¿Cómo te puedo ayudar, Robin Williams?

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Cecilia Soto 25/08/2014 00:54
¿Cómo te puedo ayudar, Robin Williams?

Sé siempre gentil: no sabes del sufrimiento que se oculta detrás de cada rostro. Anónimo

 

El suicidio se cruzó en mi vida un domingo a las 6 de la mañana con ese presagio oscuro que traen las visitas fuera de hora. Llegaron familiares para comunicarle a mi abuela que su nieto favorito, de 22 años, se había quitado la vida. Apenas dos años mayor que yo, ¿qué sabía él de la vida que lo había convencido a renunciar a cualquier futuro? La experiencia personal, la mía con él plena de afecto y camaradería, siempre más poderosa que el dogma, revelaba que había fracturas en la premisa de que la vida era el bien supremo a tutelar. ¿Será? ¿Siempre? ¿Bajo todas las circunstancias?

El suicidio del actor Robin Williams, quizá orillado a tomar su fatal determinación por la depresión crónica que sufría, ha confrontado a millones de personas con una vivencia no muy alejada de la mía. La experiencia mediática es a la vez individual y colectiva. Por ello, Robin Williams era un personaje cercano, de casa y, al mismo tiempo, parte de la familia gigantesca que también vio Hook, Jumanji o La Sociedad de los Poetas Muertos. Su imagen, asociada fuertemente a emociones positivas, contrarias a la oscuridad de la depresión, reveló repentinamente la realidad de una de las consecuencias más dramáticas de la enfermedad mental y específicamente de la depresión. Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, la depresión afecta a 350 millones de personas en el mundo y dentro de seis años podría llegar a ser la causa principal de discapacidad laboral y humana.

La mayoría de las personas que se suicidan padecen depresión, pero menos de 4% de quienes intentan suicidarse por ese motivo logra su propósito. La depresión no conduce necesariamente al suicidio. No obstante, vivir con depresión severa confronta al individuo con una de las experiencias más aterradoras, tanto que hace preferible la muerte. La decisión fatal ocurre cuando el enfermo concluye que todo da igual y que no tendrá manera de sobreponerse.

Un estudio reciente del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) estima que la depresión en México afecta a tres millones de personas y que es la primera causa de discapacidad de mujeres y la novena de hombres. El padecimiento tiene alto nivel de concurrencia con la ansiedad, la adicción a drogas, diabetes y males cardiacos.

La mayor parte de los depresivos no reconoce la enfermedad o la disimula porque sigue habiendo un prejuicio contra los padecimientos mentales, tan reales y devastadores como los de cualquier órgano. En México sólo 20% de quienes los padecen acude a tratamiento, pero quienes lo hacen retrasan mucho su decisión y más de la mitad de éstos no recibe el tratamiento mínimo adecuado (Depresión: estado del conocimiento y necesidad de políticas públicas y planes de acción en México, INSP, 2013).

El consenso médico es que la depresión es provocada por la interacción de factores biológicos, heredados, de desarrollo y de contexto. La investigación ha dado grandes pasos en el conocimiento de la bioquímica de este desorden y cada vez se diseñan fármacos más específicos, más efectivos y con menores daños colaterales.

El conocimiento más reciente identifica las neuronas von Economo, células densamente concentradas en la corteza cerebral, que actúan como receptoras de los neurotransmisores que regulan las emociones. Estas células se encuentran también en grandes cantidades en animales altamente gregarios como ballenas, elefantes y monos. Los científicos creen que están relacionadas con las emociones sociales complejas como la empatía, la vergüenza y la culpa. Cuando esas células se reproducen en exceso pueden desatar perturbaciones emocionales vinculadas a la conducta suicida. Su regulación mediante fármacos puede disminuir tales impulsos.

Las variables psicosociales de la depresión más comunes en México son: ser mujer (más si se es jefa de familia); bajo nivel socioeconómico; dedicación exclusiva al hogar (más si se tiene la responsabilidad de cuidar enfermos); desempleo (en hombres); aislamiento social; problemas legales; experiencias de violencia; consumo de sustancias adictivas y migración. El paciente depresivo típico expresa sentir “tristeza” y “sufrimiento”, pero al especificar las causas la mayoría refiere problemas económicos.

De las personas que acuden a consulta general en México, cuatro de cada diez presentan algún cuadro depresivo. Los picos altos ocurren entre los 18 y 35 y entre los 65 y los 70 años de edad. Los casos más severos se presentan en desempleados, viudos y solteros de edad avanzada.

Para estimar el costo/efectividad de la enfermedad y su tratamiento, la OMS aplica el indicador “Años de vida ajustados por discapacidad” (AVISA) o años de vida individual normal perdidos. De esto se concluye que si se suministraran antidepresivos a 50% de los enfermos, los AVISA disminuirían tres veces. Si se aplicara el tratamiento completo (inhibidores de recaptura de serotonina, sicoterapia y manejo proactivo), los AVISA disminuirían seis veces.

El Seguro Popular de México incluye el diagnóstico y tratamiento de la depresión, la ansiedad y el trastorno sicótico, lo cual es un gran avance. A diferencia de la depresión profunda y severa que requiere de conocimiento y experiencia clínica especializados, tratar los cuadros depresivos comunes no es costoso ni requiere personal altamente especializado. Según el INSP, un pasante de medicina bien capacitado puede identificar el mal y recetar el tratamiento básico. Pero como la mayoría de los enfermos no reconoce su condición, se requieren campañas de concientización de alcance nacional, como las ha habido tan exitosas contra el cáncer de mama o la tan en boga campaña del #icebucket contra la esclerosis amiotrófica lateral, una enfermedad que afecta a muy pocos si se le compara con las cifras de los afectados por las diversas modalidades y grados de depresión. Ver con nuevos ojos la enfermedad mental, libres de prejuicio, será un pequeño homenaje fecundo a la memoria de quienes, como Robin Williams, nos dieron tantas alegrías y nos revelaron también lo insondable del alma humana. Nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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