Ahued: no le des la espalda a las mujeres

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Cecilia Soto 19/05/2014 01:33
Ahued: no le des la espalda a las mujeres

El indicador de lactancia materna en México es el más bajo en América Latina y uno de los más bajos internacionalmente. Sólo un tercio, 38%, de los bebés recién nacidos son puestos al pecho en la primera hora de nacidos; el promedio en América Latina es 48.2% y países como Argentina tienen un récord de 80%. Pero el indicador más importante, el de la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses de vida es un raquítico 14.6 %. En Colombia ese índice es de 43% y en Brasil de 41 por ciento.

Así que sí hay razones muy importantes y de peso para montar una campaña que incentive la lactancia materna tanto en el Distrito Federal como nacionalmente. Pero la campaña iniciada por la Secretaría de Salud del gobierno de la capital es la mejor muestra de por qué se necesitan más mujeres en puestos de toma de decisiones. El secretario de Salud, Armando Ahued da la implementación de esa importante iniciativa a Jorge Ortiz de Pinedo y se produce una campaña que representa el epítome de la soberbia, la ignorancia, el simplismo, la frivolidad y el descuido. Los señores deciden —en un acto que da para una prolongada consulta sicoanalítica— que la razón fundamental por la que las mujeres no dan leche a sus recién nacidos es por cuidar su físico. De ahí que se produzcan cuatro carteles con mujeres semidesnudas, con el cuerpo photoshoppeado para producir el efecto lavadero en el vientre, —lo más lejano al cuerpo de una mujer en la situación de decidir si amamanta o no a su hijo— y una leve manta blanca que oculta los senos.

La campaña no sólo concluye que la razón mayoritaria por la que las mexicanas amamantan poco es el temor a perder la figura sino que además se atreve a culpar a las madres que no amamantan a través del lema principal de la campaña: No le des la espalda, dale pecho. Como bien señala el documento que un grupo de académicos del CIDE presentó como queja anta la Comisión de Derechos Humanos del DF, ese lema culpabiliza de antemano a la mujer de rechazar al hijo (darle la espalda) cuando ella ejerce el derecho a una decisión personal, el de amamantar o no a su hijo.

Las razones por las que una mujer decide no amamantar son múltiples y los gobiernos federal y local no han tenido el cuidado de llevar a cabo una encuesta de hábitos de lactancia para averiguarlas. La valiosa Encuesta Nacional de Salud incluye apenas preguntas sobre si se amamantó o no a la primera hora de nacido el bebé y durante los dos primeros años. Sólo se incluye la pregunta de por qué se dejó de amamantar en el caso de cuando el bebé murió antes del año. En España, donde se lleva a cabo una encuesta sobre hábitos de lactancia, sólo 11.3% decide de antemano no amamantar, 26 % decide no hacerlo por experiencias problemáticas al amamantar un hijo anterior o por problemas físicos con los pechos o “falta de leche”, queja típica en las primerizas. Aunque la mención del temor a perder la belleza o el atractivo erótico se menciona en varias encuestas, esta razón no ocupa ni con mucho un lugar principal.

Una de las razones por las que los bebés no son puestos inmediatamente al nacer en el pecho de las madres es por el exagerado número de cesáreas que se practica en nuestro país, pues las madres están bajo el efecto de la anestesia y bajo intenso dolor por varios días. De 2008 a 2012, de 8.3 millones de nacimientos que hubo en el país, 3.87 millones, casi 50 %, fueron cesáreas. 2.13 millones por emergencias y 1.74 millones fueron cesáreas programadas. La norma internacional dice que en ese periodo el total de cesáreas debió haber sido 1.68 millones. Alguien está haciendo negocio con la salud de madres e hijos y el gobierno lo está permitiendo.

Otra de las razones de la baja lactancia es la mentalidad de la “oferta”. Las instituciones públicas de salud garantizan seis meses de leche en polvo para los bebés recién nacidos. Como la madre no puede decidir cuándo es que requiere ese sucedáneo, por ejemplo entre los seis y 12 meses y no en los primeros meses, esa política pública estimula la tentación de aprovechar la oferta aunque no se necesite la leche.

Para la Ciudad de México, no tengo duda que una de las razones principales del bajo índice de lactancia debe ser el hecho de trabajar y no poder aprovechar la hora que garantiza la ley a la mujer lactante por las grandes distancias que hay que recorrer en la ciudad entre el centro de trabajo y el lugar donde se habita. Aunque se ha hablado de lactarios, lugares comunes a varios centros de trabajo donde la madre pueda ir a amamantar, esta iniciativa no resuelve el problema de transportar el bebé a ese lugar. Sería mejor tener Centros de Desarrollo Infantil o apoyar a las madres con lo necesario para la ordeña y conservación adecuada de la leche en casa.

En muchos lugares del mundo, el éxito de la lactancia está directamente relacionado con políticas públicas que informen a la embarazada sobre la importancia de la leche materna y el hecho de que ésta cubre todas las necesidades nutricionales del bebé durante los primeros seis meses. Una vez ocurrido el nacimiento, el acompañamiento por enfermeras, auxiliares de salud o voluntarias entrenadas es una de las herramientas que garantiza más éxito. Dar de mamar puede resultar muy doloroso y molesto para una primeriza. Si la madre y la abuela trabajan, ¿quién la puede guiar con paciencia y amor en esas primeras semanas difíciles? Con información y acompañamiento puede decidir amamantar y quizá prolongarlo idealmente hasta los seis meses. O puede ingeniárselas para que otros miembros de la familia, incluido el padre, le den al bebé la leche que se ordeñó y conservó adecuadamente o puede decidir no hacerlo por otras muchas razones.

La maternidad moderna está llena de culpas. El intenso baño de hormonas que se precipita con el embarazo y el nacimiento, que le pide a la madre proteger a su cría, puede interferir con obligaciones económicas insoslayables que la obligan a dejar a su bebé a los 45 días de nacido y le causan grandes conflictos. En vez de culparla de “darle la espalda” a su hijo hay que cambiar las políticas públicas: aumentar el periodo de licencia con o sin goce de sueldo, pero con garantía del empleo, facilitar la presencia del bebé en lugares especiales en el centro de trabajo, acompañar a la lactante y resolver sus dudas, dejar que la madre escoja cuándo quiere recibir la leche en polvo y la más importante: escuchar a las mujeres, consultarlas, preguntarles y respetarlas. Queridos habitantes de la Vía Láctea nos vemos en Twitter: @ceciliasotog.

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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