Brasil: andar de nuevo

Los jóvenes brasileños constituyen la tercera comunidad de internet más activa en el mundo después de China y Estados Unidos y fueron pioneros de las redes sociales al desarrollar, antes que Facebook, la comunidad Orkut.

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Cecilia Soto 02/06/2014 01:45
Brasil: andar de nuevo

En la Copa Mundial de Futbol habrá de seguro dos milagros: veremos a un parapléjico levantarse de su silla de ruedas y andar, y, segundo, un pueblo bullanguero, respondón, ruidoso y crecientemente insatisfecho, politizado y participativo, será un anfitrión amable y activo. Un tercer milagro no es seguro pero se lo encargo a San @RafaMarquezMX y demás seleccionados.

El primer milagro: millones de seres humanos veremos algo en la ceremonia de inauguración que será de arrepiar (estremecer), pues la primera patada será dada por un paciente parapléjico que dejará su silla de ruedas para caminar y poner en movimiento el balón. Mi apuesta es que será una joven. Vestirá un exoesqueleto, producto del trabajo de cerca de diez centros de investigación en el mundo, uno de cuyos coordinadores estrella es el neurocientífico brasileño Miguel Nicolelis, que entre la Universidad de Duke, en Estados Unidos, su Instituto Internacional de Neurociencias de Natal en el seco nordeste brasileño y el laboratorio de Rehabilitación Robótica en São Paulo, desarrolla su trabajo sobre la interface mente/máquina/mente en el Proyecto Andar de Novo. No veremos un robot que traslade al joven parapléjico. Por el contrario, será el paciente quien lleve y dé órdenes al exoesqueleto robotizado. Esta será la prueba de que aun privados de movimiento, con las señales eléctricas generadas al dar una orden mental, se podrán mover objetos inanimados, en este caso, un complejo sistema robótico que permitirá que el joven, privado de sensibilidad de la cintura para abajo, pueda “sentir” que toca el piso, que su cuerpo pesa y que necesita dar un siguiente paso.

El segundo milagro es el del carácter ruidoso y provocador pero mayormente pacífico de la democracia brasileña que ha acaparado las primeras planas internacionales desde las grandes manifestaciones del verano pasado. “¿Qué sucederá en Brasil?”, me preguntan seguido. No lo sé, pero no me sorprenden las manifestaciones, y en su mayor parte me parecen una expresión sana de insatisfacción con el presente. También ofrecen un contexto propicio para los partidos de oposición en la inminente elección presidencial de octubre de este año.

Brasil tiene una democracia moderna muy reciente. Las primeras elecciones democráticas indirectas fueron en 1985, después de una veintena de años bajo una dictadura militar feroz. No fue sino hasta 1988 que se aprobó una nueva constitución y sólo hasta 1989 se realizaron elecciones directas. A diferencia del mexicano, el brasileño es un pueblo nuevo, joven, con un mestizaje y una diversidad racial, cultural y religiosa todavía en el crisol en el siglo pasado. No tiene el peso de una cultura milenaria que lo atraiga y fascine hacia el pasado, como es nuestro caso.

Los estudiantes brasileños, protagonistas de las manifestaciones durante la Copa Confederaciones en 2013, han jugado un papel de vanguardia en la consolidación de la joven democracia de ese país. En 1992 se rebelaron contra los actos de corrupción del entonces presidente, Fernando Collor de Mello, y lograron su renuncia. Los jóvenes brasileños constituyen la tercera comunidad de internet más activa en el mundo después de China y Estados Unidos y fueron pioneros de las redes sociales al desarrollar, antes que Facebook, la comunidad Orkut. ¿Quién que conozca Brasil puede sorprenderse del activismo desarrollado durante la Copa Confederaciones? ¿Qué joven puede estar satisfecho con el estado del mundo y de su país?

Brasil tiene uno de los movimientos de organizaciones no gubernamentales y de filantropía más vigorosos que conozca. Mi hipótesis es que esto es resultado de un largo periodo de gobiernos con tintes autoritarios coronados por la dictadura de 1964 a 1985. Ante la imposibilidad de expresarse a través de los partidos políticos, ilegalizados en su mayoría por los militares, la sociedad se expresó a través de movimientos cívicos de vanguardia. A la emergencia de un vigoroso movimiento cívico a favor de los derechos de los homosexuales, debemos la más avanzada política internacional contra el sida, pues fueron los brasileños los primeros en conseguir que el gobierno garantizara tratamiento a todos los pacientes infectados con este virus.

Desde la llegada del PT a los gobiernos estatales y municipales con la transición democrática, pero especialmente a partir de su llegada a la Presidencia en 2003, ese partido ha enfatizado el método de la democracia participativa como complemento de la democracia representativa. Pues la semilla germinó y los jóvenes participaron, no como quería el gobierno y, de hecho, contra el gobierno, pero esa es la historia de los movimientos sociales. La presencia de los Blackblocs, al parecer anarquistas como los que padecimos en México el 1 de diciembre de 2012 son, como aquí, un elemento fuera del control gubernamental. Habrá Copa, habrá manifestaciones, habrá también el orgullo de ser el país sede y tener una selección mundialista, sentimiento que neutralizará algo del activismo. Será una Copa movida pero pacífica.

Dos elementos dan una tensión especial a esta coyuntura: las quejas contra fallas en la construcción de infraestructura prometida para la Copa y el lento crecimiento de la economía. Una coalición gubernamental que requiere del consenso de al menos unos seis partidos dificulta la eficiencia, tanto en la operación gubernamental como en el diseño y ejecución de políticas públicas. Pero para eso son las elecciones: para poner a prueba los logros y retos de un gobierno y calibrar las promesas de sus competidores.

Si usted es uno de los 60 mil afortunados mexicanos con boleto para Brasil, disfrute el espectáculo del futbol y acérquese a sus anfitriones: encontrará simpatía y calidez hasta el momento en que le ganemos a su selección. Ni modo. Nos encontramos en twitter: @ceciliasotog

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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