Boko Haram en cada uno

Como se ha hecho notar por varios analistas, la noticia y el escándalo respecto a las jovencitas nigerianas se debió a denuncias y campañas de las redes sociales, en especial, a la exitosa campaña en Twitter #BringBackOurGirls. El mundo estaba ocupado buscando al avión malayo desaparecido...

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Cecilia Soto 12/05/2014 02:18
Boko Haram en cada uno

Usted ya lo sabe: este próximo miércoles 14 se cumplirá un mes de que poco menos de 300 jovencitas nigerianas fueran secuestradas del dormitorio de su escuela, en Chibok, poblado del noreste de Nigeria. Aproximadamente 53 lograron brincar y escapar  de los vehículos en los que las llevaban. El líder de Boko Haram, el grupo fundamentalista asociado a Al Qaeda, se ufana en un video del multisecuestro y anuncia que las venderá. Lo que quizá no sepa el lector es que la semana pasada se celebró en la capital nigeriana una sesión del Foro Económico Mundial sobre África. Abuja fue escogida como sede del evento  para subrayar que ahora el PIB de Nigeria ha superado al de Sudáfrica, convirtiéndose en la nación más rica de ese continente.

Me pregunto por qué el secuestro de esos cientos de jovencitas y la tardanza del gobierno nigeriano para admitir el hecho y para dar información certera no constituyeron motivos suficientes para cancelar el evento y por lo menos para amenazar con su cancelación. No encuentro tampoco en la cobertura del foro grandes pronunciamientos o exigencias respecto al multisecuestro. No dudo que haya oportunidades de inversión en ese país, lo que pongo en duda es que se pueda crecer y desarrollarse si un gobierno tolera tal violencia contra la educación de sus jóvenes por un grupo fundamentalista.

Como se ha hecho notar por varios analistas, la noticia y el escándalo respecto a las jovencitas nigerianas se debió a denuncias y campañas de las redes sociales, en especial, a la exitosa campaña en Twitter #BringBackOurGirls. El mundo estaba ocupado buscando al avión malayo desaparecido, dedicando aproximadamente un millón de dólares diarios en las búsquedas, conjuntando recursos satelitales, submarinos, de sofisticado análisis de información, para resolver el misterio de la nave desaparecida. Los noticieros del mundo entero —y sin falta los de México— dedicaron todos los días y varias veces al día preciosos minutos para informar sobre el avión. Y no es que no fuera una noticia importante. Aparte del dolor humano por la pérdida de casi 240 pasajeros, la industria de seguros y la industria del transporte aéreo necesita saber qué sucedió.

¿Pero por qué ignorar el secuestro de las jovencitas nigerianas? En la comunidad internacional, por prejuicios y desconocimiento de la realidad en África, que parece lejana e indescifrable. En la comunidad de negocios, como la representada por el Foro Económico Mundial, porque el secuestro parece no afectar el crecimiento del PIB. Más allá de llamados del Consejo de Seguridad de la ONU y de vagas declaraciones sobre ayuda de Estados Unidos y Francia, no se ha hecho nada comparable al esfuerzo por encontrar al avión de Malaysia Airlines, por encontrar y rescatar a estas jóvenes que estudiaban para romper el ciclo de pobreza y servidumbre al que estaban destinadas.

Pero, sobre todo, hay un núcleo duro de prejuicios contra el avance de las mujeres y las niñas. No es que conscientemente alguien, hombre o mujer, pueda aprobar la discriminación contra las mujeres o las acciones terroristas de talibanes y militantes de Boko Haram contra la educación de las niñas en Afganistán o en Nigeria. Se trata de un pozo profundo de prejuicios contra el empoderamiento de las mujeres, que se muestra cuando el avance va más allá de lo imaginado.

En el caso de México, con generaciones de varones iniciados sexualmente hasta hace escasas décadas en prostíbulos y educados en la familia fuertemente patriarcal, a cada momento salta el resorte del machismo y de la idea de que la mujer se prostituye al salir de casa, al participar activamente en la política o cuando trabaja.

Los ejemplos abundan: el caso de Eufrosina Cruz, quien tuvo negados sus derechos a ser electa cuando triunfó en las elecciones para presidenta municipal de su pueblo en Oaxaca. La práctica continuada de venta de mujeres-niñas a través de matrimonios forzados en muchas comunidades indígenas. Los numerosos casos de violencia homicida de hombres contra sus exparejas. Y los errores múltiples del Poder Judicial al juzgar casos como el de Yakiri Rubio, quien de víctima de violación e intento de asesinato, fue encarcelada acusada de homicidio. La corrección parcial del caso, al reclasificar el delito, fue resultado de la movilización de su familia a través de las redes sociales; nada hizo el Poder Judicial contra el juez que la encarceló.

En las campañas políticas, toda candidata a legisladora sabe que sus bardas y pósters deben abreviar su candidatura: “Candidata a dip. por el distrito...”. De otra manera, no faltará la brocha machista que elimine la primera y última sílaba del puesto para llamarla puta. Esto sucede en todo el territorio nacional, en zonas urbanas educadas o en localidades campesinas. Recientemente, el titular de un importante noticiero matutino ha insistido, mediante un truco no muy distinto del de las bardas, en calificar como “putas” a las legisladoras, sin que nadie haya protestado. El insulto no define a las legisladoras, sino a quien lo profiere: revela los prejuicios que se esconden cuando apenas se rasca una delgada capa de corrección política.

No hay progreso sostenible a largo plazo si no se incluye a las mujeres de México y del mundo en la educación y en las oportunidades de crecimiento y desarrollo. Y en cuanto al tema del salario mínimo, diré como MacArthur:¡volveré! Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog.

                *Analista política

                ceciliasoto@gmail.com

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