Subir el salario mínimo y generar más empleos

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Cecilia Soto 05/05/2014 01:57
Subir el salario mínimo y generar más empleos

“Vas a poder ganar lo que quieras”, así me dijeron cuando, a los dos días de ingresar a una maquiladora, me cambiaron del primer sector al de control de calidad. Eran las elecciones federales de 1991, no tenía dinero y necesitaba hacer algo que llamara la atención para iniciar mi campaña por una diputación federal. Decidí solicitar empleo en un maquiladora y denunciar las condiciones de trabajo. “Después de cubrir una cuota de piezas, se te pagará extra por cada nueva pieza”, me anunciaron. Pero en vez de encontrar una línea de producción frenética, me encontré a un grupo de trabajadores relajados. ¿Por qué no trabajan más rápido para ganar más?, les pregunté. “El pago es tan miserable que no vale la pena el esfuerzo”, fue la respuesta que se me grabó. La fábrica era una verdadera puerta revolvente: la rotación laboral era de cinco meses y todos los trabajadores tenían solicitudes de empleo en otras maquiladoras. Las condiciones físicas de trabajo no eran malas, pero se ganaba el salario mínimo y los llamados incentivos para ganar más eran imposibles de cumplir.

Poco más de 20 años después, el panorama laboral es precario. Seis de cada diez trabajadores están en el sector informal de la economía, en parte porque se gana más limpiando vidrios en los semáforos o vendiendo quesadillas que ganando el mínimo, y muy pocos trabajadores ganan un salario digno y remunerador. Hoy que, por lo menos en los discursos, el gobierno ha hecho del tema de la productividad una prioridad, se debate qué es primero: si la productividad para que aumente el salario o viceversa. Como lo ejemplifica la anécdota que compartí, un salario demasiado bajo desincentiva la formalidad y la productividad. Uno alto puede propiciar salida de empleos. ¿Cómo podemos resolver este dilema?

Se pueden delinear dos soluciones: en el corto plazo, aumentar el salario mínimo en forma paulatina pero sostenida; para el mediano plazo, moldear desde ya el capital humano para aumentar la oferta de trabajo con mano de obra especializada, según lo requiera la industria. Aunque el mínimo sólo afecta directamente a los llamados “trabajadores con pocas habilidades”(6% de la población ocupada, INEGI), es un grupo vulnerable que debemos atender en el debate público. El argumento clásico en contra de aumentar el salario mínimo dice que si existe un mercado laboral competitivo, las empresas pagan al trabajador su aportación marginal. Entonces, un salario mínimo por encima de esta aportación ocasionaría una serie de despidos en este grupo de trabajadores.

Sin embargo, difícilmente podríamos argumentar que el mercado laboral en México, para trabajadores con pocas habilidades, es competitivo. Existen empresas con poder de mercado, como relaté en mi experiencia personal arriba, por lo que un aumento del salario mínimo (que sea efectivo, es decir, por encima del salario que actualmente pagan esas empresas) no sólo mejoraría el salario para estos trabajadores, sino que también aumentaría el número de empleos formales. Lo ideal sería un aumento paulatino hasta llegar al que sería el salario justo, pero que no nos saque de los sectores en los que nos interesa competir globalmente. Este tipo de aumento al salario mínimo mejoraría la condición de vida de dichos trabajadores y haría más atractivo el mercado formal para muchos que ahora prefieren laborar en el informal. 

Si bien aumentar paulatinamente el salario mínimo tendría efectos benéficos para los trabajadores en el corto plazo, los salarios para este grupo seguirían siendo relativamente bajos. ¿Estamos condenados a trabajar con sueldos bajos para ser competitivos? En realidad no. Para ilustrarlo, vuelvo al ejemplo a la industria maquiladora, en la cual labora 15% de la población ocupada, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, además de representar alrededor de 16% del PIB en los últimos años. Actualmente, nuestras ventajas comparativas en la industria de la maquila tienden a centrarse en la cercanía con Estados Unidos, país destino de más de 70% de nuestras exportaciones manufactureras, y en la alta oferta de mano de obra no calificada. Por ejemplo, la Encuesta Anual de la Industria Manufacturera 2011, edición 2013, del INEGI, da cuenta de que el salario promedio de un trabajador de la industria manufacturera de prendas de vestir es de cinco mil 200 pesos al mes (154 mil trabajadores); ocho mil 500 pesos al mes gana en promedio un trabajador en la industria manufacturera de bebidas y del tabaco (118 mil trabajadores); y seis mil 200 pesos al mes, un trabajador industria alimentaria (603 mil trabajadores). Estos tres subsectores emplean 30% del total de empleados en la industria manufacturera de nuestro país.

Debemos prepararnos para que en el mediano y largo plazos, se logren ventajas comparativas, en sectores intensivos, en capital físico y mano de obra más especializada. Lo que han hecho países como Taiwán y Corea del Sur a través de sus sistemas educativos es moldear el capital humano para desarrollar una industria maquiladora de exportación intensiva en capital físico y mano de obra especializada. Ésa es una manera eficiente de aumentar considerablemente los salarios para un amplio sector de trabajadores sin perder competitividad. En México, si bien en los últimos años la industria maquiladora que emplea capital humano especializado ha experimentado cambios considerables, es todavía una industria de tamaño menor. Por ejemplo, un trabajador de la industria manufacturera de productos derivados del petróleo y carbón gana en promedio casi 31 mil pesos al mes, pero sólo existen 29 mil trabajadores; un trabajador de la industria maquiladora de fabricación de automóviles gana aproximadamente 26 mil pesos al mes, pero sólo existen 40 mil trabajadores. ¿Por qué no hay más trabajadores que ganen salarios similares? ¿No existen las plazas (demanda) o no existe el capital humano adecuado para llenarlas (oferta)? Es constante el reclamo de los empresarios mexicanos del sector de maquila intensivo en capital físico de que no se cuenta con la mano de obra que se requiere.

En este sentido, el Centro de Investigación para el Desarrollo, A.C. (CIDAC) publicó una encuesta de competencias profesionales donde, entre otras cosas, describe cómo los empresarios no encuentran en los jóvenes egresados las características y la preparación que ellos necesitan. Con prudencia e inteligencia, se pueden las dos cosas: aumentar el salario mínimo y lograr que universidades y escuelas técnicas preparen a los egresados que requerimos en México, no en Marte. Para este artículo, me beneficié de conversaciones con Jorge Lara Álvarez: @JorgeLA. Nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog.

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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