Telcel: adiós a los pobres

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Cecilia Soto 07/04/2014 02:22
Telcel: adiós a los pobres

En telefonía móvil, México sigue el esquema el que llama paga, que es el prevaleciente en toda la Unión Europea, no así en Estados Unidos y Canadá. El que llama paga incentiva al usuario de teléfono celular a ahorrar en llamadas y en la duración de éstas. Si se combina este esquema con el hecho de que más de 80% de los clientes de Telcel y de Movistar, las principales compañías de telefonía celular en México, son de prepago, tenemos un incentivo aún mayor en ahorrar en llamadas y en minutos. “Si yo llamo, yo pago: mejor que me llamen”.

Una mayoría de los clientes de prepago son de bajos ingresos, administran cuidadosamente sus minutos, los números que pueden inscribir gratuitamente y son expertos en acudir al pretexto del “no tengo saldo” para no llamar. Uno pensaría que tal tipo de clientela no le interesaría a las empresas. Pero les interesa y mucho, en primer lugar, porque casi no hay otro tipo de clientes —somos un país con muchos pobres—, pero también por otra razón. Las compañías de celular compiten por atraer a más clientes de prepago no porque hagan muchas llamadas, sino porque les generan tráfico, es decir, personas que llaman al plomero, al electricista, al pintor, al taxista, al estudiante, a la tiendita de la esquina, a los hijos, etc. Y ese tráfico paga una tarifa de interconexión, una tarifa invisible para el cliente, pero que es la tarifa que se cobran entre compañías para que las llamadas de una y otra transiten en sus redes. Hasta antes del último cambio, las tarifas de interconexión en México eran las quintas más baratas de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Con el último cambio recién ordenado por el IFT, quizá tengamos las tarifas de interconexión más baratas del mundo.

De aprobarse la iniciativa de ley secundaria en telecomunicaciones enviada por el Presidente, Telcel —que ha sido declarado preponderante y, por tanto, sujeto a condiciones asimétricas, diferentes a las de sus competidores— tendría que cobrar una tarifa de cero centavos a su competencia por completar sus llamadas. De tal manera que ya no tendría incentivo para atraer más clientela de prepago: no sólo no le generaría llamadas, tampoco podría cobrar por las que recibiera. La ley incentiva a Telcel a no prestar atención al segmento que menos gasta en telefonía celular —aquel que la ley dice que busca incorporar a la modernidad—. Uno pensaría que eso es muy positivo, porque la ley parece procurar que Telcel se achique y que crezcan y se multipliquen sus competidores. El problema es que si disminuye la competencia por atraer clientes de bajos ingresos, sin duda aumentarán las tarifas para éstos, disminuirá el subsidio a los smartphones o lo agresivo de los paquetes.

La iniciativa de ley del Ejecutivo federal juega a la vanguardia. Toma la idea de las tarifas cero para el preponderante y del esquema bill and keep (ni yo te pago ni tú me pagas) de algunos estudios y simulaciones econométricas que se han hecho y que sugieren, en la computadora, que esto sería muy positivo. El esquema bill and keep se usa en Estados Unidos, Singapur y Hong Kong, con sistemas de telecomunicaciones en una etapa de desarrollo muy diferente a la nuestra. Todos los estudios que sugieren el uso futuro de una tarifa cero de interconexión entre operadores proponen un periodo relativamente largo de transición, con tarifas radicalmente bajas. México está en ese periodo de transición pues, desde 2012, ya tiene tarifas de interconexión radicalmente bajas que acabarán con el famoso efecto club de las tarifas on net. Decretar en la ley que para el preponderante las tarifas deberán ser cero, quita flexibilidad al regulador y precipita al país a experimentar con un esquema que no ha sido probado en ninguna parte. No se trata de las telecomunicaciones de Timbuctú, con el perdón de los timbuctuenses, sino del segundo mercado más importante de América Latina.

La iniciativa de ley recurre a ese tipo de errores porque está presa de la propia trampa que se creó al aceptar los resultados del Estudio de la OCDE sobre el Cálculo de la Pérdida de Bienestar del Consumidor Resultado de Precios Excesivos de los Servicios de Telecomunicaciones en México, pagado con nuestros impuestos a la doctora Marta Stryszowska. Este estudio encontró una pérdida anual de 26 mil millones de dólares, equivalente a todo lo que genera el sector anualmente, y una pérdida acumulada de 129 mil millones de dólares en el periodo 2005-2009, equivalentes a 1.8% del PIB. La cifra fue aceptada sin chistar por el gabinete del presidente Peña Nieto, fue consagrada en la exposición de motivos de la reforma constitucional y de las leyes secundarias y se acepta por igual por graduados del MIT que por los loquitos de la Canitec.  Las ganas de creer, las ansias de encontrar una explicación simplista al atraso en telecomunicaciones nublan la razón.

En el número LXXX de El Trimestre Económico, publicado por el Fondo de Cultura Económica, correspondiente a julio-septiembre de 2013, se publica un estudio de los profesores del CIDE Alejandro Castañeda y Alexander Elbittar sobre las telecomunicaciones en México. En una pequeña nota, en la página 460, los académicos hacen notar que el estudio mencionado se equivoca al hacer un cálculo: “De esta manera, la pérdida en términos del PIB (para 2007) es de 0.4% en vez de 0.7%. Este error se repite para todos los años”, con lo cual, la pérdida de bienestar se reduce casi a la mitad. Antes que Castañeda y Elbittar, el doctor Adriaan Ten Kate (http://ssrn.com//abstract=2344503) ya había descubierto el error y lo había publicado, pero quiero pensar que no se le tomó en cuenta por ser consultor externo de Telmex, aunque su estudio fue una iniciativa independiente. La doctora Stryszowska comete un error de novata no sólo al hacer el cálculo, sino al construir su modelo, en el que calcula lo que México dejó de ganar con los supuestos precios altos de las telecomunicaciones, a partir de precios y métricas ideales existentes sólo en su cabecita. Sólo doy un ejemplo: según su estudio, en vez de las 19 millones de líneas fijas que había en 2009, si hubiera habido competencia en México, deberían haber habido 43 millones de líneas fijas, algo imposible de alcanzar y menos cuando, desde 2005, las familias sustituyen la línea fija por el celular.

La reforma en telecomunicaciones tiene la ventaja de poder aprovechar la experiencia de reformas implementadas desde inicios de siglo: un camino más seguro que experimentar con modelos desarrollados por académicos. Podemos evitar errores, aprender en cabeza ajena e implementar una reforma que sea a favor del desarrollo de una industria fuerte y vibrante. Nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog.

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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