Salario mínimo: despacio que llevo prisa

Del 1 de mayo que el jefe de Gobierno del Distrito Federal acertadamente puso en la mesa de debates el aumento al salario mínimo, hemos avanzado sustancialmente, pues ya hay consenso en eliminar una de las dos principales objeciones a una mejora del salario mínimo. Hay un ...

Del 1 de mayo que el jefe de Gobierno del Distrito Federal acertadamente puso en la mesa de debates el aumento al salario mínimo, hemos avanzado sustancialmente, pues ya hay consenso en eliminar una de las dos principales objeciones a una mejora del salario mínimo. Hay un acuerdo convergente, hemos coincidido quienes hemos participado en este debate, para desvincular el salario mínimo de multas, impuestos, becas, créditos, etcétera. Con un acuerdo político robusto entre las fuerzas políticas, en un año de trabajo legislativo sería posible lograr esta desvinculación e idear una nueva referencia, como lo han hecho otros países. Si fue posible cambiar radicalmente el trato a los energéticos que prevalecía desde el gobierno del admirado presidente Lázaro Cárdenas, ¿no sería posible legislar eficiente y rápidamente en una materia en la que hay mucho menos controversia y que asegura dividendos políticos para todos los partidos?

La segunda objeción, más de fondo, plantea que el salario mínimo no debe aumentar “por decreto”, es decir, no debe preceder a un aumento en la productividad de las empresas. ¿Pero qué fue primero, el huevo o la gallina? Quienes argumentan que primero se tiene que aumentar la productividad para luego subir los salarios están en un error cuando se trata de los empleos del sótano de la economía. Mucho del aumento en productividad se gana en el mismo trabajo, con cursos, capacitación y la misma experiencia. Sin embargo, no existen incentivos para invertir en desarrollar las habilidades del trabajador ni para el empleado ni para el empleador si como lo mencioné en un artículo anterior (https://bit.ly/V98cj7), más de 60% de trabajadores asalariados que ganan menos de cuatro salarios mínimos no tiene contrato de base y cuenta con un sueldo muy bajo. Un  salario demasiado bajo incentiva la rotación laboral y la falta de concentración del trabajador. Un salario más alto y la formalización del mismo incentivaría al empleado a quedarse en el mismo lugar e incentivaría también tanto al empleado como al empleador a invertir en el desarrollo de sus habilidades.

Mi propuesta contrasta con la del jefe de Gobierno en la gradualidad. Aunque es de justicia que el salario mínimo aumentara de golpe los 20 pesos que propone Mancera, para luego continuar con aumentos anuales,  creo que la mejor opción sería aplicar aumentos semestrales/anuales graduales. Este tipo de incremento daría tiempo de observar los efectos de corto plazo de un incremento en el salario mínimo.

Tal y como también argumenté en una columna anterior (https://bit.ly/1r2WANd), estudios académicos muestran que para países como Colombia y Brasil aumentar el salario mínimo afectó positivamente principalmente a quien gana exactamente un salario mínimo, pero también se tiene un efecto positivo en el salario de los trabajadores que ganan hasta cuatro salarios mínimos. Esto debido al llamado “Efeito farol”, esto es, el aumento del salario mínimo sirve como referencia para aumentar el salario de otros trabajadores que ganan cerca del salario mínimo. Entonces, podríamos esperar que el aumento en México sea benéfico para los trabajadores asalariados que ganan hasta cuatro salarios mínimos. Pero, ¿quiénes son estos trabajadores?

En México existen poco más de un millón de asalariados de tiempo completo que ganan hasta un salario mínimo. De hecho, las mujeres tienen una mayor proporción ganando hasta un salario mínimo en comparación con los hombres. Ahora bien, la población potencialmente beneficiaria serían los 18.8 millones de asalariados de tiempo completo que ganan hasta cuatro salarios mínimos. Ellos representan 38% de la población ocupada y 56% de la población asalariada. Casi 60% de esos 18.8 millones trabajan en el sector terciario de la economía (comercio, servicios y transporte). Aproximadamente 40% de ellos cuenta mínimo con licenciatura y más de 60% no tiene contrato de base. Y más de un tercio de ellos declara trabajar más de 49 horas por semana. Estos datos dan cuenta de la relevancia de la política de recuperación del salario mínimo, debido a la gran población que se beneficiaría. Además, contrario a lo que uno esperaría, un gran porcentaje de esa población es gente preparada académicamente. También es cierto que el problema no es de la misma magnitud en todo el país. En Chiapas, 73% de los asalariados de tiempo completo ganan hasta cuatro salarios mínimos. Le siguen Guerrero, Michoacán, Hidalgo y Durango con alrededor de 65 y 70 por ciento. Por su parte, en el DF sólo 37% de los asalariados de tiempo completo ganan menos de cuatro salarios mínimos; le siguen los estados de Morelos y Nuevo León con 43 y 44%, respectivamente.

Es poco factible que un aumento salarial a esta población genere un incremento sustancial de la inflación debido a que la población que principalmente se beneficiaría es la de bajos recursos. De hecho, quienes ganan hasta un salario mínimo están por debajo de la línea de bienestar del Coneval (que es de 84 pesos diarios). De acuerdo con la ENIGH 2012, 12% de los hogares mexicanos gana hasta dos salarios mínimos. El gasto de dichos hogares representa  apenas 3% del gasto total de los hogares mexicanos. Incluso si se cree que este incremento en los salarios pueda permear hasta la población que gana cuatro salarios mínimos, difícilmente este grupo de asalariados tiene el poder de afectar la demanda agregada de tal manera que afecte la inflación. Además, si el incremento a los salarios es gradual, se podrá analizar a quiénes beneficia el aumento al salario mínimo y si existe algún impacto sobre la inflación.

El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, ha argumentado que el aumento al salario mínimo no debe ser por “decreto”. Lo que entienda por decreto es debatible, pero su salario, que ha aumentado cerca de 300 mil pesos (brutos) durante los últimos tres años, lo fija una junta de expertos basándose en las condiciones de mercado. Si una junta de expertos puede fijar anualmente su salario, ¿por qué no proponer que una junta de expertos acompañe los aumentos graduales al salario mínimo y proponga su mejora hasta un nivel socialmente óptimo? Aumentar el salario mínimo hasta ser suficiente para estar en la línea de bienestar del Coneval es una meta viable a mediano plazo en la que es posible conjuntar justicia social insoslayable y urgente y buenos resultados económicos. Nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog

        *Analista política

            ceciliasotog@gmail.com

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