La corrupción: una cultura que podemos cambiar ya

Yo sí creo que hay un tema cultural lamentablemente, que ha provocado corrupción en todos los ámbitos… EPN El Presidente tiene razón al señalar que la corrupción tiene un fuerte componente cultural, es decir, un elemento adquirido socialmente, un hábito ...

Yo sí creo que hay un tema cultural lamentablemente, que ha provocado corrupción en todos los ámbitos… EPN

El Presidente tiene razón al señalar que la corrupción tiene un fuerte componente cultural, es decir, un elemento adquirido socialmente, un hábito desarrollado y una tolerancia hacia el quebranto de la ley que detectan todas las encuestas hechas en México sobre  valores. Pero le faltó decir que es una cultura que se puede cambiar a veces instantáneamente o con rapidez sorprendente. Ya se ha mencionado muchas veces lo que quizá constituye el mayor experimento natural sobre cambios de conductas sociales: el cambio de actitud “cultural” de los mexicanos que llegan a Estados Unidos ya sea por la frontera o a un aeropuerto. El mexicano irrespetuoso de las leyes y tolerante con la corrupción se transforma instantáneamente en un obediente ciudadano porque la cultura a la que llega incentiva el cumplimiento de la ley y castiga más fuertemente la corrupción. O mejor: porque no necesita de la corrupción para que ciertas gestiones y trámites lleguen a buen puerto.

Tanto para el delito como para combatir la corrupción la posición maximalista plantea que tenemos que llegar a la utopía de Tomás Moro: que no haya pobreza para que los desempleados no puedan ser reclutados por los “malosos” y que todo el mundo reciba una educación de primera que recalque los valores positivos sobre la honradez y la virtud. Pero la utopía, como los espejismos, es inalcanzable. La comisión de delitos y las prácticas corruptas puede reducirse notablemente si se localizan y combaten sus causas inmediatas y los incentivos que las disparan. No que no deba intervenirse para remediar la desigualdad, mejorar la educación, etcétera, pero tampoco debe esperarse a lograr estos objetivos generacionales para intervenir con eficiencia para combatir el delito y la corrupción.

Dos ejemplos en el Distrito Federal, implementados durante la gestión de Ebrard, muestran cómo se puede intervenir pragmáticamente para mejorar las cosas mientras llega el reino de la libertad. La obtención de una licencia de manejo era siempre un trámite en el que uno iba preparado para dar mordida. El examen era imposible de aprobar aunque uno fuera un conductor experimentado. O le fallaba la reversa o ignoraba qué quería decir la raya amarilla doble en las esquinas, o la verde a lo largo de la calle o quien tenía la preferencia en bocacalles complicadas. ¿Cómo acabar con la “cultura” de dar mordidas para sacar la licencia? Muy sencillo: quitar el examen. La medida ha sido tan radical que ni siquiera incluye el requisito del examen oftalmológico ni la foto de la licencia requiere mostrar si se usa lentes (otro pretexto para morder).

Se acabó la corrupción en ese trámite, no porque los funcionarios súbitamente hayan regresado de intensos ejercicios espirituales y sesiones de mortificación de la carne sino porque ya no hay un trámite insuperable para obtenerla. Punto. Sin embargo, sabemos por estadísticas internacionales que en países donde el examen de manejo es riguroso tienen menos accidentes de tránsito. En el caso del Distrito Federal ignoramos  cuáles son los números del experimento: si el número de accidentes ha empeorado o no, ni si esos números son los que hicieron que el actual gobierno capitalino decidiera volver a requerir el examen riguroso para obtener la licencia. Lo importante es que no regrese la corrupción a ese trámite.

Otra intervención inteligente fue la de limitar el número de policías de Tránsito que puede multar. De esa manera, automáticamente disminuye estadísticamente la oportunidad de corromper y ser corrompido. Y otra, instrumentada en el actual gobierno capitalino, es la de tramitar actas de denuncia ante el Ministerio Público, vía internet. El gobierno electrónico al facilitar los trámites y aumentar la transparencia es un importante antídoto contra la falta de denuncia y contra la corrupción.

No hay una solución simple a un problema “cultural” como la corrupción: ni sólo la educación ni sólo la igualdad ni sólo las leyes ni sólo el castigo. Un ejemplo de cómo no bastan las leyes ha sido el cambio en la cultura empresarial hacia la corrupción en el caso de Alemania y específicamente en la empresa Siemens.

Hasta la década de los 80, las empresas alemanas podían descontar de sus impuestos las comisiones ilegales que daban para ganar contratos en el extranjero. Hasta los 90 la ley les permitía presupuestar esas comisiones. La ley cambió a finales de los 90. En 2001, Siemens fue listada en la Bolsa de Valores de Nueva York, pero a pesar de esas nuevas obligaciones que le imponían las leyes americanas y las nuevas leyes alemanas, se comprobó que de 2001 a 2007 Siemens dio 1.4 mil millones de dólares en comisiones ilegales en más de 20 países, por lo que fue multada con 1.6 mil millones de dólares en Alemania y Estados Unidos. Esa multa, la caída de sus directivos,  la prisión para varios de ellos y el escándalo que sacudió a la compañía hizo que introdujera dos cambios en su cultura corporativa: la figura del funcionario en el Consejo de Administración encargado de vigilar el cumplimiento de las leyes y —como recomendación de la ley estadunidense contra prácticas corruptas en el extranjero (FCPA)—  el favorecer dentro de la empresa la figura del denunciante de prácticas corruptas. Aun con todos estos cambios y castigos, en la actualidad Siemens es objeto de una investigación por prácticas corruptas en Brasil. Por cierto, fue esa misma ley estadunidense, la Foreign Corrupt Practices Act (FCPA), la que destapó el caso de Walmart en México.

Intervenciones prácticas como las mencionadas en la Ciudad de México, cambios en las leyes y castigos ejemplares como en el caso de Siemens (y Enron y tantos otros en la crisis de 2008 en Wall Street y la City), van sumando y cambiando rápidamente la tolerancia a la corrupción y la cultura que la rodea. En resumen: con transparencia, inteligencia y análisis de los miles de datos que descubren dónde está el potencial de corrupción, con intervenciones pragmáticas que disminuyan las oportunidades de corrupción y con menos impunidad, se puede reducir con relativa rapidez la cultura de la corrupción. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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