencias exitosas. Extraer, compartir y estudiar lecciones dolorosas como poner a los amigos del partido en puestos sensibles; al gobierno de Calderón le trajo la tragedia del ABC. Poner en Petrobras a los recomendados del PT y del PP, le trajo al gobierno de Dilma Rousseff la Operación Autolavado.

En el corazón de la larga lista de casos de corrupción que sacude a Brasil y a México está el encarecimiento de las elecciones que hace que los principales partidos de la coalición gobernante en Brasil acuda a las empresas a pedir dinero al tiempo que les facilita el camino en las licitaciones públicas, mientras que en México esa misma presión electoral los hace acudir al crimen organizado. Si tantas manzanas están podridas, ¿no será el barril que las contiene lo que hay que cambiar? ¿No será eso de lo que tenemos que hablar México y Brasil? Nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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